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Observar y esperar

En Isaías 18, parece que el mundo entero está listo para luchar contra el pueblo de Dios. Sin embargo, ¿cómo reacciona el Todopoderoso? «Me estaré quieto, y los miraré desde mi morada…» (v. 4). Su quietud tal vez da la idea de que acepta la conspiración contra ellos. Pero no era así. Con su respuesta, le recuerda que Él obra a su tiempo; en el momento preciso y conforme a su voluntad.

Artículos sin uso

Mi primera bicicleta tenía un solo cambio. Cuando iba rápido o lento, en subida o en bajada, ese cambio hacía todo. La siguiente tenía tres cambios: uno para superficies llanas, otro para subir y un tercero para bajar. La tercera tenía diez, lo que me permitía un rango más amplio de posibilidades. Sin embargo, aunque tenía varias opciones, no las usaba todas cada vez que andaba. Algunas eran mejor para arrancar o ascender; otras eran solo para lograr velocidad; y otras, para pasear. Pero lo importante de aquellos cambios es esto: Aunque no los usaba todos al mismo tiempo, eso no significaba que nunca los necesitaría.

¿Dónde está Dios?

Conocí un hombre que estaba absolutamente convencido de que Dios no podía perdonarle todo lo que había hecho. Un anciano se ocupó de él, y, al año, me alegró saber que aquel joven, además de haber aceptado a Cristo como su Salvador, estudiaba fervientemente las Escrituras. Sin embargo, tres años después, cuando hablé con él, noté que había perdido el entusiasmo y que se quejaba, diciendo: «No entiendo cómo puede Dios permitir que los malos prosperen mientras tantos hijos suyos (incluido yo, podría haber agregado) luchan para llegar a fin de mes». Las quejas le habían quitado el gozo de la fe.

Antes del principio

Cuando mi hijo era adolescente, me hizo una de esas preguntas que hacen que uno merezca su salario como padre. «Papá —inquirió Esteban—, si Dios ha existido desde la eternidad, ¿qué hacía antes de crear el universo?».

Ni más ni menos

Hace poco, leía sobre lo sencillo que es falsear el mensaje de la Biblia. Quizá tratamos de hacer que respalde lo que ya creemos en vez de permitir que nos transmita lo que Dios desea decirnos. Algunos la usan para defender un aspecto de un tema, mientras que otros hacen lo mismo para oponerse. Ambos citan las Escrituras para respaldar sus opiniones, pero los dos no pueden tener razón.

Escolta en el valle

He oído personas que dicen: «No tengo miedo de morir porque sé que voy al cielo; ¡lo que me aterroriza es el proceso hasta llegar a la muerte!». Sí, como creyentes, anhelamos ir al cielo, pero quizá tengamos miedo de morir. Admitir esto no debe avergonzarnos. Es natural tenerle miedo al dolor que acompaña a la muerte, a separarnos de los seres amados, al posible empobrecimiento de nuestra familia y al remordimiento por las oportunidades terrenales perdidas.

Lecciones de una cerca

Cuando un viento huracanado derrumbó una parte de la cerca que rodea nuestra casa, mi primera reacción fue culpar al hombre que la había colocado pocos meses antes. Tras un momento de reflexión, me di cuenta de que la culpa era mía. Cuando estaba casi terminada, le dije al constructor que no hacía falta reemplazar cuatro postes de la cerca anterior con otros de cemento. «Solo fije la nueva cerca a los postes viejos —dije—. Quedará bien». Así fue… hasta que llegó el viento.

Palacio del maíz

Todos los años, el Palacio del Maíz, en Mitchell, Estados Unidos, exhibe hermosos murales: aves volando, carruajes Conestoga camino al Oeste, tipis de los aborígenes norteamericanos y escenas rurales. No obstante, esos murales tienen una particularidad: están hechos de maíz, semillas y hierbas. Los que se exhiben al aire libre se reemplazan cada año; en parte, porque las aves hambrientas los comen.

Una iglesia en marcha

Mi esposa Shirley y yo disfrutamos de un crucero por los fiordos de Noruega, para celebrar nuestro 50º aniversario de casados. En el trayecto, paramos en varios pueblos y aldeas, y visitamos varias iglesias. Entre ellas, una del siglo xii, a la que nuestra guía describió orgullosamente como «una iglesia todavía en marcha». Le pregunté: «¿Qué quiere decir?». Se refería a la época de la iglesia estatal, cuando los pastores designados solo cobraban sus salarios, pero nadie asistía a los cultos. Sin embargo, esa iglesia había continuado con los cultos y sirviendo fielmente al Señor… ¡durante casi 1.000 años!

¿Pánico o plegarias?

Una mujer de 85 años, sola en un convento, quedó atrapada en un ascensor cuatro noches y tres días. Gracias a Dios, tenía una jarra de agua, unos trozos de apio y unas gotas para la tos. Tras intentar sin éxito abrir la puerta para conseguir señal para el teléfono móvil, decidió encomendarse a Dios en oración. «Era… o pánico o plegarias», dijo luego por televisión. Desesperada, confió en el Señor y esperó hasta que la rescataron.