Reuniendo fuerzas en Dios
Grainger McKoy es un artista que estudia y esculpe aves, reflejando su gracia, vulnerabilidad y poder. Su obra titulada Recovery [Recuperación] muestra el ala derecha de un pato rabudo, extendida en dirección vertical. Abajo, una placa describe el planeo de recuperación del ave como «el momento de mayor debilidad en el vuelo, pero también cuando reúne fuerzas para el viaje por delante». Además, incluye este versículo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
Confrontando con amor
Hacía muchas cosas bien, pero había un problema que todos veían. Sin embargo, como era tan eficaz en su función, el tema de su ira no se había tratado adecuadamente. Nunca lo habían confrontado de verdad. Lamentablemente, esto dejó heridas a muchas personas. Y al final, puso fin de forma prematura a una carrera que podría haber significado mucho más para este hermano en Cristo. Si tan solo lo hubiese confrontado con amor tiempo atrás.
La aventura
«El cristianismo no es para mí. Es aburrido. Uno de los valores a los que me aferro es la aventura. Para mí, esto es vida», me dijo una joven. Me entristeció que todavía no hubiera descubierto el gozo y la emoción de seguir a Jesús; una aventura como ninguna. Con entusiasmo, le hablé sobre Jesús y cómo se encuentra en Él la verdadera vida.
Cuenta de la bondad de Dios
El tiempo de testimonios era el segmento en nuestra reunión en la iglesia cuando las personas contaban cómo había obrado Dios en sus vidas. Auntie —o hermana Langford, como la conocían otros en nuestra congregación— se destacaba por las numerosas alabanzas en sus testimonios. Cuando compartía la historia de su conversión, era de esperar que ocupara gran parte de la reunión. ¡Su corazón rebosaba de alabanzas a Dios, quien, por gracia, había transformado su vida!
Una cosa es necesaria
En un remoto lugar de la costa inglesa, lideré un retiro sobre el tema de María y Marta, las hermanas de Lázaro, que vivían en Betania y a quienes Jesús amaba (Juan 11:5). Inesperadamente, una tormenta de nieve nos impidió salir, y muchas de las participantes señalaron cómo el día extra juntas significó que pudiéramos practicar sentarnos a los pies de Jesús, como hizo María. Querían experimentar ese «solo una cosa es necesaria» (Lucas 10:42) que Jesús amorosamente le dijo a Marta que debía buscar: acercarse a Él y aprender.
Sin recuerdo de los pecados
Nunca vi el hielo. Pero lo sentí. La parte trasera de la camioneta que estaba conduciendo —de mi abuelo— derrapó. Un giro, dos, tres… y volé hacia un terraplén de 4,5 metros. Recuerdo haber pensado: Esto sería maravilloso si no estuviera por morirme. Al instante, la camioneta rodó por la profunda ladera hasta el fondo. Salí como pude de la cabina, sin un rasguño.
Una tarjeta y una oración
La mujer había quedado viuda y comenzó a preocuparse. Para cobrar un dinero vital de un seguro de vida, necesitaba información clave sobre el accidente que le había quitado la vida a su esposo. Habló con un oficial de policía que dijo que la ayudaría, pero ella perdió su tarjeta personal. Entonces, le rogó a Dios que la ayudara. Poco después, estando en su iglesia, pasó por al lado de una ventana y vio una tarjeta en el marco: la del policía. No tenía idea de cómo había llegado allí, pero sabía el porqué.
Aférrate a Jesús
Me sentí mareada mientras subía por las escaleras del edificio de oficinas. Sorprendida, me aferré al pasamano porque todo parecía dar vueltas. Con el corazón latiendo a mil y las piernas flojas, di gracias de que el pasamano era firme. Los exámenes médicos mostraron que tenía anemia. Aunque la causa no era grave y mi salud se recuperó, nunca olvidaré lo débil que me sentí ese día.
Botas de la suerte
Demasiado tarde… Tomás sintió el escalofriante «clic» debajo de sus botas de combate. Instintivamente, dio un salto. El mortal artefacto no detonó. Más tarde, el equipo antiexplosivos desenterró del lugar unos 36 kilos de explosivo. Tomás usó esas botas hasta que se rompieron. Las llama «mis botas de la suerte».
Amar mediante la oración
Durante años, Juan había sido una persona irritante en la iglesia. Tenía mal humor, era exigente y áspero, y se quejaba constantemente de no ser bien «servido», y de que el personal y los voluntarios no hacían su trabajo. Sinceramente, era difícil amarlo.