Una fe inquebrantable
Cuando Dianne Dokko Kim y su esposo se enteraron de que su hijo era autista, ella luchó con la posibilidad muy real de que su hijo cognitivamente discapacitado la sobreviviera. Clamó a Dios: ¿Qué hará él sin que esté yo para cuidarlo? Dios la rodeó con un sistema de apoyo de otros adultos que criaban hijos con discapacidades. Finalmente, en su libro Unbroken Faith [Una fe intacta], Dianne brindó esperanza de «recuperación espiritual» a otros adultos en su misma condición. A medida que su hijo se vuelve adulto, la fe de Dianne permanece inquebrantable. Confía en que Dios siempre cuidará de ella y de él.
Ganar perdiendo
«No ganar tiene en realidad más poder que ganar», sostiene la profesora Monica Wadhwa. Su investigación revela que las personas tienden a ser más motivadas no cuando ganan sino cuando casi ganan. No lograr las ambiciones personales tiende a motivar a las personas a seguir creciendo y luchando. Las victorias fáciles, por el contrario, tienden a paralizar la energía y la motivación.
Nuestro considerado Dios
«¿Quieres ver mi cicatriz?». Mi amigo Bill había estado cuadripléjico después de caer de una escalera hacía años, y ahora estaba hospitalizado por una infección grave de una cirugía. Mientras hablábamos del nuevo desafío, levantó la manta y me mostró la larga incisión para tratar su infección. «¿Te duele?», pregunté. «No siento nada», dijo.
Dios sabe qué es mejor
Ansiosa por un problema de salud de mi sobrina adolescente, me alivió oír sobre un remedio natural prometedor. Pero mi hermana temía que tuviera efectos secundarios. Quise discutir, pero me contuve. Por más preocupada que estuviera por mi sobrina, tenía que respetar la autoridad de su mamá.
En las profundidades
La Abadía de San Fructuoso está enclavada en una cueva en la costa noroeste de Italia, solo accesible en bote o a pie. Pero su bahía esconde más cosas. Cuando los clavadistas se lanzan al mar y descienden unos treinta metros, aparece la figura de un hombre: el Cristo del abismo, la primera estatua subacuática, colocada en 1954. La figura de bronce describe a Jesús en las profundidades, con sus manos alzadas al cielo.
El gran poder de Dios
Nuestra ciudad quedó casi a oscuras tras una gran tormenta de hielo que derribó kilómetros de cables de electricidad. Muchos quedaron sin calefacción en sus casas en medio de un invierno helado. Las familias anhelaban ver camiones de reparación que devolvieran la electricidad. Luego, me enteré de que el estacionamiento de una iglesia sirvió como centro de comando temporario para los vehículos enviados a asistir a los necesitados.
Ve y cuenta
A Elliot le apasiona contarles a otros de Jesús. Durante una semana que pasó enseñando de 2 Timoteo a líderes de iglesia en un país asiático, les recordó la despedida de Pablo a Timoteo. Los instó a no avergonzarse de la buena noticia, sino abrazar el sufrimiento y la persecución por causa del evangelio, como hizo Pablo (1:8-9). Poco después, Elliot se enteró de que la evangelización y la conversión al cristianismo se habían prohibido en ese país. Preocupado por el bienestar de esos líderes, oró para que perseveraran y siguieran proclamando el evangelio con valentía y urgencia.
¡Guau!
«¡Guau!» fue la reacción de los miembros de nuestro equipo que recorrían un centro de retiro comprado a gran costo por una persona con visión para la renovación y aliento de personas que sirven a Dios. Nos asombraron las literas dobles y las suites con camas grandes. La cocina exquisitamente equipada y el comedor también deleitaban la vista. Y justo cuando uno pensaba que ya había visto todo, hubo más sorpresas; incluía una cancha interior de baloncesto. Cada «guau» era justificado.
¡Guau!
«¡Guau!» fue la reacción de los miembros de nuestro equipo que recorrían un centro de retiro comprado a gran costo por una persona con visión para la renovación y aliento de personas que sirven a Dios. Nos asombraron las literas dobles y las suites con camas grandes. La cocina exquisitamente equipada y el comedor también deleitaban la vista. Y justo cuando uno pensaba que ya había visto todo, hubo más sorpresas; incluía una cancha interior de baloncesto. Cada «guau» era justificado.
De la espada mortal
La sobresaliente escultura de Sabin Howard, El viaje de un soldado, respira vitalidad y angustia: 38 imágenes de bronce se inclinan hacia adelante en un bajorrelieve que describe la vida de un soldado de la Primera Guerra Mundial. Comienza con una conmovedora despedida de la familia y pasa a los horrores de la batalla. Al final, la escultura vuelve a casa, donde la hija del veterano mira dentro de su casco dado vuelta… solo para prever la Segunda Guerra Mundial.