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Corazón de pastor

«¡Un cervatillo quedó atrapado en nuestra cerca!», exclamó Julia a su esposo, Tomás. Él lo liberó con cuidado, pero la madre no aparecía por ninguna parte.

Andar por fe

La mujer subía con cautela cada escalón de la iglesia para el servicio de esa noche. Cuando se detuvo por el dolor o la falta de aire, un hombre que pasaba le dijo: «Un paso a la vez. Es la única manera de lograrlo. Tómalo con calma». Su intención fue animarla, y quizá le dio el impulso que necesitaba para llegar hasta arriba. Eso también alentó mi alma cansada durante mi visita aquella noche.

Esfuerzo colectivo en Cristo

En 1869, comenzó la construcción del Puente de Brooklyn en la ciudad de Nueva York. Poco después, el ingeniero jefe Washington Roebling se enfermó gravemente. Su esposa, Emily, intervino para ayudar. Estudió sus planos, revisó especificaciones e instruyó a sus asistentes. Apoyó a su esposo en todo lo que pudo, y cuando el puente se inauguró en 1883, ella lo cruzó en el primer carruaje. Su esposo elogió el «talento extraordinario» de ella y «su profundo conocimiento del trabajo y de los planos».

Permanecer en Jesús

«Un placer alcanza su plenitud solo cuando es recordado». Así describe un personaje en Más allá del planeta silencioso, de C. S. Lewis, la alegría que surge al rememorar experiencias valiosas. Aunque está bien deleitarnos en un paisaje sobrecogedor o al compartir un hito importante con un ser querido, lo que sentimos puede ser un simple placer inicial. A menudo, la reflexión posterior multiplica el gozo de haber vivido esos momentos.

Orar para crecer

Cuando Lam Wai Chan se mudó desde su Singapur natal para pastorear una iglesia en Japón, entró en pánico. La iglesia apenas tenía veinte miembros. En una nación conocida como «cementerio de misioneros», donde aproximadamente el uno por ciento de la población es cristiana y muchas iglesias están vacías, Lam sintió que «estaba tomando el mando de un barco que se hundía». Al clamar a Dios, percibió su respuesta: «Entrégame la iglesia».

Jesús, nuestro sustituto

A medida que la Guerra Civil Estadounidense se prolongaba, ambos bandos recurrieron al reclutamiento obligatorio. Según la ley confederada, un reclutado podía evitar el servicio contratando a otro hombre para que lo reemplazara; en su mayoría, alguien menor o mayor que la edad requerida. Generalmente, el «principal» (como se llamaba al que evadía el reclutamiento) pagaba una tarifa al gobierno y una suma grande a su sustituto. Solo los ricos podían costear un reemplazo.

Más dulce que la miel

Si quieres hacer sonreír a Jaime, pregúntale por sus abejas. Es apicultor. Aunque nuestras reuniones en su casa no son sobre abejas, no es raro que las lecciones de «apicultura» sean una parte estimulante de nuestras conversaciones. Pero aún mejor que hablar de abejas es el sabor fresco y dulce de la miel dorada que producen sus abejas. ¡Mmm, mmm, deliciosa!

Una cosa segura

Los árboles en climas fríos se preparan para el invierno mediante un proceso llamado «aclimatación». El agua drena de las células para que no se congelen, se expandan y rompan el árbol. El agua que queda entre las células es tan pura que los cristales de hielo no pueden adherirse. Los árboles se endurecen en la misma época cada año conforme al calendario fijo de acortamiento de los días. No arriesgan su vida por el clima, que puede ser inusualmente templado. Confían en el sol, su única certeza.

¿Quién es mi prójimo?

Una anciana quedó inconsciente sobre una acera caliente tras una terrible caída. Varios se detuvieron para ayudar: uno llamó al 911, otro colocó un abrigo bajo su cabeza, otros pusieron toallas bajo sus brazos, e incluso otro sostuvo un paraguas sobre ella hasta que llegó la ambulancia. Quien publicó el video escribió que fue una escena sumamente conmovedora porque los que se detuvieron para ayudar eran de distintas edades y etnias.

Brazos abiertos del Padre

El corazón compasivo de Mary Slessor la llevó a abrir sus brazos a los necesitados. La misionera escocesa, nacida en 1848, sirvió entre el pueblo de Okoyong en una tierra lejana. La superstición allí hacía creer que, cuando nacían gemelos, uno era bueno y el otro era hijo de un demonio. Esto solía llevar a que ambos fueran abandonados para morir de hambre u otros peligros. Reflejando el corazón amoroso de Dios, Mary ayudó a salvar a cientos de niños, ¡y adoptó a nueve como propios!