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El regalo perfecto

Mientras estaba en un viaje misionero para evangelizar en Perú, un joven me pidió dinero. Por razones de seguridad, habían instruido a mi equipo a no dar dinero, así que, ¿cómo podía ayudarlo? Entonces, recordé la respuesta de los apóstoles Pedro y Juan al paralítico en Hechos 3. Le expliqué que no podía darle dinero, pero que sí podía compartirle la buena noticia del amor de Dios. Cuando dijo que era huérfano, le dije que Dios quería ser su Padre. Eso lo hizo llorar. Lo puse en contacto con un miembro de nuestra iglesia para ver cómo ayudarlo.

Alentado por las promesas de Dios

Fue un largo día en el hospital. Todavía no había respuestas sobre la enfermedad que aquejaba al brillante joven de 19 años de edad. Al llegar a casa, la familia se sentía desanimada. Se sorprendieron al ver una caja hermosamente adornada en el escalón, con Isaías 43:2 impreso adelante. Adentro, había diversos versículos bíblicos alentadores que sus amigos habían escrito a mano. Pasaron la hora siguiente siendo alentados por las Escrituras y el gesto amable de los amigos de la familia.

Nueva vida en Jesús

Mientras crecían juntos en Asia Central, Baheer y Medet eran íntimos amigos. Pero, cuando Baheer creyó en Jesús, todo cambió. Medet lo denunció a las autoridades gubernamentales, y Baheer fue terriblemente torturado. El guardia gruñó: «Esta boca nunca volverá a pronunciar el nombre de Jesús». Aunque sangraba muchísimo, Baheer alcanzó a decir que podrían impedirle hablar de Cristo, pero que nunca podrían cambiar lo que Él había hecho en su corazón.

Tentado y probado

A Esteban le encanta la libertad y flexibilidad que le da su trabajo como chofer de alquiler privado. Entre otras cosas, puede comenzar y dejar en cualquier momento, y no tiene que rendir cuentas a nadie de su tiempo y movimientos. Pero dijo que, irónicamente, esa es la parte más difícil.

El espíritu navideño

En un almuerzo de Navidad en nuestra iglesia, celebramos las culturas de los invitados internacionales. Allí aplaudí alegremente junto al sonido de la darbuka (una especie de tambor) y el oud (instrumento parecido a una guitarra), mientras la banda interpretaba el tradicional villancico de Oriente Medio, Laylat al-Milad, que significa «Noche de Navidad». La letra recuerda a los oyentes que el espíritu de Navidad se halla en servir a otros, ofreciendo agua a una persona sedienta o consolando a alguien que llora.

Oración por la voluntad de Dios

Cuando era nueva en mi fe en Jesús, tomé mi Biblia devocional y leí un versículo conocido: «Pedid, y se os dará» (Mateo 7:7). El comentario explicaba que lo que realmente debemos pedirle a Dios es que nuestra voluntad coincida con la suya. Al buscar que su voluntad se cumpla, estaríamos seguros de recibir nuestra petición. Era un concepto nuevo para mí, y oré para que la voluntad de Dios se hiciera en mi vida.

Cuando la vida se manifestó

En 1986, el desastre nuclear en Chernóbil, Ucrania, captó la atención mundial. Era vital detener la radiación. Los letales rayos gamma de los escombros altamente radioactivos destruían los robots usados para limpiar el caos.

Dios me conoce

Cuando mi hermana encontró un libro de cuentos de nuestra infancia, mi mamá, que ahora tiene más de 70 años, estaba gozosa. Recordó todos los detalles divertidos de un oso que robaba miel y lo perseguía un enjambre de abejas enojadas. También la risa de mi hermana y mía cuando anticipábamos la huida del oso. «Gracias por contarnos cuentos cuando éramos niñas», le dije a mi mamá. Ella conoce toda mi historia, incluso cómo era de niña. Ahora, que soy adulta, sigue conociéndome y entendiéndome.

Personas que animan

«Puro ánimo». Esto dijo J. R. R. Tolkien para describir el apoyo que su amigo y colega C. L. Lewis le brindó mientras él escribía la épica trilogía El señor de los anillos. El trabajo de Tolkien había sido meticuloso y exigente, y había escrito a máquina más de dos veces los extensos manuscritos. Cuando se los envió a Lewis, este respondió: «Todos los largos años que invertiste en esto valieron la pena».

Buena reputación para Cristo

Mientras estudiaba en la Universidad Estatal de Florida, Charlie Ward competía en dos deportes. En 1993, el joven mariscal de campo ganó el trofeo Heisman como mejor jugador de fútbol americano universitario del país, y también se destacó en el baloncesto.