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En el huerto

A mi papá le gustaba cantar viejos himnos. Uno de sus preferidos era «A solas al huerto yo voy». Hace unos años, lo cantamos en su funeral. El coro era sencillo: «El conmigo está, puedo oír su voz, me asegura de su amor; tan preciosa es nuestra comunión, a solas con mi Señor». Esta canción le traía gozo a mi papá… y ahora a mí.

Surfear las olas

Mientras mi esposo caminaba por la playa tomando fotos, me quedé sentada sobre una roca, preocupada por otra complicación médica. Aunque mis problemas me estarían esperando cuando regresara a casa, necesitaba paz en ese momento. Me quedé mirando las olas que rompían contra las rocas y me llamó la atención una sombra oscura en la curva de una ola. Con el zoom de mi cámara, identifiqué la forma de una tortuga marina que surfeaba las olas en paz. Tenía las aletas desplegadas y quietas. Con el rostro hacia la brisa salada, sonreí.

Considerar el precio

Las obras de Miguel Ángel exploraban muchas facetas de la vida de Jesús. En la década de 1540, bocetó una pieta (un dibujo de la madre de Jesús sosteniendo el cuerpo del Cristo muerto) para su amiga Vittoria Colonna. Dibujado en tiza, el boceto muestra a María mirando al cielo mientras abraza a su hijo inerte. Detrás de María, la viga vertical de la cruz reza las siguientes palabras del Paraíso, de Dante: «Nadie piensa en la cantidad de sangre que cuesta». Al contemplar la muerte de Jesús, debemos considerar el precio que pagó.

«Tan serviciales»

El hombre que llamó a la radio cristiana dijo que su esposa estaba volviendo a casa luego de una cirugía. Después, compartió algo que me conmovió profundamente: «Todos en nuestra familia de la iglesia fueron tan serviciales en este tiempo».

Desmalezar sabiamente

Mis nietos corren por el patio trasero de casa. ¿Están jugando? No, arrancando malezas. «¡La arranqué desde las raíces!», dice la más pequeña, mostrándome un importante logro. Lo que más disfrutamos aquel día fue arrancar de raíz las hierbas malas, eliminando esa problemática amenaza. No obstante, antes de disfrutar, fue necesario decidir hacerlo.

Te saqué la nariz

«¿Por qué las estatuas tienen las narices rotas?» es la primera pregunta que las visitas hacen a Edward Bleiberg, curador de arte egipcio en el Museo de Brooklyn.

Enfrentar las batallas con Dios

Los actos heroicos de Desmond Doss, soldado del ejército norteamericano, se representan en la película Hasta el último hombre. Sus convicciones no le permitían quitar vidas humanas, así que como médico, se comprometió a preservarlas aun a riesgo personal. En la ceremonia de entrega de la Medalla de Honor a Doss, se dijo: «El soldado de primera clase Doss rehusó esconderse y permaneció en la línea de fuego con los numerosos heridos, llevándolos uno por uno hasta el borde del barranco […]. Sin vacilar, enfrentó el bombardero enemigo y los disparos para ayudar a un oficial de artillería».

¡Mírame!

«¡Abuela, mírame bailar como una princesa!», exclamó alegremente mi nieta de tres años mientras corría por el patio con una gran sonrisa en el rostro. Su «baile» me hizo sonreír; y la frustrada expresión de su hermano mayor —«No está bailando, solo corre»— no le quitó la alegría de estar de vacaciones con la familia.

Anfitriones de la realeza

Después de conocer a la reina de Inglaterra en un baile en Escocia, Silvia y su esposo recibieron un mensaje diciendo que la familia real deseaba visitarlos para tomar el té. Silvia comenzó a limpiar y prepararse, nerviosa de recibir a las visitas reales. Poco antes de que llegaran, salió agitada a cortar unas flores para la mesa. Entonces, sintió que Dios le recordaba que Él es el Rey de reyes y que la acompañaba siempre. De inmediato, sintió paz y pensó: Después de todo, ¡no es más que la reina!

Canciones de los suburbios

Cateura es un suburbio de Asunción, Paraguay. Sus habitantes, extremadamente pobres, sobreviven reciclando artículos que sacan de los basurales. Pero de esas condiciones poco prometedoras, surgió algo hermoso: una orquesta.