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Seguro en las manos de Dios

Cerré los ojos y traté de ignorar los crujidos mientras el juego mecánico del parque de diversiones subía lentamente. Cuando se detuvo por un momento, cometí el error de espiar y me horrorizó ver la caída que estábamos por enfrentar. Volví a cerrar los ojos y grité durante todo el camino hacia abajo. Ese recuerdo de la infancia todavía me hace estremecer.

Impulsado por el amor

Emily Kenward caminaba por la calle Lavender, en Brighton, Inglaterra. Tras aceptar poco antes a Jesús como su Salvador, veía la calle de manera diferente. Notó que muchas casas tenían las cortinas cerradas y se veían pocas personas mayores, a pesar de que la zona tenía una alta población de adultos mayores. Entonces, tuvo una idea: investigó dónde vivían los ancianos de Brighton y los invitó a una merienda. Los que asistieron contaron historias similares: vivían solos y solían pasar meses sin ver a nadie. Lo que más anhelaban era una visita.

Dios, nuestro proveedor

En 2024, el adolescente Keegan se emocionó al pescar un barramundi de sesenta centímetros. Pero su emoción se convirtió en euforia cuando su hermanita le señaló una etiqueta en el pez: pescarlo valía un millón de dólares como parte de una competencia de pesca en Australia. El evento anual se celebra desde 2015; Keegan fue el primero en ganar el codiciado premio mayor.

Hacedores de las Escrituras

Sobre mi escritorio hay un tablero con recordatorios. En él, está sujeta una lista titulada: «10 hábitos para una gran salud», que recorté hace años de una revista de nutrición. Hace poco, me sorprendió darme cuenta de que, aunque veo esta lista todos los días, solo podía recordar cuatro elementos. La lista se había vuelto una parte tan familiar de mi entorno diario que la miraba sin realmente verla ni seguir lo que decía.

Fiel y perdonador

«¡No es mi culpa!». Así dice Han Solo en El imperio contraataca, cuando su nave es atacada y parece no haber escapatoria, todo por faltar una reparación. Cuando lo dice, uno se pregunta si no tendrá al menos algo de responsabilidad por lo sucedido, aunque no quiera admitirlo.

El poder de la resurrección

Cien dólares… la factura de servicios de Loretta era mucho más alta de lo habitual. «Pero el Señor proveerá», le dijo a su hijo. Ese mismo día recibió un mensaje de texto de su hermano menor: «Loretta, siempre me alientas y quiero agradecerte. Te mandé algo por correo». Esa tarde, encontró una tarjeta de regalo de su hermano por cien dólares. ¿Un milagro? Tal vez no para algunos, pero a ella, la «coincidencia» le pareció milagrosa.

Servir a Dios por amor

Mi papá era un hombre muy trabajador, pero no era hábil con las reparaciones. A veces, cuando el tractor, la caldera o la plomería fallaban, algún vecino o amigo venía a arreglarlo. Papá ofrecía pagarles, aunque sabía que no podía afrontar lo que realmente merecían. Pero ellos no aceptaban nada; simplemente les encantaba ayudar. «Gracias —les decía él—, hasta que te paguen mejor». Aún no estoy segura de qué quería decir. Tal vez él u otra persona hicieron algo por ellos más adelante.

¿Por qué Viernes Bueno?

¿Por qué en inglés se llama Viernes Bueno [Good Friday] al Viernes Santo? ¿Qué tiene de «bueno»? ¿Por qué no se llama Viernes Triste o Viernes Malo? Se supone que es un día de reflexión dolorosa, no de celebración. En Alemania, se lo llama Karfreitag: Viernes de Dolores. ¿Por qué se lo llama «Bueno»? Se cree que surgió de una tradición más antigua que lo llamaba «Viernes de Dios».

Recordatorios de amor

Cuando me fracturé el brazo, mi amigo Rex me sorprendió enviándome un paquete solidario con sopas y un hermoso cucharón plateado. Me conmovió profundamente y conservé el cucharón mucho después de haber consumido la sopa. Mi brazo ya sanó y el querido Rex ha fallecido, pero su gesto de amor sigue expresando el amor de Dios hacia mí. Cada vez que tomo el cucharón, doy gracias a Dios por su amor manifestado a través de mi amigo.

Integridad verdadera

En una entrevista de trabajo, a Carol le preguntaron repetidamente: «¿Por qué dejaste tu empleo anterior?». El entrevistador intuía el conflicto con su antiguo jefe y quería saber qué había sucedido.