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Articles by Linda Washington

La imagen de la desesperación

Durante la Gran Depresión en Estados Unidos, la afamada fotógrafa Dorothea Lange tomó una foto de Florence O. Thompson y sus hijos, Madre migrante. Esta fotografía es la imagen de la desesperación de una madre después de una fallida cosecha. Lange la tomó mientras trabajaba para el gobierno, esperando que los funcionarios tomaran conciencia de las necesidades de los desesperados…

La fe que resiste

Ernest Shackleton encabezó una infructuosa expedición a la Antártida en 1914. Cuando su barco, llamado Endurance [Resistencia], quedó encallado en el hielo del Mar de Weddell, todo se convirtió en una carrera de resistencia para sobrevivir. Sin medios de comunicación, Shackleton y su tripulación se dirigieron en botes salvavidas a la costa más cercana: la Isla Elefante. Casi todos quedaron allí,…

El milagro de la nieve blanca

En el siglo xvii, Isaac Newton usó un prisma para estudiar cómo nos ayuda la luz a ver los diferentes colores. Descubrió que cuando la luz atraviesa un objeto, este parece poseer un color específico. Mientras que un simple cristal de hielo luce transparente, la nieve está formada por muchos cristales de hielo compactados. Cuando la luz pasa por los…

Una luz en la oscuridad

En Estas son las generaciones, el señor Bae describe la fidelidad de Dios y el poder del evangelio para traspasar la oscuridad. Su abuelo, sus padres y su propia familia fueron perseguidos por compartir su fe en Cristo. Pero sucedió algo interesante cuando él fue apresado por hablarle de Dios a un amigo: su fe aumentó. Lo mismo sucedió cuando sus padres fueron condenados y enviados a un campo de concentración: siguieron hablando allí del amor de Cristo. El señor Bae descubrió la realidad de la promesa de Juan 1:5: «La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella».

Domadores de lengua

En West with the Night [Al oeste con la noche], Beryl Markham detalla su trabajo con Camciscan, un enérgico caballo al que tenía que domar. Camciscan era igual a ella. Por más estrategia que empleara, nunca pudo domar por completo al orgulloso semental, atribuyéndose solo una victoria sobre su terca voluntad.

De la boca de los niños


Después de ver a Viola, de diez años, usando la rama de un árbol como micrófono para imitar a un predicador, Michele decidió darle a la niña la oportunidad de «predicar» durante una actividad de evangelización en una aldea. Viola aceptó. Michele, misionera en el sur de Sudán, escribió: «La multitud estaba fascinada […]. Una niña pequeña, que había sido abandonada, se paró con decisión delante de todos como hija del Rey de reyes y compartió sobre la realidad del reino de Dios. La mitad de la gente recibió a Jesús» (Michele Perry, Love Has a Face [La cara del amor]).


En modo reparador


Mientras esperaba en la estación de trenes, para ir a trabajar, pensamientos negativos empezaron a inundar mi mente: estrés por las deudas, comentarios desagradables que me habían hecho, impotencia frente a una injusticia que un miembro de mi familia había sufrido recientemente. Cuando llegó el tren, ya estaba de muy mal humor.


Oración y sierra eléctrica

Respeto el espíritu intrépido de mi tía Gladys, aunque a veces, ese espíritu me preocupa. La fuente de mi preocupación llegó a través de una noticia que me compartió en un email: «Ayer, corté un nogal».

La satisfacción suprema

Mientras distribuíamos el refrigerio en una actividad de la escuela bíblica, notamos que un niño devoraba su porción. Luego, se comió también lo que dejaron en la mesa los otros niños. Incluso, le di después una bolsa de palomitas de maíz, y seguía comiendo. Entonces, nos interesó saber por qué tenía tanta hambre.

Juicio deficiente

He sido rápida para juzgar a cualquiera que veo por la calle mirando su teléfono. ¿Cómo puede estar tan ajeno a los autos que pueden atropellarlo?, me he preguntado. ¿Acaso no le importa su propia seguridad? Pero, un día, mientras cruzaba un callejón, estaba tan absorta en un mensaje de texto que no vi un auto a mi izquierda. Gracias a Dios, el conductor me vio y frenó en seco. Pero yo me sentí avergonzada. Me acordé de todas las veces que había juzgado a los demás. Me había creído superior, y había caído en el mismo error.