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Nunca irrelevante a los ojos de Dios

Cada año, los equipos de fútbol profesional eligen a jugadores nuevos. Los entrenadores pasan miles de horas evaluando el talento y el estado físico de los candidatos. En 2022, Brock Purdy fue el último de los seleccionados, y etiquetado «Sr. Irrelevante», sobrenombre que se da al que ocupa ese lugar. Nadie esperaba que jugara ningún partido esa temporada, pero pocos meses después, Purdy llevó a su equipo a ganar dos finales. Sin duda, los gerentes de ese equipo no hacen un buen trabajo en identificar potenciales. Y nosotros tampoco.

Una vida cultivada en Cristo

Cuando construimos nuestra casa, fue en un lote vacío y bastante fangoso. Necesitábamos césped, árboles y arbustos para combinar con las estribaciones de Oregón circundantes. Cuando saqué mis herramientas de jardín y empecé a trabajar, pensé en el primer huerto que aguardaba a los humanos: «toda planta del campo antes que fuese en la tierra, […] ni había hombre para que labrase la tierra» (Génesis 2:5).

Fijar nuestros ojos en Cristo

Los ojos de Julia miraban fijo el auto junto a ella. Tenía que cambiar de carril para salir de la autopista, pero cada vez que trataba de hacerlo, el otro conductor parecía acelerar. Por fin, pudo cruzar adelante. Engreída por haber triunfado, miró con una sonrisita por el espejo retrovisor. En ese momento, se dio cuenta de que había pasado de largo la salida. Arrepentida, contó: «Estaba tan enfocada en vencerlo que me pasé la salida».

Lugar espacioso de Dios

Cuando al teólogo Todd Billings le diagnosticaron un cáncer incurable, describió su mortalidad inminente como luces en habitaciones distantes que titilaban o se apagaban. «Como padre de niños de uno y tres años, tendía a pensar en las siguientes décadas como una extensión amplia, suponiendo que vería a Neti y Nathaniel crecer y madurar […]. Pero al recibir el diagnóstico […], se está produciendo una reducción».

Humilde pero amado por Dios

Un día, en la iglesia, saludé a una familia nueva. Me arrodillé junto a la silla de ruedas de su hijita, le presenté mi perra de servicio, Callie, y le elogié sus bonitas gafas rosa y sus botas. Aunque no podía hablar, su sonrisa me dijo que disfrutaba de nuestra conversación. Otra niña se acercó, evitando mirar a mi nueva amiga, y susurró: «Dile que me gusta su vestido»; a lo que respondí: «Díselo tú. Es amable, igual que tú». Le expliqué cuán fácil era hablar con nuestra nueva amiga aunque se comunicara de manera diferente, y cómo mirarla y sonreírle la haría sentir aceptada y amada.

Paradoja visual de Cristo

Uno de los himnos más hermosos en español, La cruz sangrienta al contemplar, contiene en su primera estrofa el recurso poético de la paradoja, para mostrar un contraste de temas: «riquezas quiero despreciar» y «a la soberbia tengo horror». A esto se lo llama oxímoron: palabras usadas en aparente contradicción; como «buen perdedor» y «realidad virtual». En el caso de este himno, este recurso es muchísimo más profundo.

El amor de nuestro Padre

Carla se paró junto a la ventana, con su bolso preparado y esperando ansiosa que llegara su papá. Pero, mientras el día brillante se iba oscureciendo hasta hacerse de noche, su entusiasmo se esfumó. Se dio cuenta de que él no iba a venir… de nuevo.

Impulsado a contar

«Sabes que Jesús te ama. Realmente te ama». Estas fueron las últimas palabras de John Daniels. Segundos después de haber dado dinero a un hombre que vivía en la calle y dicho esas palabras de despedida, lo atropelló un auto y murió al instante. El programa impreso del servicio para celebrar la vida de John decía: «Él quería descubrir cómo alcanzar a más personas, por eso, un domingo por la tarde, tratando de ayudar a un hombre necesitado, Dios le dio una manera de alcanzar al mundo. Todos los canales de televisión locales dieron la noticia, y así llegó a amigos, parientes y muchos otros en todo el país».

¿Qué le preguntarías a Jesús?

«Si Jesús estuviera sentado con nosotros a la mesa esta mañana, ¿qué le preguntarían?», les dijo José a sus hijos durante el desayuno. Los varones pensaron en sus preguntas más difíciles: cómo resolver los problemas de matemáticas más complejos y el tamaño que realmente tiene el universo. Entonces, su hija respondió: «Yo le preguntaría si me daría un abrazo».

Volverse santo

Luego de ver esculturas cerámicas de nivel mundial en un museo de arte, me invitaron a crear mi propia «olla de pellizco» de arcilla. Pasé dos horas moldeando un pequeño cuenco, tallando estampados y pintando. El resultado de mi arduo trabajo fue decepcionante: una vasija pequeña y deformada con color desparejo. Nunca iba a terminar en un museo.