Un dilema espiritual
En promedio, una persona consulta su teléfono 150 veces al día. Piensa en esto un momento. Algo ha captado nuestra atención, y puede que no sea para nuestro bien. Tristan Harris lo cree. Es una de las voces de un documental con algunos de los principales nombres de la tecnología, personas que nos introdujeron en las «redes sociales». En este documental titulado El dilema de las redes sociales, sus voces hacen sonar una alarma: «Nosotros somos el producto. Nuestra atención es el producto que se vende a los anunciantes». Prestamos atención a lo que consideramos valioso o digno. Y en un sentido muy real, llegamos a adorar aquello a lo que prestamos atención.
Los tesoros de nuestro Padre
Es solo una vieja navaja de bolsillo, desgastada por el tiempo, pero era uno de los tesoros de mi padre. Un día me la dio y me dijo: «Es una de las pocas cosas que tengo de tu abuelo». Mi abuelo murió cuando mi padre era joven, y papá atesoraba la navaja porque atesoraba a su padre.
No murmurar contra Dios
Como respuesta a la oración, unos fondos inesperados del seguro de Alex ya habían pagado su tratamiento dental. Ahora era necesario otro tratamiento. ¿De dónde sacaré el dinero?, murmuró Alex, preocupado.
Todo se perdona
En uno de sus cuentos cortos, Ernest Hemingway presenta a un padre que anhela reunirse con su hijo distanciado. Pone un anuncio en un periódico local: «Paco, reúnete conmigo en el Hotel Montana el martes al mediodía. Todo está perdonado». Cuando el padre llega, se encuentra con 800 Pacos que respondieron a su anuncio, anhelando ser perdonados por sus padres.
Triunfo de la bondad en Cristo
Cuando Jackie Robinson, el primer jugador negro de las Grandes Ligas, jugó en el Shibe Park de Filadelfia, Doris, una niña de diez años, estaba en la tribuna con su padre. Un anciano negro se sentó junto a ellos y entablaron una conversación sobre el partido. Más tarde, Doris reflexionó: «Nunca olvidé a ese hombre y su sonrisa». La encantadora interacción entre Doris —una niña blanca— y el amable anciano —hijo de esclavos— fue un punto brillante aquel día.
Ideal para Jesús
Los desafíos de Eric durante su niñez incluyeron un grave sarpullido, dificultades escolares y adicción al alcohol y las drogas desde muy temprana edad. Pero el que se apodaba el «rey del mal» descubrió que sobresalía en el béisbol; hasta que lo abandonó tras desanimarse frente a la discriminación. Esto le permitió tener más tiempo para usar y traficar drogas.
Belleza de la adversidad
El artista Degas padeció una enfermedad en la retina durante los últimos 50 años de su vida que hizo que dejara de pintar al óleo, ya que las líneas de las tizas pastel eran más fáciles de ver. A Renoir le tenían que colocar los pinceles entre los dedos cuando la artritis se los deformó como garras. Y cuando una cirugía dejó inmóvil a Matisse, se volcó al collage, dirigiendo a sus asistentes para que pegaran trozos de papeles de colores a una hoja más grande sobre la pared. En cada caso, se produjo un logro creativo: las Bailarinas de azul, de Degas; Muchachas al piano, de Renoir; La tristeza del rey, de Matisse; y otras obras maestras. Al adaptarse a las pruebas, la belleza emergió de la adversidad.
Dios nunca nos pierde
En Estados Unidos, el Departamento de Transporte informó que, en 2021, las aerolíneas manejaron mal dos millones de maletas. Felizmente, muchas se retrasaron o perdieron por poco tiempo. Pero miles se perdieron para siempre. Con razón está surgiendo un mercado de GPS que se incorporan al equipaje y permiten rastrearlo cuando las aerolíneas ya no lo hacen. Todos tememos que los encargados no sean confiables para mantener un seguimiento de lo importante.
Seguir los planes de Dios
La ansiedad me impedía concentrarme en un proyecto de trabajo; tenía miedo de que mis planes no tuvieran éxito. Mi ansiedad provenía del orgullo. Creía que mi cronograma y procedimientos eran mejores, por eso quería que avanzaran sin obstáculos. Sin embargo, se me cruzó una pregunta: ¿Son tus planes los planes de Dios?
Cuando ellos no ven
Nuñez rodó por la montaña hasta un valle donde todos eran ciegos. Una enfermedad les había quitado la vista a los moradores originales, y las generaciones subsiguientes —todas nacidas ciegas— se habían adaptado a vivir sin poder ver. Nuñez trató de explicarles cómo era tener vista, pero nos les interesó. Finalmente, encontró un sendero entre las montañas que le impedían dejar el valle. ¡Era libre! Pero desde allí, vio que un alud estaba por aplastar a los ciegos. Trató de advertirles, pero lo ignoraron.