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Articles by Keila Ochoa

El secreto de la paz

Grace es una señora muy especial. Cuando pienso en ella, me viene a la mente la palabra paz. La expresión de calma y tranquilidad de su rostro ha cambiado en muy pocas ocasiones desde que la conocí hace seis meses, aun cuando a su esposo le diagnosticaron una enfermedad extraña y, posteriormente, lo internaron en el hospital.

Dulce y amargo

A algunos les gusta el chocolate amargo, y otros prefieren el dulce. A los antiguos mayas, en América Central, les encantaba beber chocolate, y le agregaban chile para darle más sabor. Les gustaba esta «agua amarga», como la llamaban. Muchos años después, se llevó a España, pero los españoles preferían el chocolate dulce. Entonces, le agregaron azúcar y miel para contrarrestar el sabor amargo natural.

Mira y calla

En la canción Míralo, el compositor mexicano Rubén Sotelo describe a Jesús en la cruz. Nos invita a mirarlo y estar callados, porque, en realidad, no hay nada que decir frente a la clase de amor que Él demostró allí. Por fe, podemos imaginar la escena descrita en los Evangelios: la cruz y la sangre, los clavos y el dolor.

Valentía para ser fiel

El miedo es el compañero constante de Hadasa, una niña judía del siglo i y protagonista del libro de ficción de Francine Rivers Una voz en el viento. Después de que Hadasa se convierte en esclava de una familia romana, teme que la persigan por su fe en Cristo. Sabe que los cristianos son despreciados y que muchos son ejecutados o arrojados a los leones. ¿Tendrá valor para defender la verdad cuando venga la prueba?

El equipo de avanzada

Hace poco, una amiga se preparaba para mudarse a una ciudad a más de 1.600 kilómetros de su residencia actual. Con su esposo, dividieron la tarea para instalarse lo antes posible. Él se encargó de buscar la casa donde iban a vivir, mientras que ella empacaba las cosas. Me sorprendió su disposición a mudarse sin estudiar previamente la zona ni participar en la búsqueda de la casa, y le pregunté cómo podía hacerlo. Reconoció que no era fácil, pero sabía que podía confiar en su marido porque, después de vivir tantos años juntos, él conocía sus preferencias y necesidades.

Blanco como la nieve

En diciembre, fuimos con mi familia a las montañas. Habíamos vivido toda la vida en un clima tropical, así que era la primera vez que veríamos la nieve en todo su esplendor. Mientras contemplábamos el manto blanco sobre los campos, mi esposo citó a Isaías: «si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos» (Isaías 1:18).

Que queda en el ojo

Al colibrí se lo conoce también como picaflor, nombre que se le da porque, al verlo, parece estar picando las flores. En inglés se lo llama «pájaro que zumba», y en portugués, «besa flor». Uno de mis nombres favoritos para esta ave es biulu, «que queda en el ojo» (zapoteco mejicano). En otras palabras, una vez que veas un picaflor, nunca lo olvidarás.

Segundas oportunidades

«¿Cómo pueden ser tan buenos conmigo si ni siquiera me conocen?».

Muchísimo mejor

Mi cumpleaños es un día después del de mi madre. Cuando era adolescente, la lucha era pensar en un regalo que a ella le gustara, pero que estuviera dentro mi presupuesto. Ella siempre apreciaba mis regalos. Luego, al día siguiente, para mi cumpleaños, me daba el suyo. En cada ocasión, su regalo superaba ampliamente el mío. Su intención no era despreciar lo que yo le había regalado, sino que, como sus recursos eran mucho mayores, era más generosa.

Suficiente

Cuando a mi esposo y a mí nos pidieron recibir y liderar un grupo pequeño de la iglesia en nuestra casa, lo primero que dije fue que no. Me sentía incapaz. No teníamos asientos para todos y nuestra casa era pequeña. Tampoco sabía si estábamos capacitados para dirigir las charlas. Temía que me pidieran que preparara comida; algo que no me gustaba y para lo que no disponíamos de fondos. Creía que no teníamos «suficiente» para hacerlo, y me parecía que yo no era lo «suficiente» como para realizarlo. Pero queríamos servir a Dios y a nuestra comunidad, así que, a pesar de nuestros temores, accedimos. Durante los cinco años siguientes, recibimos gozosos al grupo en nuestra sala de estar.