Conocer al Padre
Según una leyenda, una vez, el conductor británico Sir Thomas Beecham vio a una mujer de aspecto distinguido en el salón de un hotel. Creyendo que la conocía pero sin poder recordar su nombre, se detuvo para hablar con ella. Mientras hablaban, recordó vagamente que tenía un hermano. Esperando obtener una pista, le preguntó por él y si todavía tenía el mismo trabajo. «Oh, él está bien —dijo ella—, y sigue siendo rey».
Preservados
Mientras limpiaba el jardín para prepararlo para los cultivos de primavera, tomé un manojo grande de malezas invernales y las arranqué de un tirón. Una cobra venenosa estaba escondida en el matorral justo debajo de mi mano; unos pocos centímetros más y la habría agarrado sin querer. Vi sus manchas coloridas en cuanto levanté el manojo; el resto estaba enroscado en las malezas entre mis pies.
Seguro y tranquilo
Mi hijo Xavier era un pequeño lleno de energía que no se quedaba quieto. Por la tarde, eso solía terminar en una indeseada pero muy necesaria siesta. Entonces, se contoneaba en su silla, se bajaba del sofá, gateaba por el piso de madera e incluso rodaba por todo el cuarto para evitar la quietud. «Mamá, tengo hambre… tengo sed… tengo que ir al baño… quiero un abrazo». Como yo sabía que le haría bien descansar, lo abrazaba; y reclinado junto a mí, se dormía.
No rendirse nunca
«El tiempo pasaba. La guerra llegó». Así describía Semi Nigo, obispo del pueblo kelilo del sur de Sudán, los retrasos en la larga lucha de su iglesia por conseguir la Biblia en su idioma. Décadas antes, su abuelo había iniciado un proyecto de traducción de la Biblia, pero la guerra y la agitación social lo habían obstaculizado. No obstante, a pesar de los repetidos ataques a sus campos de refugiados en otros países africanos, el obispo y otros creyentes mantuvieron activo el esfuerzo.
Nuevas cada mañana
Mi hermano Pablo creció padeciendo una epilepsia severa, la cual empeoró en su adolescencia. Las noches se volvían horrorosas para él y mis padres ante los ataques que solían durar más de seis horas. Los médicos no podían encontrar un tratamiento que aliviara los síntomas y le permitiera estar consciente al menos parte del día. Mis padres clamaban en oración: «¡Dios, oh Dios, ayúdanos!».
Ya no más tú
En el verano de 1859, Charles Blondin se convirtió en la primera persona en cruzar las cataratas del Niágara sobre una cuerda floja; algo que siguió haciendo cientos de veces. Una vez, lo hizo con su representante Harry Colcord sobre sus hombros. Blondin le dio a Colcord estas instrucciones: «Mira, Harry […], ya no eres más Colcord, eres Blondin. […] Si yo me balanceo, balancéate conmigo. No intentes equilibrarte. Si lo haces, ambos iremos camino a la muerte».
Enfrentar el miedo
Guillermo se mudó a un pueblo para pastorear una iglesia. Después de algunos éxitos al principio de su ministerio, una persona del lugar se le puso en contra. Inventó una historia que lo acusaba de actos horrorosos y la llevó a un periódico local, e incluso imprimió las acusaciones en panfletos para enviarlos por correo a los habitantes del lugar. Guillermo y su esposa comenzaron a orar fervientemente. Si la gente creía esa mentira, sus vidas cambiarían por completo.
Ser humano
«Señor Singerman, ¿por qué llora?», preguntó el joven aprendiz mientras observaba a su maestro que elaboraba una caja de madera.
Nunca solo
«Puede ser una aflicción más desgarradora que el hambre, una enfermedad o la falta de un techo», escribió Maggie Fergusson en una revista. ¿El tema? La soledad. Con ejemplos conmovedores de cómo afecta la soledad, describía el aumento de este sentir que no discrimina estatus social ni económico.
Enciende la luz
Cuando mi esposo y yo nos preparábamos para mudarnos al otro extremo del país, queríamos asegurarnos de permanecer en contacto con nuestros hijos ya adultos. Encontré un regalo especial: lámparas que se conectan de forma inalámbrica por internet, que se pueden encender desde lejos. Cuando se las di a mis hijos, les expliqué que se encenderían cuando yo tocara la mía, para recordarles con esa luz que los amaba y oraba por ellos. Por más lejos que estuviera, la luz se encendería también. Aunque sabía que nada podía reemplazar nuestro tiempo juntos, nos alentaríamos al saber del amor y las oraciones cada vez que se encendieran.