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Situaciones cotidianas

Coloqué las bolsas en mi auto y, con cuidado, salí del estacionamiento. De repente, un hombre se cruzó, sin darse cuenta de que yo salía. Apreté el freno a fondo y evité atropellarlo. Sobresaltado, él levantó la vista y se encontró con mi mirada… En ese momento, supe que debía decidir entre responderle enojada o sonreírle a manera de perdón. Sonreí.

Diario de agradecimiento

Cuando recién había creído en Jesús como Salvador, un consejero espiritual me instó a escribir un diario de agradecimiento: un librito que llevaba a todas partes. A veces, registraba un motivo de gratitud de inmediato. Otras, lo escribía el fin de semana mientras dedicaba un tiempo a reflexionar.

¿Cómo se le ocurre?

Cuando un turista perdió su teléfono celular en la playa, pensó que no lo volvería a ver. Sin embargo, a la semana, un pescador lo llamó. Había encontrado el teléfono —que, tras secarse, seguía funcionando— en un bacalao de unos once kilos.

Tradiciones de Navidad

Diversas tradiciones de Navidad caracterizan a los países donde se celebra. Al ver las flores de poinsetia, deberíamos agradecerle a México; al comer turrones, dar gracias a Italia y España; al decir o escuchar la palabra «Noel», expresar gratitud a Francia.

Un estremecimiento de esperanza

Reginald Fessenden había trabajado durante años para lograr una comunicación radial inalámbrica. Algunos científicos consideraban que sus ideas eran extremas y heterodoxas, y dudaban de su éxito. Pero él afirma que, el 24 de diciembre de 1906, se convirtió en la primera persona en transmitir música por radio.

Dios con nosotros

«Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo dentro de mí, Cristo debajo de mí, Cristo arriba de mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda…». La letra de este himno escrito en el siglo v por San Patricio resuena en mi mente cuando leo el relato de Mateo del nacimiento de Jesús. La siento como un cálido abrazo que me recuerda que no estoy sola nunca.

Noche de paz en el alma

Mucho antes de que Joseph Mohr y Franz Gruber crearan el famoso villancico «Noche de Paz», Angelus Silesius había escrito:

Navidad en casa

Una Navidad, tuve que trabajar en un lugar que muchos de mis amigos ni siquiera podían localizar en un mapa. Casi arrastrándome desde mi lugar de trabajo hacia mi habitación, luché contra el viento helado que soplaba del Mar Negro. Añoraba mi casa.

Medidas extremas

Hace unos años, una amiga mía perdió a su hijito en la Estación Union de Chicago. No hace falta decir que fue una experiencia aterradora. Lo llamaba con desesperación, mientras regresaba a la escalera mecánica, volviendo sobre sus pasos en un esfuerzo por recuperar a su niño. Los minutos de separación parecieron horas, hasta que, de repente —y gracias a Dios—, su hijo apareció entre la multitud y corrió hacia sus brazos en busca de seguridad.

Esperanza eterna

Dos meses después de la muerte de mi madre, las compras y decoraciones de la semana anterior a la Navidad no eran mi prioridad. Resistía los intentos de mi esposo de consolarme. Estaba callada y malhumorada mientras mi hijo colocaba luces navideñas en las paredes de nuestra casa. Sin pronunciar palabra, él conectó el cable antes de irse con su padre a trabajar.