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El Hermoso

Durante más de 130 años, la torre Eiffel ha sobresalido majestuosa en París; símbolo de esplendor y belleza arquitectónica. La ciudad la promueve orgullosamente como un elemento clave de su magnificencia.

Un paréntesis significativo

Mientras me preparaba para la reunión de recordación de la vida de mi mamá, oré por las palabras correctas para describir sus «años paréntesis»: aquellos entre su nacimiento y su muerte. Reflexioné en los años buenos y no tan buenos en nuestra relación. Alabé a Dios por el día en que aceptó a Jesús como Salvador. Agradecí al Señor por ayudarnos a crecer juntas en la fe y por aquellos que me contaron cómo ella los había alentado con su bondad y orado por ellos. Mi mamá imperfecta había disfrutado de un paréntesis significativo: una vida bien vivida para Jesús.

El rey invisible

Peregrino es un musical basado en El progreso del peregrino, una alegoría de la vida de un creyente en Jesús. En la historia, todas las fuerzas invisibles del mundo espiritual se hacen visibles a la audiencia. El personaje del Rey, que representa a Dios, está en el escenario durante casi toda la obra. Vestido de blanco y bloqueando los ataques del enemigo, sostiene tiernamente a los afligidos e impulsa a otros a hacer el bien. A pesar de su papel indispensable, los principales personajes humanos no pueden verlo físicamente; solo los efectos de lo que hace.

Adoración transformadora

Susy lloraba sentada afuera de la unidad de terapia intensiva; paralizada por el miedo. Los pulmones de su bebé de dos meses estaban llenos de líquido, y los doctores dijeron que harían todo lo posible para salvarlo, pero sin garantías. Dice que, en ese momento, «sintió el delicado impulso del Espíritu Santo que le recordaba adorar a Dios». Sin fuerza para cantar, reprodujo canciones de alabanza en su teléfono durante los tres días siguientes en el hospital. Mientras adoraba, encontró esperanza y paz. Hoy señala que la experiencia le enseñó que «la adoración no cambia a Dios, pero sí a la persona».

Con pequeñeces

Cuando el cáncer la golpeó, Elsa estaba preparada para ir al cielo con Jesús. Pero se recuperó, aunque la enfermedad la dejó inmóvil. Eso también hizo que se preguntara por qué Dios permitió que siguiera viviendo. Entonces, le preguntó: «¿Qué bien puedo hacer? No tengo mucho dinero ni capacidades, y tampoco puedo caminar. ¿Cómo puedo serte útil?».

Jesús quita la mancha

«¡¿Será… posible?!», grité mientras revolvía buscando mi camisa en la secarropas. Cuando la encontré, había algo más… estaba manchada con tinta. En realidad, parecía la piel de un jaguar: manchas de tinta por todos lados. Era evidente que no había revisado los bolsillos, y un bolígrafo que goteaba había manchado toda la carga.

Vivir de verdad

Miles de personas oraron por el pastor Ed Dobson cuando le diagnosticaron ELA en el año 2000. Muchos creían que Dios respondería de inmediato sanándolo. Después de 20 años de luchar con esta enfermedad que lentamente atrofiaba sus músculos, alguien le preguntó por qué Dios no lo había sanado todavía; a lo que respondió: «No hay una buena respuesta, así que no pregunto». Su esposa agregó: «Si uno está siempre obsesionado con obtener respuestas, no se puede vivir de verdad».

Nuestro verdadero refugio es Dios

Después de la muerte de su esposa, Alfredo sintió que podría soportar el dolor mientras siguiera desayunando los lunes con sus amigos jubilados, que lo alentaban. Cuando se ponía triste, pensaba en la próxima vez que disfrutaría de su compañía. Su mesa en el rincón era su lugar seguro para superar la angustia.

Tiempo para celebrar

Nuestra iglesia en Virginia realizaba los bautismos en el río Rivanna, donde el sol suele brillar con calidez, pero el agua es helada. Después del servicio en la iglesia, íbamos a un parque donde los vecinos arrojaban discos voladores y los niños abarrotaban el área de juegos. Éramos una especie de espectáculo en la ribera del río. Parado en el agua helada, yo leía las Escrituras y sumergía a los que se bautizaban, en esa expresión tangible del amor de Dios. Cuando salían, calados hasta los huesos, brotaban exclamaciones y aplausos. Al llegar a la orilla, familiares y amigos abrazaban a los recién bautizados… todos empapados. Compartíamos pasteles, bebidas y bocadillos. Los que miraban no siempre entendían qué pasaba, pero sabían que era una celebración.

Instrumentos de bien

El delincuente fue arrestado, y el detective le preguntó por qué había atacado descaradamente a alguien frente a tantos testigos. La respuesta fue asombrosa: «Sabía que no iban a hacer nada; nunca lo hacen». Este comentario describe lo que se llama «conocimiento culpable»: decidir ignorar un delito aunque uno sepa que se está cometiendo.