Una ofrenda para Jesús
«Alzo mis ojos; ensombrecidos por la pena, no veo las colinas que perduran», escribió la poetisa Christina Rosetti en su conmovedor poema Una mejor resurrección. Allí describe que se siente «insensible al temor o a la esperanza». Pero se aferró a una esperanza más profunda que su desesperación. Aunque no veía «brote ni verde» que apuntara a la obra renovadora de la resurrección de Cristo en su vida, confesó: «Más se alzará»; y oró: «Álzate en mí, Jesús».
Más allá de los días tristes
El cantautor canadiense Gordon Lightfoot es famoso por clásicos perdurables como El Naufragio del Edmund Fitzgerald y Si supieras lo que pienso. Pero una de sus canciones menos conocidas lleva por título The Minstrel of the Dawn [El juglar del amanecer]. Un juglar es un trovador, un cantante que pone música a su poesía. Al igual que nosotros, el trovador de Lightfoot anhela estar «más feliz que triste». Aunque siempre hay cosas «tristes» en las que pensar o detenerse, el juglar elige enfocarse en lo alegre al amanecer y cantar sobre eso.
Esperar a Dios
José, un nuevo creyente en Jesús, revisaba frustrado las ofertas de trabajo. Sus empleos anteriores como mesero habían sido bien pagos, pero los turnos de fin de semana, típicos de los restaurantes, le dificultaban asistir a la iglesia con regularidad. «¿Por qué Dios no responde mi oración? —se lamentaba—. ¿No quiere que vaya a la iglesia?».
Hecho para la comunidad
Cuando mi esposo, Alan, y yo decidimos mudarnos al otro lado del país para que él continuara sus estudios, yo no tenía trabajo asegurado y no sabíamos cómo íbamos a pagar la vivienda estudiantil. Poco antes de partir, un conocido de la iglesia nos presentó a un exalumno de la universidad a la que Alan asistiría, que sabía de un apartamento económico. Luego, un compañero de trabajo me dio el contacto de un ministerio cristiano. A través de su pueblo, Dios respondió a nuestras oraciones y nos dio oportunidades, incluido un empleo. Amigos y familiares nos ayudaron a mudarnos y nos despidieron con oración.
Jesús: alimento para el alma
En el hogar afroamericano donde crecí, solía haber deliciosa comida soul. El término se originó a mediados de la década de 1960, cuando soul [«alma», en inglés] era una palabra común para describir la cultura afroamericana. El menú incluía pollo frito, macarrones con queso, verduras, batatas, pan de maíz y más. Los postres eran un extra: la tarta de durazno, con su irresistible sabor, era lo que más me gustaba. ¡Qué banquete!
Vidas ofrecidas a Dios
«Estoy agradecido a Dios por su bondad», dice la placa, «por permitirme participar en la construcción de esta gran carretera como marco para la magnífica imagen que Él creó». La inscripción se atribuye al ingeniero Samuel Lancaster en 1915, ubicada en un hermoso mirador escénico en la carretera que diseñó, la cual lleva a los viajeros por el impresionante desfiladero del río Columbia, con bosques, cascadas y rocosos acantilados.
Ser luz para Cristo
Cuando las escuelas de todo el mundo enviaron a sus estudiantes a casa durante la pandemia de coronavirus, sus edificios y estadios quedaron vacíos. Si bien reconocían que muchos estaban sufriendo aflicciones mayores debido al virus, los maestros buscaron formas de demostrar a sus alumnos que los extrañaban y alentarlos a seguir adelante en tiempos difíciles. Muchas escuelas iniciaron lo que llamaron el desafío «Sé la luz», en el cual encendían las luces del estadio vacío cada noche.
El tiempo de Dios
Hasta 1967, las unidades de tiempo se medían científicamente según patrones astronómicos: la rotación de la Tierra y su traslación alrededor del sol. Pero con el paso de los siglos, surgió un problema: la Tierra está desacelerando su órbita. Se descubrió que la unidad del segundo es más larga de lo que solía ser. Aunque el cambio es gradual, desde la época de Cristo, el mundo ha «perdido» un total de tres horas.
Sentarse con el sufrimiento
«Papá, me duele la cabeza». «Papá, tengo mucho frío». «Papá, ¿puedes frotarme los pies?».
El precio del compromiso
Un grupo de veintidós líderes cristianos viajó medio día para reunirse en secreto y aprender de un pastor que venía de otro país. Si los descubrían, el pastor sería deportado y ellos pasarían tres años en prisión. Dieciocho ya habían estado encarcelados por su fe en Jesús.