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La necesidad de sabiduría

Al crecer sin un padre, Roberto sintió que se había perdido mucha de la sabiduría práctica que los padres suelen transmitirles a sus hijos. Como no quería que nadie careciera de habilidades importantes para la vida, grabó una serie de videos llamados «Papá, ¿cómo lo hago?», donde mostraba desde cómo colocar un estante hasta cambiar un neumático. Con su estilo compasivo y cálido, se ha convertido en una sensación en YouTube, con millones de suscriptores.

Lo común y corriente no existe

Cuando Anita murió mientras dormía, a los 90 años, la tranquilidad de su partida reflejó la de su vida. Al quedar viuda, se había dedicado a sus hijos y nietos, y a ser amiga de las mujeres más jóvenes de la iglesia.

Batallas presentes

Cuando conectas tu tostadora, te beneficias de los resultados de una fuerte discusión entre los inventores Tomás Edison y Nikola Tesla, quienes peleaban sobre qué clase de electricidad era mejor desarrollar: la corriente continua, como la que va de una batería a una linterna, o la corriente alterna, la cual obtenemos de un tomacorriente.

Ayuda mutua

Mientras jugaba básquet con sus amigas, Ámbar vio que sería beneficioso para la comunidad tener una liga femenina. Entonces, comenzó una organización sin fines de lucro para fomentar el trabajo en equipo e impactar a la generación siguiente. Las líderes de Ladies Who Hoop [Mujeres que encestan] se esfuerzan para desarrollar confianza y carácter en mujeres y niñas, y las alientan a volverse importantes contribuyentes de sus comunidades locales. Una de las primeras jugadoras dijo: «Hay tanta camaradería entre nosotras. Era algo que me faltaba. Nos apoyamos unas a otras de tantas maneras. Me encanta ver a las chicas crecer y triunfar».

Con nosotros en el valle

Cuando Hannah Wilberforce (tía del abolicionista británico William Wilberforce) estaba por morir, escribió una carta en la que dijo haber oído sobre la muerte de un hermano en Cristo: «Bienaventurado es el querido hombre que partió a la gloria; ahora en la presencia de Dios, a quien sin verlo amaba. Mi corazón parecía saltar de gozo». Luego, describió su propia situación: «Yo, mejor y peor; Jesús, tan bueno como siempre».

Dondequiera que adoremos

Un dolor de cabeza y cuerpo intenso y debilitante me impidió asistir a la reunión en mi iglesia… otra vez. Lamentando perderme la adoración comunitaria, miré el mensaje en línea. Al principio, la pobre calidad del sonido y el video me amargaron, pero luego, una voz entonó un himno conocido, y las lágrimas me brotaron mientras cantaba: «Sé tú mi visión, oh Señor de mi corazón. […] Mi mejor pensamiento de día y de noche. Despierto o durmiendo, tu presencia es mi luz». Enfocada en la presencia constante de Dios, lo adoré estando en mi casa.

Las «mermas»

Todo comenzó con picazón en la garganta. Uyyy, pensé. Luego, resultó ser gripe. Y ese fue solo el comienzo de una afección bronquial. La gripe se transformó en una tos fuerte y seca —sí, esa tos—, y esa se convirtió en neumonía.

Fe adolescente

La adolescencia es una de las etapas más agonizantes de la vida… tanto para los padres como para los hijos. En mi caso, al intentar «individualizarme» de mi madre, rechazaba abiertamente sus valores y me rebelaba contra sus reglas, suponiendo que lo único que ella quería era hacerme infeliz. Sin duda, ella lamentaba que no quisiera escuchar sus sabias instrucciones, ya que sabía que me evitarían dolores emocionales y físicos innecesarios.

¿Cómo te llamas?

Alguien dijo que pasamos por la vida con tres nombres: el que nos pusieron nuestros padres, el que nos ponen los demás (nuestra reputación) y el que nos ponemos nosotros (nuestro carácter). El que nos ponen los demás importa, ya que «de más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro» (Proverbios 22:1). Pero aunque la reputación es importante, el carácter lo es más.

Lo único que necesitas

Sentada a la mesa del comedor, contemplé el caos feliz que me rodeaba. Tíos, primos y sobrinos disfrutaban de la comida y de estar juntos. Yo también lo disfrutaba. Pero un pensamiento me traspasaba el corazón: Eres la única mujer aquí sin hijos, sin una familia que pudiera llamar propia.