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Caminos inesperados de Dios

El pastor entrecerró los ojos y acercó las hojas de su sermón para poder ver las palabras. Era terriblemente miope y leía cada frase cuidadosamente escogida con una voz monótona e inexpresiva. Pero el Espíritu de Dios se movió a través de la predicación de Jonathan Edwards para despertar el primer gran avivamiento evangélico y llevar a miles a la fe en Cristo.

Un regalo imposible

Estaba eufórica por haber encontrado el regalo de cumpleaños perfecto para mi suegra: ¡la pulsera incluso tenía su piedra natal! Encontrar el regalo perfecto para alguien es siempre maravilloso. Pero ¿qué pasa si lo que la persona necesita está más allá de nuestro alcance? Muchos querríamos poder dar paz interior, reposo e incluso paciencia. ¡Si tan solo estas cosas se pudieran comprar y envolver para regalo!

Abriendo paso a la confianza

Una mañana, al abrir las persianas, me encontré con una vista sorprendente: una pared de niebla. El pronóstico decía: «niebla congelada». Raro para nuestra región, venía con una sorpresa aún mayor: habría cielo despejado y sol… una hora después. «Imposible —le dije a mi esposo—. Apenas vemos a 30 centímetros». Pero, tal cual, poco después la niebla se había disipado y el cielo despejado daba paso a un sol radiante. Parada frente a la ventana, reflexioné sobre mi nivel de confianza cuando solo puedo ver niebla en la vida.

Conocer y amar

En su impactante artículo «¿Mi hijo te conoce?», el periodista deportivo Jonathan Tjarks escribió sobre su batalla contra un cáncer terminal y su deseo de que otros cuidaran bien a su esposa y su pequeño hijo. Con 34 años de edad, lo escribió solo seis meses antes de morir. Tjarks, creyente en Jesús, compartió pasajes bíblicos que hablan del cuidado de Dios por las viudas y los huérfanos (Éxodo 22:22; Isaías 1:17; Santiago 1:27). Y a sus amigos les escribió: «Cuando te vea en el cielo, una sola cosa voy a preguntar: “¿Fuiste bueno con mi hijo y mi esposa? […]. ¿Mi hijo te conoce?”».

Abre los ojos de mi corazón

En 2001, un bebé prematuro llamado Christopher Duffley sorprendió a los médicos al sobrevivir. Con solo cinco meses, entró en el sistema de acogida, hasta que la familia de su tía lo adoptó. Una maestra se dio cuenta de que el pequeño de cuatro años, aunque era ciego y con autismo, entonaba a la perfección. Seis años después, Christopher se paró en el escenario de la iglesia y cantó Abre los ojos de mi corazón. El video llegó a millones en línea. En 2020, compartió que su meta era servir como defensor de la minusvalía. Aún sigue demostrando que las posibilidades son ilimitadas con los ojos de su corazón abiertos al plan de Dios.

Esperanza para el que sufre

«La mayoría de las personas llevan cicatrices que los demás no pueden ver ni entender». Estas palabras profundamente sinceras fueron dichas por Andrelton Simmons, jugador de la Liga Mayor de Béisbol de Estados Unidos, que no participó del final de la temporada 2020 por problemas de salud mental. Sintió que necesitaba compartir su historia para alentar a aquellos que enfrentan desafíos similares y para recordarles a otros sobre mostrar compasión.

Gracia de aplicación lenta

¿Has oído de #modalenta? El hashtag corresponde a un movimiento enfocado en resistir la «moda rápida»; una industria dominada por las confecciones baratas y el descarte rápido de la ropa. En la moda rápida, la ropa pasa de moda casi tan rápidamente como llega a las tiendas. Y algunas marcas se deshacen de grandes cantidades de productos todos los años.

La sabiduría que necesitamos

En su extraordinario libro La gran gripe, John M. Barry relata la historia de la epidemia de gripe de 1918. Allí revela cómo los funcionarios de salud, en lugar de ser sorprendidos con la guardia baja, previeron un brote masivo. Temían que la Primera Guerra Mundial, con cientos de miles de soldados hacinados en las trincheras y cruzando las fronteras, desatara nuevos virus. Pero saber esto no sirvió para detener la devastación. Líderes poderosos se lanzaron a la violencia. Y los epidemiólogos estiman que cincuenta millones de personas murieron por la epidemia, sumadas a las más de veinte millones muertas por la matanza en la guerra.

Una elección

Unas semanas después de la muerte de una querida amiga, hablé con su mamá. No sabía si preguntarle cómo estaba porque pensé que era una pregunta inapropiada; estaría desconsolada. Pero dejé de lado mi reserva y simplemente le pregunté cómo lo iba sobrellevando. Su respuesta: «Mira, decidí tener gozo».

¿Qué podría ser mejor?

Edu oyó del amor de Jesús por él a los veintitantos años. Comenzó a asistir a una iglesia donde conoció a alguien que lo ayudó a conocer mejor a Cristo. Poco después, su mentor le asignó enseñar a un pequeño grupo de chicos. Con los años, Dios puso en su corazón ayudar a jóvenes en situación de riesgo en su ciudad, visitar a ancianos y mostrar hospitalidad a otros; todo para la honra de Dios. Ahora, con casi 60 años, explica cuán agradecido está de que le enseñaran temprano a servir: «Mi corazón rebosa por compartir la esperanza que hallé en Jesús. ¿Qué podría ser mejor que servirle?».