Perder todo
El momento no podría haber sido peor. Después de hacer una pequeña fortuna dirigiendo obras de puentes, monumentos y edificios grandes, César aspiraba a un nuevo emprendimiento. Entonces, vendió su empresa y colocó el dinero en el banco, planeando invertirlo pronto. Durante ese breve lapso, su gobierno se apoderó de todas la cuentas bancarias privadas, y en un instante, todos sus ahorros se evaporaron.
Lidiar con el desánimo
Después de reunir dinero durante todo el año para el «viaje de su vida», un grupo de alumnos del último grado de una escuela secundaria llegó al aeropuerto y descubrió que muchos le habían comprado pasajes a una empresa fantasma. Sin embargo, aunque tuvieron que cambiar de planes, decidieron «aprovechar la situación lo mejor posible». Disfrutaron dos días en centros de entretenimiento cercanos, que les donaron los billetes.
Afligido pero esperanzado
Después de la invitación del pastor al final de la reunión en la iglesia, Latriece pasó al frente. Cuando le pidieron que saludara a la congregación, nadie estaba preparado para sus palabras profundas y maravillosas. Se había mudado de Kentucky después de que unos tornados devastadores en diciembre de 2021 se habían llevado la vida de siete de sus familiares. «Todavía puedo sonreír porque Dios está conmigo», dijo. Aunque las pruebas la habían lastimado, su testimonio fue un poderoso aliento para los que estaban enfrentando dificultades personales.
¡Qué gran amigo!
Habían pasado muchos años desde que mi viejo amigo y yo nos habíamos visto. Durante ese tiempo, le habían diagnosticado cáncer y comenzado los tratamientos. Un viaje inesperado al estado donde vivía me dio la oportunidad de verlo. Cuando entré en el restaurante, se nos llenaron los ojos de lágrimas. Hacía mucho que no estábamos en un mismo lugar, y ahora la muerte se asomaba para recordarnos la brevedad de la vida. Nuestras lágrimas brotaban de una larga amistad llena de aventuras, recuerdos, risas, pérdidas… y amor.
Generosidad de corazón
Nunca nadie murió diciendo: «Estoy tan feliz por la vida egocéntrica, autocomplaciente y autoprotectora que tuve», dijo el escritor Parker Palmer en un discurso de graduación en el cual instaba a los egresados a «brindarse al mundo […] con generosidad de corazón».
Testigos
En su poema The Witnesses [Los testigos], Henry Wadsworth Longfellow describió un barco de esclavos hundido. Al mencionar «esqueletos encadenados», se lamenta de las incontables víctimas anónimas de la esclavitud. La última estrofa dice: «Este es el infortunio de los Esclavos, / que miran con furor desde el abismo, / clamando desde sepulcros desconocidos; / ¡Nosotros somos los Testigos!» (trad. libre).
La Iglesia eterna de Dios
«¿Terminó la iglesia?», preguntó una joven madre que llegaba con dos niños cuando la reunión dominical estaba finalizando. Pero un ujier le dijo que una iglesia cercana tenía dos reuniones los domingos, y que la segunda empezaba pronto. Se ofreció para llevarla y la joven aceptó, contenta de ir algunas cuadras hasta la otra iglesia. Después, reflexionando, el ujier llegó a esta conclusión: «¿Terminó la iglesia? Jamás. La Iglesia de Dios continúa para siempre».
Talento para animar
«¡Tus abejas están revoloteando». Mi esposa se asomó por la puerta y me dio una noticia que ningún apicultor quiere oír. Salí corriendo y vi miles de abejas que volaban desde la colmena hacia la copa de un pino alto… para nunca más volver.
Encontrar espacios abiertos
En su libro Margin [Margen], el Dr. Richard Swenson escribe: «Debemos tener algún lugar para respirar. Necesitamos libertad para pensar y permiso para sanar. Nuestros vínculos están siendo devorados por la velocidad […]. Nuestros hijos yacen heridos, aplastados por nuestras aceleradas buenas intenciones. ¿Está Dios ahora a favor del agotamiento? ¿Ya no guía más a las personas a aguas de reposo? ¿Quién saqueó esos espacios abiertos del pasado y cómo podemos recuperarlos?». Swenson dice que necesitamos «tierra» tranquila donde podamos descansar en Dios y encontrarnos con Él.
El poder de Cristo
En 2013, unos 600 espectadores observaron al trapecista Nik Wallenda cruzar sobre una cuerda tensada un desfiladero de 450 metros de ancho cerca del Cañón del Colorado. Wallenda dio el primer paso y agradeció a Dios por el paisaje, mientras la cámara en su cabeza apuntaba hacia el valle abajo. Cruzó con tanta calma como si estuviera paseando por una acera. Cuando el viento se volvió peligroso, se detuvo y se agachó. Luego, recuperó el equilibrio y dio gracias a Dios por «calmar ese cable». En cada paso, demostró su dependencia del poder de Cristo a todos los que han escuchado, entonces y ahora, al mirar el video.