Nuestro Pan Diario | Ministerios Nuestro Pan Diario - Part 10

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Un corazón sordo

Para mejorar en el lenguaje de señas, Leisa se sumergió en el mundo de los sordos. Enseguida se enteró de sus problemas: los que oyen los ignoran, se espera que lean perfectamente los labios, se los suele pasar por alto en los ascensos en el trabajo y la mayoría de los eventos públicos no se interpretan.

Ver a Dios en la creación

Kenny se paró frente a la congregación que había abandonado hacía años cuando perdió su fe en Dios, y compartió que había sido restaurado. ¿Cómo? Dios había tocado su corazón a través del diseño y la belleza que vio en la creación. El testimonio de la revelación general de Dios en el mundo natural lo llevó a abrazar ahora la sabiduría de la revelación especial de las Escrituras. Después de compartir su historia, su padre, con lágrimas de gozo, lo bautizó con base en su fe en Jesús.

Aldehuela de Belén

Phillips Brooks escribió la letra del preciado villancico Oh, aldehuela de Belén después de visitar ese lugar. Tan conmovido con su experiencia, les escribió a sus alumnos de escuela dominical: «Recuerdo […] la Nochebuena, parado en la antigua iglesia de Belén, cerca del lugar donde Jesús nació, cuando hora tras hora se escuchaban espléndidos himnos de alabanza a Dios, cómo una y otra vez me parecía oír voces […] que se contaban unas a otras sobre la “noche maravillosa” del nacimiento del Salvador».

Dios conoce todo

Según un artículo en The Wall Street Journal, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense sabe mucho sobre nosotros por la información en nuestros teléfonos celulares, que generan «metadata» que deja una «huella digital». Aunque cada porción individual de información parezca insignificante, combinarlas y analizarlas provee «una de las herramientas de investigación más poderosas que se haya inventado». Siguiendo nuestra metadata, se puede establecer dónde estuvimos y estamos en un determinado momento.

Devolverle a Dios

Un año, los líderes de nuestra congregación nos invitaron a dar ofrendas, además de las semanales, para construir un gimnasio para servir a la comunidad. Después de considerar en oración los gastos médicos por padecer una discapacidad, le pregunté a mi esposo: «¿Estás seguro de que podemos hacerlo?». Él asintió y dijo: «No le estamos dando a Dios nada que…

Miedo a lo desconocido

El primer día del año, el miedo me despertó a las tres de la mañana. La enorme carga que traería el año me abrumaba. Enfermedades en la familia me habían preocupado desde hacía tiempo, y ahora, el futuro me atemorizaba. ¿Ocurrirán más cosas malas?, pensaba.

La promesa de Dios más allá de las ruinas

Cuando el huracán Laura azotaba el Golfo de México en dirección a la costa estadounidense de Louisiana, las advertencias eran alarmantes. Un alguacil, ante vientos de 240 kilómetros por hora, emitió este mensaje impactante: «Por favor, evacúen. Pero si deciden quedarse y no podemos llegar adonde están, escriban su nombre, dirección, número de seguridad social y familiar cercano, y colóquenlo en una bolsita plástica en su bolsillo. Oramos para que no se llegue a esto». Los equipos de rescate sabían que, cuando Laura tocara tierra, lo único que podrían hacer sería ver el paso destructor de la tormenta.

La historia de Jesús

La mayoría de la gente nunca oyó sobre Kate Hankey, pero fue una mujer notable. Maestra, evangelista, organizadora escolar, misionera y poeta, sirvió fielmente a Jesús en la Inglaterra del siglo xix. En 1867, contrajo una grave enfermedad. Mientras se recuperaba, escribió un extenso poema en dos partes: «La historia deseada» y «La historia contada», donde expresa de una forma muy personal su relación con Jesús y los acontecimientos de su vida.

La mano de Dios

En 1939, ante el reciente comienzo de la guerra para Gran Bretaña, en su discurso de Navidad transmitido por radio, el rey Jorge vi procuró alentar a los ciudadanos del Reino Unido y la Comunidad Británica de Naciones a confiar en Dios. Citó un poema que le encantaba a su madre: «Sal a la oscuridad y pon tu mano en la mano de Dios. / Eso te será mejor que la luz y más seguro que un camino conocido» (trad. lit.). El rey no sabía qué traería el nuevo año, pero confiaba en que Dios los guiaría y sostendría en los días difíciles que se avecinaban.

¿Por qué yo, Dios?

Jaime ha estado batallando contra una enfermedad neuromotora durante más de un año, y sus músculos se están atrofiando. Ha perdido la motricidad fina y casi no puede controlar sus extremidades. No puede abrochar sus camisas ni atar sus zapatos, y usar palillos chinos se ha vuelto imposible. Ante esta situación, Jaime se pregunta: ¿Por qué Dios permite que pase esto? ¿Por qué a mí?