Sin favoritismo
En 1872, el presidente Grant fue detenido por conducir su carruaje imprudentemente por Washington D. C. Una publicación dice que el oficial William West, afroamericano, le advirtió: «Su conducción rápida, señor, […] pone en peligro la vida de los que tienen que cruzar la calle». Grant se disculpó, pero la noche siguiente hizo lo mismo. West lo detuvo y dijo: «Lamento mucho tener que hacerlo, señor presidente, porque usted es el jefe de la nación y yo apenas un policía, pero el deber es el deber». Y arrestó al presidente.
Envíame a tu pueblo
Cuando mi amiga Maritza aceptó un trabajo que requería viajar sola a varias ciudades, a menudo se sentía sola. Pero una noche, durante la cena, se inclinó hacia mí y me dijo: «Jen, oré y le pedí a Dios que me enviara a su pueblo». Poco después, comenzó a encontrarse regularmente con otros creyentes en Jesús. ¡Una vez, conoció a tres en un día!
Llevar la buena noticia
El hombre cosechaba cebollas cuando nos acercamos a él durante las visitas a hogares en nuestro viaje misionero a Ecuador. En un español entrecortado, le dije que queríamos hablar brevemente con él sobre la Biblia. Se detuvo para escucharnos mientras compartíamos nuestros testimonios. Luego, uno de mis compañeros comenzó a leer las Escrituras en voz alta en inglés. ¡Qué momento tan sagrado fue oír el evangelio en las laderas de los Andes, mientras el hombre seguía la lectura en español con el folleto que le habíamos dado! Conversamos con él y su familia, oramos por ellos y continuamos hacia la siguiente casa.
Con nosotros en la soledad
Henry David Thoreau describió una ciudad como un lugar donde muchas personas están «solas juntas». Estas palabras contienen algo de verdad. En mi juventud, canciones como Mr. Lonely y Only the Lonely abordaban la soledad y el aislamiento. En años recientes, la pandemia fue una de las épocas más solitarias que el mundo ha conocido. Las redes sociales también pueden alimentar esa soledad, brindándonos conexión sin relación. Quizá la soledad sea la nueva pandemia.
Descansar en Dios
Una noche, mi vecino Sam regresó a casa sin su coche. «Me lo robaron —le dijo a su esposa, y agregó—, me voy a dormir. Lo resolveré mañana». Su esposa estaba atónita. No podía entender cómo podía estar tan tranquilo, pero él explicó: «¿Qué más puedo hacer? Entrar en pánico no cambiará nada».
Dotado por Dios
El virtuoso compositor Ludwig van Beethoven es uno de los músicos más célebres de la historia. Casi dos siglos después de su muerte, sus composiciones siguen siendo de las más interpretadas. Sin embargo, un estudio sobre su ADN indica que quizá no haya nacido con algunas de sus habilidades, como podríamos suponer. Cuando sus genes se compararon con los de 14.500 personas que habían demostrado habilidad para mantener el ritmo (solo un aspecto del talento musical), su clasificación fue sorprendentemente baja.
Precioso para Dios
El cuadro estuvo colgado en la pared de una casa durante años, inadvertido y olvidado, hasta que un día se cayó. Cuando lo llevaron a un restaurador de arte para repararlo, este descubrió que era una obra maestra perdida de Rembrandt, titulada La adoración de los magos. Se creía que solo quedaban copias de la obra, pero allí estaba el original. De repente, el valor de la pintura se disparó hasta alcanzar cientos de millones de dólares.
¿Quién es mi prójimo?
En su cama de hospital, Marie Coble se alegró al ver al repartidor que probablemente le había salvado la vida. Se había caído en la entrada de su casa y golpeado la cabeza, lo que le causó una hemorragia cerebral. Al verla, Raheem Cooper la ayudó, mientras llamaba a los paramédicos. Ahora, la visita en el hospital y suele llevarle dulces.
Conocer y amar a otros
Hipócrates sacó la medicina del ámbito de la superstición y la llevó a la luz de la prueba y la observación. Pero nunca perdió de vista la humanidad del paciente: «Es mucho más importante saber qué tipo de persona tiene la enfermedad que qué enfermedad tiene la persona».
Una caja de jugo vacía
Cuando dirigí un ministerio para mamás de niños en edad preescolar, buscamos una imagen que describiera las exigencias interminables que enfrentan las madres: cambiar pañales, limpiar narices, recoger juguetes. Resultó ser que la imagen estaba justo frente a nosotros: una caja de jugo vacía y aplastada. Así pueden sentirse las madres. Ese ministerio las ayudó guiándolas hacia la Fuente de agua viva que llena por completo: Jesús.