Someterse a Dios
Tras nacer en una granja, Judson Van DeVenter aprendió a pintar, estudió y se convirtió en maestro de arte. Pero Dios tenía un plan distinto para él. Sus amigos de la iglesia lo instaron a dedicarse a evangelizar. Judson también sintió que Dios lo llamaba, pero le costaba dejar su amor por el arte. Luchó con Dios, pero «por fin» —escribió—, «la hora del cambio llegó a mi vida, y le entregué todo».
Brindar dignidad
La joven amiga de Marga apareció en la iglesia con una ropa chocante, pero nadie tendría que haberse sorprendido, porque era prostituta. Incómoda, se movía en su asiento, estirando su falda demasiado corta y tapándose el pecho con sus brazos.
Reconfigurado por la gratitud
Después de que le diagnosticaran un tumor cerebral, Christina Costa notó que gran parte del lenguaje sobre cómo enfrentar el cáncer se centraba en luchar. Sintió que esa metáfora la agotaba y dijo que «no quería pasar un año en guerra contra [su] cuerpo». Lo que le resultó más útil fue la práctica diaria de dar gracias por los profesionales que la atendían y por las muestras de recuperación de su salud. Experimentó personalmente que, aunque las luchas sean difíciles, la gratitud nos ayuda a resistir y a «configurar nuestro cerebro para desarrollar resiliencia».
Dotado de amor
Cuando se casó, Gwndolyn Stulgis llevó el vestido de bodas de sus sueños. Y luego lo regaló… a una desconocida. Creía que un vestido merecía más que estar guardado en un armario, acumulando polvo. Otras novias coincidieron. Ahora, muchísimas mujeres se han unido a su red social para donar y recibir vestidos de boda. Como dijo una donante: «Espero que este vestido pase de novia en novia y que, al final de su vida, quede hecho girones por todas las bodas realizadas con él».
Amistad profunda en Cristo
En la capilla de Christ´s College, en Cambridge, Inglaterra, hay un monumento dedicado a dos médicos del siglo xvii, John Finch y Thomas Baines. Conocidos como los «amigos inseparables», colaboraron en investigaciones y viajaron juntos en viajes diplomáticos. Cuando Baines murió, en 1680, Finch recordó su «ininterrumpido matrimonio de almas» durante 36 años. Su amistad estuvo marcada por el afecto, la lealtad y el compromiso.
Humildad de estrella
Después de un partido, una estrella del básquet universitario se quedó para ayudar a los empleados a recoger los vasos vacíos y envoltorios de comida. Cuando un aficionado publicó un video de él en acción, lo vieron más de 80.000 personas. Alguien comentó: «[El joven] es uno de los tipos más humildes que conocerás en tu vida». Habría sido más fácil que el jugador se hubiese ido con sus compañeros de equipo a celebrar su papel en el triunfo, pero se ofreció para un trabajo nada grato.
Consagrado a Cristo por completo
En 1920, John Sung, el sexto hijo de una pastor chino, recibió una beca para estudiar en los Estados Unidos. Se graduó con las mejores calificaciones, completó una maestría y obtuvo un doctorado. Pero mientras estudiaba, se alejó de Dios. Hasta que una noche, en 1927, entregó su vida a Cristo y sintió el llamado a predicar.
Jesús nuestro Rey
Mientras buscaban petróleo en uno de los países más soleados y secos del mundo, los equipos se sorprendieron al encontrar un enorme sistema de agua subterráneo. Entonces, en 1983 comenzó el proyecto del «gran río artificial», colocando un sistema de cañerías para llevar agua potable a ciudades donde era muy necesitada. Una placa cerca del comienzo dice: «Desde aquí fluye la arteria de la vida».
Compartir mediante el cuidado
El joven pastor oraba todas las mañanas, pidiéndole a Dios que ese día lo utilizara para bendecir a alguien. A menudo, para deleite suyo, surgía una situación así. Un día, durante un receso en su segundo trabajo, se sentó al sol con un compañero que le preguntó sobre Jesús. El pastor simplemente respondió sus preguntas. Sin sermonear. Sin discutir. Luego comentó que ser guiado por el Espíritu Santo lo llevó a tener una charla informal, eficaz y afectuosa. También se hizo de un amigo nuevo; alguien hambriento de saber más de Dios.
El regalo de la gracia de Dios
Mientras calificaba unos trabajos de un curso de redacción que enseño, hubo uno que me impactó. ¡Estaba tan bien escrito! Pero pronto me di cuenta de que estaba demasiado bien escrito. Claro, era un plagio de una fuente en línea.