El efecto del nuevo comienzo
Cuando Brenda cumplió 30 años, estaba triste por seguir empleada en un trabajo de ventas que nunca le gustó. Decidió que era hora de no posponer más el asunto y buscar una profesión nueva. La noche de fin de año, David se encontró mirándose al espejo y prometiendo que el próximo año bajaría de peso. Y Santiago, frustrado porque sus ataques de ira no cesaban, prometió que el mes siguiente se esforzaría para cambiar.
El Verbo y un nuevo año
Michellan enfrentaba desafíos mientras crecía en las Filipinas, pero siempre amó las palabras y encontraba consuelo en ellas. Un día, cuando asistía a la universidad, leyó el primer capítulo del Evangelio de Juan, y su «corazón de piedra se sacudió». Sintió como que alguien le decía: «Sí, tú amas las palabras, y adivina qué. Hay un Verbo eterno, Uno que […] puede disipar la oscuridad, ahora y siempre. Un Verbo que tomó forma de carne. Un Verbo que puede amarte».
Un día más cerca de la Navidad
El período posterior a la Navidad puede ser deprimente. Los regalos ya se abrieron. Hay que retirar el árbol y las luces. Nos espera un desabrido enero… y de repente, la Navidad —y la anticipación emocionante que trae aparejada— parece algo lejano.
Mejor que el oro
Cuando el buscador de oro John Walker fue a California durante la Gran Fiebre del Oro en Estados Unidos, escribió a modo de advertencia: «Es la lotería más grande que alguien se pueda imaginar […]. No le recomiendo a nadie que venga».
¡León, Cordero, Salvador!
Dos imponentes leones de piedra custodian la entrada a la Biblioteca Pública de Nueva York desde 1911. Primero, les pusieron Leo Lenox y Leo Astor, en honor a los fundadores de la biblioteca. Pero durante la Gran Depresión, el gobernador de Nueva York los denominó Fortaleza y Paciencia, virtudes que pensó que los neoyorkinos debían demostrar en ese tiempo difícil. Hoy en día, esos siguen siendo sus nombres.
Gran sabiduría y mil ojos
«El pastor necesita gran sabiduría y mil ojos —escribió Juan Crisóstomo— para examinar la condición del alma desde todos los ángulos». Estas palabras fueron parte de un debate sobre cómo cuidar espiritualmente a otros. Puesto que es imposible obligar a alguien a sanarse, enfatizó que, para llegar al corazón de una persona, hace falta gran empatía y compasión.
La diestra de Dios
Mientras ayudaba a mi anciano perro Wilson a salir al césped, solté sin querer la correa de Coach, el más joven. Cuando me incliné para volver a tomarla, Coach salió disparando, arrancando la correa de mi mano y retorciéndome el dedo anular en el proceso. Caí al césped y grité del dolor.
Resolución oportuna
El dolor sin resolver había persistido entre Simón y Gerardo durante años, y los intentos de Simón de restaurar la relación habían encontrado resistencia. Después de enterarse de la muerte de la madre de Gerardo, Simón asistió al funeral. Más tarde, reflexionó sobre su encuentro: «No tenía ninguna expectativa sobre cómo saldrían las cosas, [pero] después del funeral, tuvimos una conversación provechosa. Nos abrazamos, oramos juntos y planeamos volver a encontrarnos». Si tan solo Simón y Gerardo hubieran podido reconciliarse antes, se habrían evitado mucho dolor.
El Niño de Navidad
Imagina cómo habrá sido que Aquel que hizo los cielos comenzara a vivir como un embrión y se sometiera a un vientre. Jesús, Dios mismo por naturaleza, se hizo nada (Filipenses 2:6-7). ¡Qué pensamiento sorprendente!
El Príncipe de Paz
Cuando el resfriado de Juan se transformó en neumonía, terminó enviándolo al hospital. Al mismo tiempo, a su madre la estaban atendiendo por cáncer unos pisos más arriba, y se sentía abrumado por la preocupación. Entonces, en Nochebuena, en la radio sonó «Santa la noche», y Juan sintió que la paz de Dios lo inundaba. Escuchó cómo la canción anunciaba que era la noche en que nació el Salvador: «Una esperanza todo el mundo siente, la luz de un nuevo día sin igual». En ese momento, sus preocupaciones se desvanecieron.