Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Loado y leído

Nuestra casa tiene varios estantes repletos de libros. Tengo debilidad por libros hermosos; en especial, con bonitas tapas duras. Y con los años, he agregado más a la colección. Lamentablemente, no he tenido el tiempo ni la energía para leer todos, así que se mantienen inmaculados, hermosos y… sin leer.

Hecho para hacer el bien para Dios

Al principio, ignoré la tarjeta que fue ondeando hasta el suelo. El papá y la niña a quienes se les cayó estaban a unos seis metros, y yo llegaba tarde al trabajo. Seguro que se dieron cuenta, me dije. Pero siguieron caminando. Mi conciencia me ganó y fui a levantarla. Era un pase de autobús prepago. Cuando se lo di, su efusivo agradecimiento me dejó inesperadamente satisfecha. ¿Por qué me siento tan bien por hacer algo tan pequeño?, me pregunté.

Un nuevo corazón en Cristo

Brock y Dennis eran amigos de la infancia, pero cuando crecieron, Brock mostró poco interés en la fe de Dennis en Jesús. Dennis amaba a su amigo y oraba por él porque sabía que iba en un camino descendente de oscuridad y depresión. Al orar, adaptó las palabras del profeta Ezequiel: «Por favor, Dios, quita de Brock un corazón de piedra y dale uno de carne» (ver Ezequiel 11:19). Anhelaba que su amigo anduviera en el camino de Dios.

Elefantes ayudadores

Una noche, tarde, un santuario de elefantes en Kenia recibió una llamada de que un elefantito se había caído en un pozo. El equipo de rescate llegó mientras gritos de desesperación inundaban la oscuridad, y descubrieron que dos tercios de la trompa de la cría se la habían comido las hienas. Tras llevar al animal a su refugio, lo llamaron Long’uro, que significa «algo que ha sido cortado». Aunque solo tenía un tercio de trompa, se sanó y fue recibido por el resto del rebaño en el santuario. De forma innata, los elefantes saben que se necesitan unos a otros, así que se ayudan mutuamente.

Herederos de la salvación de Dios

Cuando los padres de Abigail murieron en un accidente automovilístico, ella heredó muchas posesiones. También se enteró de que ellos habían arreglado para colocar todo en un fideicomiso. Por el momento, solo podría acceder al dinero suficiente para la cuota de la universidad. El resto llegaría cuando fuera mayor. Abigail estaba frustrada, pero después se dio cuenta de la sabiduría de sus padres al planear esa entrega mesurada.

Trabajar juntos para Jesús

Durante un viaje misionero de corto plazo a Brasil, ayudamos a construir una iglesia en la selva amazónica. Sobre el cimiento, ya colocado, armamos las partes del edificio, como un juego LEGO gigante: columnas, paredes de concreto, ventanas, vigas de acero para el techo, con tejas encima. Después pintamos las paredes.

Descansar en Cristo

Hace años, un estudio analizó la relación entre la depresión juvenil y la cantidad de horas que dormían los jóvenes por noche. Después de leerlo, una joven comentó los resultados: «Parece que nunca sé cuándo parar; me presiono tanto que termino enfermándome por el estrés y la falta de sueño». Luego dijo que quería saber cómo era administrar su tiempo para honrar a Dios. ¿Qué diferencia hay entre el esfuerzo excesivo y la productividad?

La lista es vida

Encorvado sobre una máquina de escribir, Itzhak Stern trabajó toda la noche, registrando nombres: 1.098 en total. La lista incluía a trabajadores judíos a quienes Oskar Schindler protegió de los nazis. Stern declaró: «La lista es un bien absoluto. La lista es vida». Los nombrados en sus páginas sobrevivirían el Holocausto. En 2012, se estimó que los descendientes de aquellos sobrevivientes sumaban 8.500 personas.

Entrega tus preocupaciones a Jesús

Nancy le temía al futuro. Su esposo se había desmayado tres veces durante una caminata en una zona rural, pero los médicos de un pequeño hospital cercano no habían encontrado nada mal. En un centro médico más grande, tras estudios adicionales, tampoco encontraron nada. «Tenía mucho miedo», declaró Nancy, así que, cuando dieron de alta a su esposo, le preguntó por última vez al cardiólogo: «¿Qué hacemos ahora?». Las sabias palabras que le respondió, para nada superficiales, cambiaron para siempre su perspectiva: «Vayan y vivan su vida».

No se ofende fácilmente

Cuando entré a mi iglesia después de varios meses de cuarentena, me entusiasmó ver miembros que no había visto durante un tiempo. Me di cuenta de que algunos, en especial los ancianos, no volverían por cuestiones de seguridad, y otros porque, lamentablemente, habían fallecido. Por eso, me emocioné al ver entrar a una pareja mayor que solía sentarse detrás de mí. Los saludé, y el hombre me devolvió el saludo, mientras su esposa me miraba fijo sin siquiera sonreír. Me dolió y me pregunté por qué.