Dios imponente
Como fotógrafo de paisajes, me atraen las fotos que encuentro en Internet. Hace poco, me topé con «10 de los lugares más impresionantes de EE. UU.». Una foto de un manantial geotérmico muestra una enorme cuenca de luminiscencia multicolor. Una instantánea de la selva tropical de Hoh muestra un bosque que parece sacado directamente de El Hobbit. Una impresionante fotografía tomada en Monument Valley, Arizona, podría ser una panorámica de Marte.
Amar a los niños como Dios los ama
Todo el verano, los niños de la casa detrás de la nuestra pasaban horas columpiándose en su hamaca. Su ruidosa hamaca. Quejándome, le pregunté a mi marido por qué sus padres no engrasaban el columpio. Sin embargo, al orar al respecto, noté un cambio en mi corazón. Pude ver la risa y el gozo de los niños que surgen de la confianza que hallan en el patio de su familia, y de tener a padres cercanos a los que pueden llamar.
Plaga de mentiras
«Qué crueldad que es faltar a la verdad», escribió en una ocasión Meister Eckhart en un poema que contrasta las relaciones construidas sobre la confianza con las dañadas por la mentira. Describió las palabras sinceras y amorosas como «especias maravillosas mezcladas en el día a día». Pero las mentiras son como terremotos en la mente y veneno para el alma: «Se crea un caos en la mente que ya no puede confiar en alguien que una vez amó. […] la persona que no puede decir la verdad esparce una plaga».
Heridas que edifican y sanan
Según investigaciones, la Generación Z puede detectar un falso cumplido a más de un kilómetro de distancia. Los miembros de esa generación valoran algo más profundo: el respeto genuino y la sinceridad. No buscan que los halaguen; quieren que alguien crea en ellos. Cuando se les dice la verdad, se sienten respetados, tomados en serio y desafiados a crecer. Es probable que esto sea cierto para la mayoría de nosotros.
Practicar el amor de Dios
El padre de Benjamín estaba muriendo de cáncer. Deseoso de ayudar, Benjamín lo llevó a vivir con él. A su padre le encantaban los trópicos, pero ya no podía viajar, así que Benjamín se puso creativo: diseñó un estanque detrás de su casa, lo llenó de peces e instaló una cascada. Transportó tres cargas de arena de playa, añadió plátanos, luces y antorchas tiki, y armó un toldo para dar sombra. Su padre pasó sus últimos días disfrutando de una isla paradisíaca en su propio patio.
El único digno de adoración
Una tarde de abril, millones de personas se reunieron a lo largo del gráfico de un arco que cruzaba México y Estados Unidos para presenciar un eclipse total de sol. Mientras los equipos de televisión documentaban la cuenta regresiva hacia la «totalidad», la multitud enmudeció salvo por una frase repetida: «¡Dios mío!».
El testimonio de Jesús
He oído decir: «No podemos hacer que nuestros hijos crean. Solo darles razones para creer en lo que nosotros creemos». Pero ¿cómo lo hacemos?
Preciosas palabras de despedida
Mi amigo José estaba en cuidados paliativos. Había estado lúcido en mi visita anterior, pero una semana después, estaba frágil y sin habla. Al final de la que sería mi última visita, fui la última en la sala con él. Finalmente, me dirigí hacia la puerta, pero me volví una última vez para decir: «Te quiero», sin esperar respuesta. Entonces, vi a José moviendo los labios. Me respondió: «Te quiero».
Enseñanza de mi auto arrendado
Hace poco, viajé a Los Ángeles y tuve que arrendar un coche. Al rato, estaba conduciendo por calles del centro llenas de tráfico y gente. Me encontré haciéndolo con mucho cuidado. ¿Por qué? Bueno, no quería tener un accidente. Pero, en realidad, no quería dañar mi auto arrendado. Después de todo, no era mío.
Esperar en Dios
Debido al alcoholismo y el maltrato de su padre, Pablo dejó su casa cuando era adolescente. Terminó la escuela, se casó y tuvo tres hijos. Pero, por desgracia, empezó a repetir el mismo comportamiento destructivo del que había huido. Su propia adicción al alcohol y su comportamiento terminaron destruyendo todo: su familia, su trabajo y su hogar.