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Talento para animar

«¡Tus abejas están revoloteando». Mi esposa se asomó por la puerta y me dio una noticia que ningún apicultor quiere oír. Salí corriendo y vi miles de abejas que volaban desde la colmena hacia la copa de un pino alto… para nunca más volver.

Encontrar espacios abiertos

En su libro Margin [Margen], el Dr. Richard Swenson escribe: «Debemos tener algún lugar para respirar. Necesitamos libertad para pensar y permiso para sanar. Nuestros vínculos están siendo devorados por la velocidad […]. Nuestros hijos yacen heridos, aplastados por nuestras aceleradas buenas intenciones. ¿Está Dios ahora a favor del agotamiento? ¿Ya no guía más a las personas a aguas de reposo? ¿Quién saqueó esos espacios abiertos del pasado y cómo podemos recuperarlos?». Swenson dice que necesitamos «tierra» tranquila donde podamos descansar en Dios y encontrarnos con Él.

El poder de Cristo

En 2013, unos 600 espectadores observaron al trapecista Nik Wallenda cruzar sobre una cuerda tensada un desfiladero de 450 metros de ancho cerca del Cañón del Colorado. Wallenda dio el primer paso y agradeció a Dios por el paisaje, mientras la cámara en su cabeza apuntaba hacia el valle abajo. Cruzó con tanta calma como si estuviera paseando por una acera. Cuando el viento se volvió peligroso, se detuvo y se agachó. Luego, recuperó el equilibrio y dio gracias a Dios por «calmar ese cable». En cada paso, demostró su dependencia del poder de Cristo a todos los que han escuchado, entonces y ahora, al mirar el video.

Festivales de adoración

Asistir a un gran evento podría cambiarte de forma sorprendente. Después de interactuar con más de 1.200 personas en encuentros de todo el día en Reino Unido y Estados Unidos, el investigador Daniel Yudkin descubrió que los grandes festivales pueden impactar nuestra esfera moral e incluso la disposición a compartir recursos con otros. El 63 % de los asistentes tuvo una experiencia «transformadora» que también los dejó más vinculados con la humanidad y más generosos con amigos, familiares e incluso desconocidos.

Más que embajadores de marcas

La competición en la era de internet se ha vuelto feroz. Las empresas no dejan de desarrollar formas creativas para atraer clientes. Toma por ejemplo los vehículos Subaru. Por la famosa lealtad de los dueños de Subarus, la compañía invita a los «superfanáticos subis» a convertirse en «embajadores de la marca». Dice: «Los embajadores Subaru son un grupo exclusivo de individuos enérgicos que ofrecen su pasión y entusiasmo para hablar a otros de Subaru». La empresa quiere volverse parte de la identidad de las personas, de modo que estas no puedan evitar compartir su pasión.

El poder de la perseverancia

En 1917, una joven costurera se emocionó al ser admitida en una de las escuelas de diseño de moda más renombradas de Nueva York. Pero cuando Ann Cone llegó para inscribirse, el director le dijo que no era bienvenida. «Para ser franco, Srta. Cone, no sabíamos que era negra», dijo. No queriendo irse, susurró una oración: Por favor, permítame quedarme. Al ver su perseverancia, la dejó quedarse, pero la separó del aula solo para blancos, dejando la puerta trasera abierta «para que oyera».

Jesús, nuestro hermano

Bridger Walker tenía solo seis años cuando un perro amenazador arremetió contra su hermana menor. Instintivamente, saltó frente a ella para protegerla del feroz ataque. Después de recibir asistencia y 90 puntos en la cara, Bridger explicó: «Si alguien tenía que morir, pensé que debía ser yo». Felizmente, los cirujanos plásticos ayudaron a curar su cara. Pero su amor fraternal, demostrado en fotos recientes abrazando a su hermana, sigue tan intenso como siempre.

Solo, pero no olvidado

Cuando escuchas sus historias, queda claro que la parte más difícil de estar preso es el aislamiento y la soledad. Incluso, un estudio reveló que, independientemente del tiempo de encarcelamiento, la mayoría de los presos recibe solo dos visitas de amigos y seres queridos durante su tiempo tras las rejas. La soledad es una realidad constante.

Un enfoque diferente

Cuando Mary Slessor viajó a Calabar (actualmente Nigeria, en África) a finales del siglo xix, estaba entusiasmada por continuar con la obra misionera del fallecido David Livingston. Su primera tarea —enseñar en la escuela mientras vivía con otros misioneros— puso en ella un peso sobre servir de otro modo. Entonces, se mudó con la gente a la que servía. Aprendió su idioma, vivió como ellos y comió la misma comida. Incluso albergó a decenas de niños abandonados. Durante casi 40 años, llevó el evangelio y esperanza a los que necesitaban ambas cosas.

Dios fiel siempre

Cuando Xavier estaba en la escuela primaria, lo llevaba y lo traía en auto. Un día, las cosas no salieron según lo planeado y llegué tarde a buscarlo. Oraba desesperada mientras corría hacia su aula de clases, donde lo encontré abrazado a su mochila y sentado junto a una maestra. «Perdón, mijo. ¿Estás bien?». Suspirando, dijo: «Estoy bien, pero enojado contigo porque llegaste tarde». ¿Cómo culparlo? Yo también estaba enojada conmigo. Amaba a mi hijo, pero sabía que lo decepcionaría muchas veces. También sabía que, algún día, él se decepcionaría de Dios. Entonces, me esforcé para enseñarle que Dios nunca ha roto ni romperá una promesa.