Ojos abiertos por Dios
Una tarde, en una cafetería, observé a una niña pequeña con sus padres en una mesa cercana. Mientras ellos conversaban con sus amigos, una paloma entró y comenzó a picotear migajas del suelo. Asombrada ante la escena, la pequeña trató de captar la atención de los adultos con gritos de alegría, pero ellos nunca llegaron a ver lo que ella veía. Solo le sonrieron y siguieron conversando.
Jesús, el mejor regalo
«¿Qué música más dulce podemos traer / que un villancico para cantar/ el nacimiento de nuestro Rey celestial?» (trad. lit.). La letra de este poema del siglo xvii, de Robert Herrick, fue reinterpretada por el compositor coral contemporáneo John Rutter, convirtiéndose en un favorito de la temporada de Adviento. Su suave melodía describe una larga y fría espera que se disipa con la sensación primaveral de la llegada de Jesús. Los cantantes le ofrecen un villancico navideño, mientras se invita a los oyentes a ofrecer sus corazones.
De temeroso a gozoso
Muchos historiadores creen que la primera transmisión de radio con música y voz la escucharon operadores de la Marina de los Estados Unidos y otros barcos en el Atlántico la víspera de Navidad de 1906. En lugar de los habituales pulsos para transmitir códigos, escucharon a Reginald Fessenden interpretar en violín el villancico Oh, noche santa. Fessenden cerró la transmisión repitiendo la alabanza de los ángeles: «¡Gloria a Dios en las alturas!» (Lucas 2:14). Los oyentes seguramente se sorprendieron con la música alusiva y la alabanza sobre el nacimiento de Jesús.
Sin favoritismo
En 1872, el presidente Grant fue detenido por conducir su carruaje imprudentemente por Washington D. C. Una publicación dice que el oficial William West, afroamericano, le advirtió: «Su conducción rápida, señor, […] pone en peligro la vida de los que tienen que cruzar la calle». Grant se disculpó, pero la noche siguiente hizo lo mismo. West lo detuvo y dijo: «Lamento mucho tener que hacerlo, señor presidente, porque usted es el jefe de la nación y yo apenas un policía, pero el deber es el deber». Y arrestó al presidente.
Envíame a tu pueblo
Cuando mi amiga Maritza aceptó un trabajo que requería viajar sola a varias ciudades, a menudo se sentía sola. Pero una noche, durante la cena, se inclinó hacia mí y me dijo: «Jen, oré y le pedí a Dios que me enviara a su pueblo». Poco después, comenzó a encontrarse regularmente con otros creyentes en Jesús. ¡Una vez, conoció a tres en un día!
Llevar la buena noticia
El hombre cosechaba cebollas cuando nos acercamos a él durante las visitas a hogares en nuestro viaje misionero a Ecuador. En un español entrecortado, le dije que queríamos hablar brevemente con él sobre la Biblia. Se detuvo para escucharnos mientras compartíamos nuestros testimonios. Luego, uno de mis compañeros comenzó a leer las Escrituras en voz alta en inglés. ¡Qué momento tan sagrado fue oír el evangelio en las laderas de los Andes, mientras el hombre seguía la lectura en español con el folleto que le habíamos dado! Conversamos con él y su familia, oramos por ellos y continuamos hacia la siguiente casa.
Con nosotros en la soledad
Henry David Thoreau describió una ciudad como un lugar donde muchas personas están «solas juntas». Estas palabras contienen algo de verdad. En mi juventud, canciones como Mr. Lonely y Only the Lonely abordaban la soledad y el aislamiento. En años recientes, la pandemia fue una de las épocas más solitarias que el mundo ha conocido. Las redes sociales también pueden alimentar esa soledad, brindándonos conexión sin relación. Quizá la soledad sea la nueva pandemia.
Descansar en Dios
Una noche, mi vecino Sam regresó a casa sin su coche. «Me lo robaron —le dijo a su esposa, y agregó—, me voy a dormir. Lo resolveré mañana». Su esposa estaba atónita. No podía entender cómo podía estar tan tranquilo, pero él explicó: «¿Qué más puedo hacer? Entrar en pánico no cambiará nada».
Dotado por Dios
El virtuoso compositor Ludwig van Beethoven es uno de los músicos más célebres de la historia. Casi dos siglos después de su muerte, sus composiciones siguen siendo de las más interpretadas. Sin embargo, un estudio sobre su ADN indica que quizá no haya nacido con algunas de sus habilidades, como podríamos suponer. Cuando sus genes se compararon con los de 14.500 personas que habían demostrado habilidad para mantener el ritmo (solo un aspecto del talento musical), su clasificación fue sorprendentemente baja.
Precioso para Dios
El cuadro estuvo colgado en la pared de una casa durante años, inadvertido y olvidado, hasta que un día se cayó. Cuando lo llevaron a un restaurador de arte para repararlo, este descubrió que era una obra maestra perdida de Rembrandt, titulada La adoración de los magos. Se creía que solo quedaban copias de la obra, pero allí estaba el original. De repente, el valor de la pintura se disparó hasta alcanzar cientos de millones de dólares.