Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Condición espiritual

Tomás es habitué del gimnasio, y es evidente. Tiene hombros anchos, músculos voluminosos y brazos casi del tamaño de mis muslos. Su estado físico me llevó a entablar una conversación espiritual con él. Le pregunté si su estado físico reflejaba de algún modo una relación saludable con Dios. Aunque no profundizó mucho, reconoció que tenía «a Dios en su vida». Hablamos lo suficiente como para que me mostrara una foto de él con unos 180 kilos de peso, fuera de forma y mala salud. Un cambio en su estilo de vida había obrado maravillas físicamente.

Entregar ayuda

Cuando Elena tuvo que ir a entregar la vianda en la casa de Tim, él le pidió que lo ayudara a desatar el nudo del paquete. Años antes, Tim había sufrido un ACV y no podía hacerlo solo. Elena lo ayudó con agrado. Durante el resto del día, pensó en él con frecuencia, y eso la impulsó a armarle un paquete adecuado para su condición. Más tarde, cuando Tim encontró el chocolate caliente y una manta roja con una nota de aliento que ella había dejado a su puerta, lo hizo llorar.

Escoger la vida

Natán creció en una familia cristiana, pero en la universidad, empezó a alejarse de su fe de la infancia. «Sin merecerlo, Dios me trajo de regreso a Él», dijo. Al tiempo, dedicó un verano para testificar de Jesús en las calles de una ciudad importante en Estados Unidos, y ahora, está terminando una residencia en ministerio juvenil en su iglesia. Su meta es ayudar a los jóvenes a no desperdiciar su tiempo viviendo lejos de Cristo.

Persistir en la oración

Mila, una asistente de cocina, se sintió incapaz de defenderse cuando su supervisora la acusó de robar pan de pasas. La acusación infundada y la deducción en el salario fueron solo dos de muchos actos equivocados de su jefa. «Dios, por favor, ayúdame —oraba Mila todos los días—. Es tan difícil trabajar con ella, pero necesito este trabajo».

Bondad sin medida

Dos amigos estaban comprando una computadora en una tienda, cuando se encontraron con el gran basquetbolista Shaquille O’Neal. Como sabían que acababa de perder a su hermana y a un excompañero de equipo, le ofrecieron sus condolencias. Cuando siguieron con su compra, Shaq se les acercó y les dijo que eligieran la mejor computadora que encontraran. Luego, se las compró, solo porque ellos vieron que estaba atravesando un momento difícil, y su amabilidad lo había conmovido.

Un puñado de arroz

El estado de Mizoram, en el noreste de India, está saliendo lentamente de la pobreza. A pesar de su falta de ingresos, desde que el evangelio llegó a esa zona, los creyentes en Jesús practican una tradición llamada «puñado de arroz». Antes de cocinar el arroz, apartan cada día un puñado y lo dan a la iglesia. Esas iglesias, pobres para los estándares mundiales, han ofrendado millones a las misiones y enviado misioneros al mundo entero. Muchos, allí donde nacieron, han conocido a Cristo.

Amar a nuestro enemigo

Durante la Segunda Guerra Mundial, el médico de la Marina de los Estados Unidos Lynne Weston desembarcó con los soldados para atacar y recuperar una isla tomada por el enemigo. Ante los inevitables heridos, hizo todo lo posible para curar a los combatientes para evacuarlos. Una vez, su unidad encontró a un soldado enemigo con una grave herida abdominal que impedía que pudieran darle agua. Para mantenerlo vivo, Weston le administró plasma intravenoso.

Dios te ve

«¡Bájate!», dijo con firmeza mi amiga a su hijo cuando se subió al banco de la iglesia y empezó a agitar las manos. «Quiero que el pastor me vea —respondió él inocentemente—. Si no me paro, no me va a ver». Si bien pararse en los bancos no es lo que más se alienta en las iglesias, el hijo de mi amiga representó bien la idea de cómo llamar la atención.

Servir con amor

Cuando Cristina empezó a trabajar en una cafetería, atendía a un cliente llamado Luis. Como Luis tenía problemas de audición, escribía su pedido mediante una nota en su celular. Cuando Cristina se enteró de que Luis era un cliente habitual, decidió servirlo mejor aprendiendo el lenguaje de señas, para que él ordenara si tener que escribir.

El tiempo de Dios

Marga esperaba ansiosa su planeado viaje a otro país, pero, como era su práctica habitual, primero oró. «Son solo unas vacaciones —dijo una amiga—, ¿por qué tienes que consultarle a Dios?». Sin embargo, Marga creía en entregarle todo a Él. Esta vez, sintió que Dios la impulsaba a cancelar el viaje. Lo hizo, y después, cuando tendría que haber estado allí, estalló una pandemia. «Siento que Dios me estaba protegiendo», señala.