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Pedacito de cielo

Hace un tiempo, mi esposa encontró a una mujer que necesitaba transporte. Al pensar que quizá Dios había preparado la situación, aceptó llevarla. En el trayecto, la mujer le contó que era creyente, pero que estaba luchando contra un problema de drogadicción. Mi esposa escuchó a esta angustiada mujer y luego le habló. Mientras le daba esperanzas sobre un mañana mejor, creo que, en cierta medida, esa mujer experimentó un pedacito de cielo en la tierra.

Amor tangible

La biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, alberga una maravillosa colección de fragmentos antiguos de la Biblia. Uno de ellos, muy pequeño, es una porción de Juan 19. Esta parte del Evangelio de Juan describe el momento en que Jesús, durante Su crucifixión, le habló a Su madre demostrando el amor que sentía por ella y el interés en su bienestar. Las palabras pertenecen al versículo 26, donde leemos: «Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo».

Zona protegida

Cuando los horrores de la guerra asolaron a los habitantes de Nanjing, en China, ni las mujeres se salvaron de la creciente violencia, y muchas fueron atacadas y asesinadas. En este entorno amenazador, Minnie Vautrin tomó medidas heroicas para impedir que las mujeres chinas fueran heridas. Mientras servía como misionera y maestra en Ginling College, en Nanjing, Minnie colaboró con el pueblo chino, misioneros, cirujanos y empresarios, y convirtió la escuela en una «zona protegida», un lugar de refugio para miles de mujeres y niñas.

Inclinarse hacia Dios

El Hermano Lawrence, cocinero en un monasterio del siglo xvii, me ha enseñado muchas cosas sobre cómo recordar de manera consciente a Dios. En su libro La práctica de la presencia de Dios, Lawrence menciona formas prácticas de «ofrecerle a Dios tu corazón una y otra vez durante el transcurso del día», incluso mientras se realizan tareas como cocinar o reparar zapatos. «La profundidad espiritual de la persona —decía él— no depende de cambiar las cosas, sino de modificar las motivaciones; es decir, hacer para Dios lo que comúnmente haces para ti».

Tiempo para ti

El historiador Casio Dion registró un acontecimiento revelador de la vida del emperador romano Adriano, que gobernó en 117–138 d.C.: «En una ocasión, cuando una mujer le hizo un pedido [a Adriano] mientras pasaba por allí durante un viaje, al principio él le dijo: “No tengo tiempo”; pero después, cuando ella exclamó, “entonces, deja de ser emperador”, él se volvió y le concedió una audiencia».

Que Dios elija

Quizá tengamos anhelos secretos que son demasiado profundos como para contárselos a otras personas. Puede ser algo relacionado con el matrimonio, con un trabajo o ministerio que nos gustaría realizar, o con un lugar especial donde querríamos servir. Debemos colocar cada deseo en las manos de Dios y orar, diciendo: «Señor, elige por mí. No lo haré solo».

La devoción de Dios

En 1826, el escritor británico Thomas Carlyle se casó con Jane Welsh, otra escritora de renombre. Ella se dedicó a respaldar el éxito de su esposo y lo ayudaba de todo corazón.

¿Importan las palabras?

Escuché decir a un adolescente de una familia creyente: «Mi mamá no cree que esté mal decir palabrotas». Luego aclaró cuáles le parecían aceptables a ella; eran términos que desde hace mucho tiempo se han considerado inapropiados.

Prueba de recesión

En su sermón titulado «¿Para qué sirve la recesión?», el pastor John Piper sugiere que, cuando la economía cae en picada, Dios tiene Sus propósitos. Algunos de estos propósitos podrían ser los siguientes:

Buscar satisfacción

En lo que respecta a resolver rompecabezas, todos sabemos que, para disfrutar de un resultado satisfactorio, se necesitan todas las piezas. En muchos aspectos, lo mismo sucede con la vida. Pasamos los días acomodando cosas, con la esperanza de elaborar un cuadro completo uniendo todas las partes desparramadas.