Pero yo te digo…
«Sé lo que dicen. Pero yo te digo…». De niño, oí a mi madre decir esto miles de veces. El contexto era siempre la presión de los pares. Ella trataba de enseñarme que no siguiera al rebaño. Ya no soy un niño, pero la mentalidad de rebaño continúa viva y provocadora. Un ejemplo actual es esta frase: «Solo rodéate de gente positiva». Aunque esto se oiga con frecuencia, debemos preguntarnos: «¿Es esta una actitud cristiana?».
Problema del corazón
«Mire, hermano Tim». Mi amigo, pastor en Ghana, iluminó un objeto tallado recostado en una choza de barro. Dijo en voz baja: «Este es el ídolo de la aldea». Todos los martes, el pastor Sam atravesaba el monte para compartir de la Biblia en esa remota aldea.
Nunca tarde
Al visitar un pequeño pueblo de África, mi pastor estadounidense se aseguró de llegar a tiempo a la reunión del domingo a las 10 de la mañana. Sin embargo, encontró que la humilde iglesia estaba vacía. Entonces, esperó… una hora… dos horas. Finalmente, como a las 12:30, cuando el pastor local llegó, seguido de algunos miembros del coro y un grupo de amigos del lugar, la reunión comenzó en «el cumplimiento del tiempo», como dijo después mi pastor. «El Espíritu nos dio la bienvenida, y Dios no llegó tarde». Aquella cultura tenía sus razones para ser diferente.
Sáciate
El horroroso asesinato del Dr. Martin Luther King Jr. tuvo lugar durante el clímax del movimiento por los derechos humanos en Estados Unidos en la década de 1960. Pero solo cuatro días después, su viuda, Coretta Scott King, tomó valientemente el lugar de su esposo, liderando una marcha pacífica de protesta. Tenía una profunda pasión por la justicia.
Del lamento a la alabanza
Monica oraba fervientemente para que su hijo volviera a Dios. Lloraba por su vida disipada e incluso lo buscaba en las ciudades donde vivía. La situación parecía desesperada. Pero un día sucedió: su hijo tuvo un encuentro radical con Dios y llegó a ser uno de los más grandes teólogos de la iglesia. Lo conocemos como Agustín, obispo de Hipona.
Un nuevo comienzo
«La conciencia cristiana empieza con la dolorosa percepción de que lo que suponíamos que era la verdad es, en realidad, una mentira», escribió Eugene Peterson en sus impactantes reflexiones sobre el Salmo 120. Este salmo es el primero de los «cánticos graduales», entonados por los peregrinos camino a Jerusalén; también un cuadro del periplo espiritual hacia Dios.
La multitud
«Se ha descubierto que los hombres resisten a los monarcas más poderosos y rehúsan inclinarse ante ellos», señaló la filósofa y escritora Hannah Arendt. Y agregó: «Pero pocos resisten a la multitud, defienden solos sus convicciones ante las masas descarriadas, enfrentan sin armas su implacable furor». Como judía, Arendt fue testigo de esto en su Alemania natal. Hay algo aterrador en ser rechazado por el grupo.
El resto de nuestra historia
Por más 60 años, el periodista Paul Harvey fue una voz conocida en la radio estadounidense. Seis días por semana, se lo oía decir con un estilo original: «Ya sabes cuál es la noticia; en un minuto, oirás el resto de la historia». Tras una breve publicidad, contaba una historia poco conocida de una persona muy conocida. Sin revelar hasta el final el nombre de la persona, deleitaba a los oyentes con su teatral cadencia: «Y ahora ya sabes… el resto de la historia».
Liberación del foso de los leones
Cuando Taher y su esposa Donya creyeron en Jesús, sabían sobre el riesgo de persecución en su tierra natal. De hecho, un día, Taher fue encarcelado y culpado de apostasía. Antes del juicio, ambos acordaron que no traicionarían a Jesús.
El Dios que redime
Para ilustrar un mensaje, caminé hacia la hermosa pintura que una artista había creado sobre la plataforma y pinté una raya oscura en el medio. La congregación se horrorizó. La artista simplemente se quedó parada cerca y observó mientras yo desfiguraba su obra. Luego, tomando un pincel nuevo, ella transformó amorosamente la pintura arruinada en una obra de arte maravillosa.