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Amor de otra clase

Una de mis iglesias favoritas comenzó hace años como un ministerio con exprisioneros que se estaban reinsertando en la sociedad. Ahora, crece con personas de todas las esferas de la vida. Me encanta esa iglesia porque me recuerda lo que imagino que será el cielo: lleno de diferentes clases de personas, todos pecadores redimidos, todos unidos por el amor de Jesús.

Tu lugar seguro

Mi hija y yo estábamos preparándonos para ir a una reunión familiar. Como ella estaba nerviosa por el viaje, me ofrecí para conducir. «Está bien. Pero me siento más segura en mi auto. ¿Puedes conducirlo?», preguntó. Supuse que prefería su vehículo porque era más grande que el mío, así que respondí: «¿El mío es demasiado chico?», a lo que contestó: «No, es que mi auto es mi “lugar seguro”; y no sé por qué me siento protegida».

Una belleza interminable

Me encanta contemplar el Gran Cañón del Colorado. Cada vez que me acerco a la orilla, descubro nuevas pinceladas de la mano creadora de Dios que me dejan sin aliento.

¡Tenemos el poder!

El ruido fuerte me alarmó. Al reconocer el sonido, corrí hacia la cocina. Accidentalmente, había encendido la cafetera vacía. La desenchufé y tomé el mango del recipiente. Después, palpé el fondo para asegurarme de que no estuviera demasiado caliente para apoyarlo sobre la mesada, y la suave superficie me quemó los dedos, dejando ampollas en mi piel.

Piedras que hablan

Después de siglos de guerra y destrucción, la Jerusalén moderna está literalmente construida sobre sus propios escombros. De visita con mi familia, caminábamos por la Vía Dolorosa, el sendero que, según la tradición, Jesús recorrió al dirigirse hacia la cruz. Como hacía calor, nos detuvimos a descansar y bajamos al sótano fresco del Convento de las Hermanas de Sion, donde me llamó la atención un antiguo pavimento de piedras desenterrado durante unas construcciones recientes; piedras grabadas con juegos con los que se entretenían los soldados romanos en los momentos de ocio.

Influencia invisible

En la Galería Nacional de Arte en Washington, D.C., vi una obra maestra titulada «El viento». Mostraba una tormenta que azotaba una zona boscosa. Los árboles altos y delgados estaban inclinados hacia la izquierda, mientras los arbustos rodaban en la misma dirección.

Habitación 5020

Jay Bufton convirtió su habitación del hospital en un faro.

Cuidar la creación

Las «grandes marrones» están desovando en el Río Owyhee; son truchas de ese color que comienzan su ritual de anidación en otoño. Puedes verlas excavando sus nidos entre las piedras superficiales.

Sostenido por Dios

Cuando estábamos terminando de almorzar juntas, mi hermana le dijo a Annica, mi sobrina de tres años de edad, que era hora de tomar una siesta. Con ojos alarmados y llenos de lágrimas, la pequeña objetó: «¡Pero tía Mónica todavía no me sostuvo a upa hoy!». Mi hermana sonrió: «Está bien. Puede hacerlo. ¿Cuánto tiempo necesitas?». «Cinco minutos», contestó.

Un nombre nuevo

En el artículo titulado El liderazgo y los nombres, Mark Labberton escribió sobre el poder de un nombre. Dijo: «Todavía siento el impacto que me produjo un amigo experto en música cuando me llamó “músico”. Nunca nadie me había llamado así. Yo no tocaba ningún instrumento ni tampoco era solista. Sin embargo, […] al instante, me sentí conocido y amado […]. Notó, confirmó y valoró algo profundamente cierto acerca de mí».