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Relojes y calendarios

Mi padre murió a los 58 años de edad. Desde entonces, hago una pausa el día en que falleció para recordar a Papá y reflexionar sobre su influencia en mi vida. Cuando me di cuenta de que había vivido más años sin mi papá que con él, empecé a meditar en la brevedad de mi propia vida.

Los años de masticar

Hace poco, mi esposa me regaló un cachorro de labrador, al que llamamos Max. Un día, cuando Max estaba conmigo en mi estudio, escuché el sonido de papeles que se rasgaban. Cuando me di vuelta, encontré a un perrito con expresión culpable, que tenía un libro abierto y una página que le colgaba de la boca.

Detenerse

Mi amiga y yo estábamos sentadas en la arena, cerca del ondulante océano. Ola tras ola se encrespaba, hacía una pausa y luego se extendía hacia nuestros pies, deteniéndose casi a punto de tocarnos. «Me encanta el océano —dijo ella sonriendo—. Se mueve para que yo no tenga que hacerlo».

Comunión interrumpida

El grito fuerte y doloroso atravesó el aire de la tarde oscura. Me imagino que ahogó el sonido del lamento de aquellos amigos y seres amados reunidos al pie de la cruz. Es probable que haya silenciado los lamentos de los criminales que morían a ambos lados de Jesús. Y, sin duda, sorprendió a todos los que lo oyeron.

Cuando faltan las palabras

Hace poco, le envié un mensaje a mi esposa Cari, pero mediante una grabación de voz. Estaba por salir para ir a buscarla al trabajo y llevarla a casa, y mi intención fue decirle: «¿Dónde quieres que te encuentre, viejita?».

Mirar el horizonte

No bien el barco empezó a moverse, mi hijita dijo que se sentía mal. Los mareos habían empezado a afectarla. Poco después, yo también me sentía mareada. Solo mira el horizonte, me dije. Los marineros dicen que eso ayuda a recuperar la sensación de perspectiva.

El último llamado

Después de servir a su país durante décadas como piloto de helicópteros, Santiago volvió a su comunidad para trabajar como maestro. Pero como extrañaba volar, trabajó en un hospital en evacuaciones médicas.

Dios con piel

Mi esposo se fue de viaje durante un mes, y, casi de inmediato, quedé abrumada por las obligaciones de mi trabajo, nuestra casa y nuestros hijos. Se acercaba la fecha de entrega de un escrito. La cortadora de césped se rompió. Mis hijos estaban de vacaciones escolares y aburridos. ¿Cómo me encargaría de todo eso sola?

Nadie como yo

De niña, cuando me sentía sola, rechazada o triste, mi madre intentaba a veces alentarme cantando un conocido estribillo: «Nadie me quiere, todos me odian. Creo que me iré a comer gusanos». Cuando una sonrisa aparecía en mi cara apesadumbrada, ella me ayudaba a ver cuántas relaciones y razones especiales tenía para estar agradecida.

Sabiduría accidental

Hace unos años, una mujer me contó sobre una ocasión en que había encontrado a su hijo adolescente mirando las noticias sobre un hecho violento. Instintivamente, tomó el control remoto y cambió de canal. «No necesitas ver esas cosas», le dijo un poco enojada. Después de una discusión, le dijo que necesitaba llenar su mente con «todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo» (Filipenses 4:8). Después de cenar, ella y su esposo estaban mirando el noticiero cuando, de repente, su hijita de cinco años entró corriendo y apagó el televisor. «No necesitan ver esas cosas —dijo con su mejor voz de “mamá”—. ¡Piensen en esas cosas de la Biblia!».