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Protección sabia

La escena era desgarradora. Una manada de 55 ballenas había quedado varada en una playa de Escocia. Los voluntarios trataron de salvarlas, pero finamente murieron. Nadie sabe por qué ocurren esas cosas, pero podría ser por los fuertes vínculos sociales de las ballenas. Cuando una entra en problemas, el resto va a ayudarla; un instinto protector que, irónicamente, las lleva a dañarse.

¿Qué tienes en la mano?

Tiempo después de recibir a Cristo como Salvador y dedicar mi vida a Él, sentí que me guiaba a dejar mi carrera de periodista. Al dejar mi pluma y mis escritos, no pude evitar sentir que, un día, Dios me llamaría a escribir para su gloria. Durante los años de peregrinación en mi desierto personal, me alentó la historia de Éxodo 4 sobre Moisés y su vara.

Dios de justicia

De adolescente, Ryan perdió a su mamá por cáncer. Se encontró sin hogar y pronto dejó la escuela. Se sentía desesperado y a menudo con hambre. Años después, fundó una organización que capacita a otros para cultivar su propia huerta. La fundación sostiene que nadie debería carecer de alimentos y que los que tienen algo deben ocuparse de los que no tienen. El interés de Ryan por los demás refleja el sentir del corazón de Dios por justicia y misericordia.

Vale la pena esperar

Phil Stringer esperó 18 horas para abordar un vuelo demorado. Pero su paciencia y perseverancia valieron la pena. ¡No solo llegó a su destino a tiempo para unas reuniones de negocio importantes, sino que fue también el único pasajero en el vuelo! Los asistentes de vuelo le dieron todo lo que deseaba comer, y Stringer agrega: «Por supuesto, me senté en la primera fila. ¿Por qué no, si tienes todo el avión para ti solo?». Sin duda, la espera valió la pena.

Parecerse más a Jesús

Dios diseñó el gran búho gris como un maestro del camuflaje. Sus plumas plateadas tienen un patrón de colores que le permite parecerse a la corteza cuando está posado en los árboles. Cuando no quiere que lo vean, se esconde a plena vista, combinándose con el entorno mediante la ayuda de su camuflaje plumoso.

Lugares desiertos

Cuando recién me convertí, pensaba que encontraría a Jesús en las experiencias en «la cumbre de la montaña». Pero esos éxtasis rara vez duraban o me hacían madurar. La autora Lina Abujamra dice que es en los lugares desiertos donde nos encontramos con Dios y crecemos. En su libro Through the Desert [A través del desierto], escribe: «El objetivo de Dios es usar los lugares desiertos de nuestra vida para hacernos fuertes». Y agrega: «La idea es que la bondad de Dios la recibas en medio de tu sufrimiento, no que haga que no tengas que sufrir».

Carrera espacial

El 29 de junio de 1955, Estados Unidos de América anunció que pondría satélites en el espacio. Poco después, la Unión Soviética declaró que planeaba hacer lo mismo. Así comenzó la carrera espacial. Los soviéticos lanzaron el primer satélite (Sputnik) y enviaron el primer hombre al espacio, Yuri Gagarin. La carrera continuó hasta el 20 de junio de 1969, cuando «el salto gigante para la humanidad» de Neil Armstrong sobre la luna puso fin extraoficialmente a la competición. Pronto asomó una temporada de cooperación que llevó a la creación de la Estación Espacial Internacional.

Un andar renovado

Los aplausos resonaron cuando los mejores alumnos de la escuela recibieron sus menciones especiales. Pero el programa no había terminado. El reconocimiento siguiente no era para los «mejores» académicamente, sino para los que habían trabajado duro para mejorar sus calificaciones, corregir su comportamiento y aumentar su asistencia a clases. Sus padres aplaudían radiantes ante los avances de sus hijos; sin mirar sus fracasos pasados sino su nueva manera de andar.

Un corazón arrepentido

Un amigo había violado los votos conyugales. Fue doloroso verlo destruir su familia. Al buscar reconciliarse con su esposa, me pidió consejo. Le dije que no solo debía ofrecer palabras, sino también demostraciones prácticas de amor a su esposa y un alejamiento de todo patrón de pecado.

Ponerlo en el plato de Dios

Durante años, una madre oraba mientras ayudaba a su hija adulta con problemas de salud a encontrar consejo y tratamientos. Sus altibajos extremos pesaban sobre el corazón de esa madre día tras día. A menudo agotada por la tristeza, entendió que ella también debía cuidarse. Una amiga le sugirió escribir sus preocupaciones en papeles pequeños y colocarlos en «el plato de Dios» junto a su cama. Esta práctica simple no eliminó todo el estrés, pero ver el plato le recuerda que esas preocupaciones no están en sus manos sino en las de Dios.