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Sediento y agradecido

Con dos amigos, estábamos cumpliendo una de las cosas que queríamos hacer antes de morir: recorrer el Cañón del Colorado. Al comenzar la caminata, dudamos de tener suficiente agua, y nos quedamos sin nada cuando todavía faltaba un trecho para llegar al borde del acantilado. Aparecieron jadeos, mezclados con oraciones. Entonces, doblamos en una curva y sucedió lo que seguimos considerando un milagro: divisamos tres botellas de agua en un hueco de una roca, con una nota: «Sabíamos que necesitarían esto. ¡Disfruten!». Nos miramos sin poder creerlo, susurramos un agradecimiento a Dios, bebimos un par de muy necesarios tragos y partimos hacia el último tramo. Nunca estuve tan sediento —y agradecido— en mi vida.

Limpiados por Cristo

Mi primer viaje misionero fue a la selva amazónica en Brasil para ayudar a construir una iglesia junto al río. Una tarde, visitamos una de las pocas casas de la zona que tenía filtro de agua. Cuando nuestro anfitrión vertió agua de pozo turbia en el aparato, a los pocos minutos se quitaron todas las impurezas y apareció el agua limpia y transparente. Allí, en la sala de aquel hombre, vi un reflejo de lo que significa ser limpiado por Cristo.

Dar y compartir generosamente

Cuando mi esposa Cari y yo terminamos la universidad, debíamos varios miles de dólares que teníamos que consolidar con un porcentaje de interés más bajo. Solicitamos un préstamo en el banco local, pero lo rechazaron porque no habíamos vivido ni trabajado en la ciudad mucho tiempo. Días después, le conté lo que había pasado a mi amigo Ming, que era anciano de nuestra iglesia. «Me gustaría mencionarle esto a mi esposa», dijo mientras salía.

De vacuidad a santidad

De niña, a mi hija le encantaba jugar con su queso suizo durante el almuerzo. Ponía el cuadrado amarillo sobre su cara, como una máscara, y decía: «Mira, mamá», mientras sus brillantes ojos verdes destellaban a través de dos agujeros vacíos del queso. Como mamá joven, esa máscara de queso suizo resumía lo que sentía sobre mis esfuerzos: sinceros, llenos de amor, pero tan imperfectos. Vacuidad, no santidad.

Misericordia con pizza

La invitación a cenar del líder de mi iglesia y su esposa me enterneció, pero también me puso nerviosa. Me había unido a un grupo de estudio bíblico universitario que enseñaba conceptos opuestos a enseñanzas de la Biblia. ¿Me darían un sermón sobre eso?

Las palabras reflejan nuestro corazón

¿Cómo se elimina el lenguaje obsceno? Una escuela secundaria decidió instituir una promesa de «cero lenguaje obsceno». Los alumnos declararon: «Prometo no usar obscenidades dentro de las paredes y propiedades de [nuestra escuela]». Fue un noble esfuerzo, pero, según Jesús, ninguna regla ni promesa externa puede tapar el mal olor de las groserías.

Consejo de alguien mayor

«¿Qué lamento?». Esta fue la pregunta que George Saunders, el escritor de mayor venta del New York Times, respondió en su discurso de apertura en la Universidad Syracuse en 2013. Era sobre una persona mayor (Saunders) que compartió una o dos cosas que lamentaba de su vida con jóvenes (los graduados), que podían aprender algo de su ejemplo. Enumeró algunas cosas que la gente podía suponer que lamentara, como ser pobre o hacer trabajos terribles. Pero dijo que no lamentaba eso para nada. Lo que sí lamentaba era sus faltas de benignidad: esas oportunidades que había tenido de ser benigno y que dejó pasar.

Alabanza espontánea

Durante un viaje misionero a Etiopía, nuestro equipo acompañó a otro de un ministerio local para alcanzar a un grupo de jóvenes que enfrentaron tiempos difíciles y vivían en casuchas en un basural. ¡Fue un placer conocerlos! Compartimos testimonios, palabras de aliento y oraciones. Uno de los momentos que más me gustó fue cuando un miembro del equipo local tocó la guitarra y cantamos todos juntos bajo una luna radiante. ¡Qué momento sagrado! A pesar de su situación desesperante, tenían la esperanza y el gozo que solo pueden encontrarse en Jesús.

Cuando sea la hora

Cuando mis amigos Al y Kathy Schiffer volaron en su icónico avión de la época de la Segunda Guerra Mundial en una exhibición aérea, lo que más les impactó fue la reacción de los veteranos de guerra, quienes se acercaban para hablar sobre las guerras en las que sirvieron y los aviones en que volaron. La mayoría de sus historias las contaban con lágrimas en los ojos. Muchos dijeron que la mejor noticia que recibieron fue: «Muchachos, la guerra terminó. Es hora de ir a casa».

Belleza en lugar de tierra

Una tarde, noté hileras de tierra en un lote vacío cerca de mi casa. En cada una, asomaban pequeños brotes. A la mañana siguiente, me detuve cuando vi un área con hermosos tulipanes rojos.