Bondad invisible
El rostro siempre estuvo allí, pero nadie lo sabía. Cuando Sir Joshua Reynolds pintó La muerte del cardenal Beaufort, incluyó el rostro de un demonio en la oscuridad detrás del hombre moribundo. Reynolds representó exactamente una escena de una obra de Shakespeare, pero algunos no apreciaron su literalidad. Después de su muerte, el rostro fue cubierto con pintura y olvidado. Una reciente tarea de conservación de arte lo descubrió bajo capas de pintura y barniz.
Consuelo de Dios
Estaba ansiosa. Mi esposo y yo acabábamos de regresar del supermercado. Mientras descargábamos las compras, busqué frenéticamente la bolsa de rosquillas… pero no la encontré. Revisé el recibo. Nada. Frustrada, exclamé: «¡Lo único que quería de la tienda era una rosquilla!». Minutos después, mi esposo me entregó una bolsa de rosquillas. Enfrentando la nieve, había vuelto a salir para comprarlas. Lo abracé y, un poco avergonzada, dije: «¡Me alegra que no tuvieras un accidente solo por satisfacer mi antojo!».
Tomarse de Dios
En el campeonato escolar de lucha libre, niños de tan solo ocho años se enfrentaban utilizando hábiles técnicas para derribar a sus oponentes y ganar. La lucha, un deporte antiguo, exige una combinación de derribos, escapes, inmovilizaciones y otras maniobras. Una pequeña niña de tercer grado —favorita del público— era más rápida que el resto, y usaba movimientos veloces que engañaban a sus rivales hasta derrotarlos.
Un ojo conocedor
Javier y Pedro trabajaron juntos durante una década, colocando revestimientos en casas. Eran buenos amigos, pero ninguno hablaba mucho. Mientras trabajaban, apenas pronunciaban palabra. Pero se conocían tan bien que eso rara vez era un problema. Podían comunicarse con un simple asentimiento de cabeza o una mirada. Pequeños gestos decían una enormidad.
Dar gracias a Dios por sus regalos
El anciano pasó mucho tiempo observando mochilas infantiles en la tienda. Me dijo: «Es el cumpleaños de mi nieta. Espero que le guste mi regalo». Sostenía emocionado una mochila rosa con el diseño de un personaje de dibujos animados.
Hoy es precioso
El coleccionista vietnamita Pham rescató veinte relojes de iglesias de toda Europa, muchos de los cuales habían sido reemplazados por versiones electrónicas. Uno de ellos, fabricado en Italia, data de 1750 y, sorprendentemente, aún mantiene la hora con precisión. Pham disfruta restaurando y preservando esas piezas; le recuerdan lo precioso que es el tiempo y saborear cada momento.
El futuro que Dios está preparando
Vivimos en un mundo donde internet no olvida nada: cada foto y publicación parecen almacenarse para siempre. Pero un importante motor de búsqueda introdujo una función de privacidad que permite que los usuarios soliciten la eliminación de datos personales. Aunque no borra la información por completo, reduce su visibilidad, dando a las personas una sensación de control sobre sus registros digitales.
Pequeño y poderoso
El 9 de diciembre de 1987, una ardilla mordisqueó un cable eléctrico en Connecticut, y el vasto engranaje financiero del NASDAQ se apagó. Algunas de las corporaciones más grandes del mundo quedaron paralizadas durante casi una hora y media. Todo por culpa de un peludo roedor tenaz.
Las guerras de los huesos
En el oeste de los Estados Unidos, a finales del siglo xix, la búsqueda de huesos de dinosaurios dio lugar a las Guerras de los huesos, en las que dos paleontólogos batallaron por hacer el hallazgo más histórico. Un escritor relató cómo ambos «usaron métodos deshonestos para tratar de superar al otro en el campo, recurriendo al soborno, el robo y la destrucción de huesos». Señaló que, al tratar de arruinar el trabajo del otro, terminaron destruyendo sus reputaciones.
Buscando al niño Cristo
Cuando el profesor Peter Turchi ve un mapa, busca la aventura que contiene. «Pedir un mapa —afirma— es decir: “Cuéntame una historia”». Me aferré a esa idea cuando me preparaba para enseñar una clase de escuela dominical en Navidad sobre la fe de los sabios. Descubrí que los magos viajaron unos 1.450 kilómetros para encontrar al niño Cristo. No hallaron a un recién nacido en un pesebre, sino a un niño que vivía con sus padres en una casa. ¿Cómo reaccionaron después de un viaje tan largo? «Postrándose, lo adoraron» (Mateo 2:11).