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Santo, santo, santo

Cuando la vida es agradable, el tiempo pasa demasiado rápido. Denme una tarea que me gusta o una persona con la que me encanta estar, y el tiempo parece irrelevante.

Esperanza verdadera

Hace poco, visité el edificio Empire State con un amigo. La fila parecía corta: llegaba hasta la esquina y doblaba un poco. Sin embargo, cuando entramos, descubrimos que recorría todo el vestíbulo, la escalera y entraba en otro cuarto. Cada curva revelaba más distancia que recorrer.

Dios de vida

Hace unos años, durante el invierno, la ciudad donde vivo atravesó una larga temporada de bajas temperaturas que calaban los huesos. Durante dos semanas seguidas, el termómetro al aire libre se hundió bien por debajo de la marca de cero grados (-20 °C; -5 °F).

Un «Sí» de amor

En agosto de 2016, Carissa posteó en una red social fotos de una inundación devastadora. A la mañana siguiente, agregó una nota de una persona de esa zona, que pedía ayuda. Cinco horas después, ella y su esposo enviaron una invitación para que otros los acompañaran en su viaje de 1.600 kilómetros, para ayudar allí. Menos de 24 horas después, trece personas estaban en camino para servir en aquellos hogares que habían sido seriamente dañados.

La clave es la actitud

Regina volvía del trabajo desanimada y cansada. El día había empezado con un mensaje de una amiga con una noticia trágica, y había ido empeorando en reuniones con compañeros de trabajo que rehusaban aplicar lo que ella sugería. Mientras hablaba con el Señor, pensó que lo mejor era poner a un lado el estrés de ese día y hacer una visita sorpresa a una amiga anciana y llevarle flores. Su ánimo se recuperó cuando María le contó lo bueno que el Señor era con ella: «Tengo mi propia cama y una silla, tres comidas por día y enfermeras que me ayudan. Y, a veces, Dios manda un cardenal a mi ventana porque sabe que me encantan, y Él me ama».

Promesas, promesas

Mi hija menor y yo tenemos un juego al que llamamos «Pellizcadores». Cuando ella sube la escalera, yo la persigo y trato de darle un pequeño pellizco. Las reglas son que solamente puedo pellizcarla (con suavidad, por supuesto) si está en la escalera. Cuando llega arriba, está a salvo. Pero, a veces, no tiene ganas de jugar, y si la persigo, dice enojada: «¡Nada de pellizcadores!». Y yo contesto: «Nada de pellizcadores, lo prometo».

¡Mi ayuda!

Durante décadas, el renombrado Coro del Tabernáculo de Brooklyn ha bendecido a multitudes con sus inspiradores himnos cristianos. Un ejemplo es su grabación del Salmo 121, titulado Mi ayuda.

Por el poder del Espíritu

¿Qué haces cuando una montaña se interpone en tu camino? La historia de Dashrath Manjhi es inspiradora. Cuando su esposa murió porque no pudo llevarla al hospital, Manjhi hizo lo que parecía imposible. Pasó 22 años tallando una enorme abertura en una montaña, de modo que los otros aldeanos pudieran llegar al hospital para que los atendieran. Antes de morir, el gobierno de India lo condecoró por su logro.

Lidiar con el retraso

Una caída del sistema informático global provoca cancelaciones de vuelos y deja a cientos de miles de personas atascadas en aeropuertos. Durante una tormenta de invierno, múltiples accidentes automovilísticos cierran importantes carreteras. Alguien que prometió responder «de inmediato», no lo hace. Los retrasos suelen producir enojo y frustración, pero los seguidores de Cristo, tenemos el privilegio de recurrir a Él por ayuda.

Gratitud creciente

¿Te gustaría cultivar un mayor sentimiento de gratitud? George Herbert, poeta británico del siglo xvii, en su poema Gratefulness [Gratitud], alienta a sus lectores a alcanzar esa meta: «Tú, que me has dado tantas cosas, dame una más: un corazón agradecido».

Herbert reconocía que lo único que necesitaba para ser agradecido era, simplemente, tomar conciencia de las bendiciones que Dios ya le…