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El grandioso despertar

Recuerdo con mucho cariño las reuniones con amigos de la familia cuando nuestros hijos eran pequeños. Los adultos conversaban hasta entrada la noche, mientras que los niños, cansados de jugar, se acurrucaban en un sofá o una silla y se dormían.

De vergüenza a honor

Llega la época del año en que las familias se reúnen para celebrar. Sin embargo, algunos tememos encontrarnos con parientes «preocupados» cuyas preguntas pueden hacer que los que siguen solteros o los que no tienen hijos no tengan ganas de verlos.

Espejos y oyentes

Cuando salí del hotel en Kampala, Uganda, mi anfitriona, que había venido a buscarme para ir al seminario, me miró, risueña. «¿Qué es tan divertido?», pregunté. Volvió a reírse y preguntó: «¿Se peinó?». El que se rio entonces fui yo, ya que me había olvidado de peinarme. Me había mirado en el espejo del hotel, pero ¿cómo puede ser que no me di cuenta de lo que vi?

Mosaico de belleza

Sentada en el patio de la Iglesia de la Visitación, en Ein Karem, Israel, quedé maravillada con los 67 mosaicos que contenían las palabras de Lucas 1:46-55 en muchos idiomas. Conocido tradicionalmente como el Magníficat —del latín, «magnificar»—, estos versículos son la respuesta gozosa de María ante el anuncio de que sería la madre del Mesías.

Canción de amor celestial

En 1936, el músico Billy Hill lanzó una canción popular titulada «La gloria del amor». En poco tiempo, toda una nación cantaba sobre el gozo de hacer aun cosas pequeñas unos por otros por amor. Cincuenta años después, Peter Cetera escribió una canción más romántica con un título similar, donde imaginaba a dos personas que vivían para siempre juntas y haciendo todo para gloria del amor.

El arbolito del bebé

Después de rodear el árbol con luces intermitentes, coloqué moños azules y rosa en cada rama, y lo llamé nuestro arbolito de Navidad «esperando al bebé». Mi esposo y yo habíamos estado esperando un bebé en adopción durante más de cuatro años. ¡Seguramente, llegaría para Navidad!

El secreto no secreto

Un compañero de trabajo me confesó que no se creía «calificado para Jesús». Lo escuché mientras describía su vida «cómoda y narcisista», y que eso no lo satisfacía. Luego, agregó: «Pero este es mi problema. Trato de ser bueno y de interesarme en los demás, pero eso tampoco funciona. Parece que lo que quiero hacer, no puedo hacerlo, y lo que quiero dejar de hacer, sigo haciéndolo».

Esperar al Mesías

El técnico parecía joven… demasiado joven para solucionar nuestro problema: un auto que no arrancaba. «Es solo un chico», susurró mi esposo con cierta duda. Su incredulidad respecto al joven sonaba como el murmullo en Nazaret cuando sus habitantes dudaban de quién era Jesús.

«Del Señor soy»

No lleva mucho tiempo darse cuenta de que la moda hoy es tatuarse. Algunos tatuajes son tan pequeños que apenas se notan. Pero otros —desde atletas y actores hasta personas comunes— optan por cubrirse el cuerpo con tintas, palabras y diseños multicolores. La tendencia parece haber llegado para quedarse; una tendencia que dio ganancias por 3.000 millones de dólares en 2014… más otros 66 millones para remover tatuajes.

Amor perdurable

«¡Te amo!», exclamó mi papá cuando cerré la puerta del auto y entré a la escuela. Estaba en sexto grado, y durante meses, casi la misma escena se había repetido todas las mañanas. Cuando llegábamos, Papá decía: «¡Que tengas un hermoso día! ¡Te amo!», y lo único que yo le contestaba era: «Adiós». No era por enojo ni desprecio; simplemente, estaba tan envuelta en mis cosas que no le prestaba atención. Sin embargo, su amor perduraba inalterable.