El lenguaje de la cruz
El pastor Tim Keller dijo: «Nadie aprende quién es por lo que se le dice. Hay que mostrárselo». En un sentido, es como el dicho: «Las acciones hablan más fuerte que las palabras». Los cónyuges se demuestran aprecio al escucharse y amarse. Los padres manifiestan cuánto valoran a los hijos al amarlos y cuidarlos. Los entrenadores les transmiten a los deportistas sobre el potencial que tienen al invertir en su desarrollo. Y los ejemplos continúan. Asimismo, otra clase de acciones comunican mensajes mucho más oscuros.
Dejar un poco
Monedas… eso es lo que encontrarías en la mesa de luz junto a su cama. Vaciaba sus bolsillos todas las noches y dejaba el contenido allí, porque sabía que en algún momento ellos irían a visitarlo; ellos, sus nietos. Con los años, los niños supieron que debían ir a su mesa de luz en cuanto llegaran. Él podría haber puesto todo ese resto de cambio en una alcancía o guardarlo en una cuenta de ahorro. Pero no lo hizo. Le encantaba dejarlo allí para los pequeños, las preciosas visitas a su casa.
Maravilla navideña
Una noche, estaba en Londres para una reunión. Llovía a cántaros y era tarde. Caminaba rápido, doblé en una esquina… y quedé inmóvil. Decenas de ángeles flotaban encima de Regent Street, con sus enormes alas destellantes extendidas sobre la calle. Hechos con miles de luces intermitentes, era el arreglo de Navidad más asombroso que había visto. Cientos estábamos cautivados y observando maravillados.
Lenguaje delicado
Estaba en Facebook, discutiendo. Gran error. ¿Qué me hizo pensar que debía «corregir» a un extraño sobre un tema candente… y además, controversial? El resultado fueron palabras acaloradas, sentimientos heridos (al menos de mi parte) y una oportunidad perdida de hablar bien de Jesús. Esta es la consecuencia de la «ira de internet», frase para las palabras ásperas que se lanzan diariamente a través de la blogosfera. Un especialista en ética explicó que la gente concluye de manera equivocada que la ira «es la forma de hablar sobre las ideas públicas».
Quién eres
Su nombre es Dnyan, y se considera un estudiante del mundo. «Esta es una escuela muy grande», dice él con respecto a todas las ciudades y pueblos por donde ha pasado. En 2016, comenzó un viaje de cuatro años en su bicicleta para conocer personas y aprender de ellas. Cuando el idioma es una barrera, descubre que la gente puede a veces entenderse con solo mirarse. También usa en su teléfono una aplicación que traduce, para comunicarse. No mide su viaje por los kilómetros que ha recorrido o los paisajes que ha visto, sino por las personas que han dejado una marca en su corazón: «Quizá no sé tu idioma, pero me gustaría saber quién eres».
El regalo navideño del habla
Un accidente vascular posquirúrgico hizo que Tomás perdiera el habla, y tuvo que enfrentar una larga rehabilitación. Tiempo después, tuvimos la agradable sorpresa de verlo en la reunión de Acción de Gracias de la iglesia. Mayor fue la sorpresa cuando se puso de pie para hablar. Buscando qué decir, mezclaba las palabras, repetía frases y confundía las fechas. Pero una cosa era clara: ¡estaba alabando a Dios! Es posible sentirse conmovido y, al mismo tiempo, ser bendecido. Así fue aquel momento.
Lucha en oración
La vida de Daniel cambió después de que alguien le regalara un Nuevo Testamento. Su lectura lo cautivó, y lo llevaba siempre consigo. A los dos meses, le ocurrieron dos sucesos transformadores: puso su fe en Jesús como Salvador y le diagnosticaron un tumor cerebral. El dolor insoportable por ese tumor lo confinó a una cama, lo que le impidió trabajar. Una noche, dolorido y desvelado, clamó a Dios, hasta que finalmente se durmió cerca del amanecer.
Niebla matinal
Una mañana, fui a una laguna cerca de mi casa. Me senté sobre un bote volcado, pensando y observando cómo un suave viento perseguía una capa de neblina en la superficie del agua. Espirales de niebla giraban y se desplazaban, y mini «tornados» subían y luego se disipaban. Poco después, los rayos del sol atravesaron las nubes y la niebla desapareció.
El siervo verdadero
En 27 a.C., el gobernante romano Octavio se presentó ante el Senado para dimitir de su cargo. Había ganado una guerra civil, era la única autoridad de esa región del mundo y estaba oficiando de emperador. Sin embargo, sabía que su poder se consideraba sospechoso, así que renunció y juró ser simplemente un oficial público. ¿La respuesta del Senado? Lo honraron otorgándole una corona civil y nombrándolo siervo del pueblo romano. Y también lo llamaron Augusto: el «grande».
La guía de Dios
Cuando el banco accidentalmente depositó 120.000 dólares en su cuenta, una pareja salió a comprar de todo: una SUV, una casa rodante y dos camionetas 4x4, además de pagar todas las deudas. Al descubrir el error, el banco les dijo que devolvieran el dinero, pero ya lo habían gastado, y fueron acusados de hurto intencional. Cuando llegaron a la corte local, el esposo le dijo a un reportero: «Seguimos un mal consejo legal». Así aprendieron que seguir un mal consejo (y gastar lo que no era de ellos) podía llevarlos a un caos en sus vidas.