Invertir en el futuro
Jason Bohn era estudiante universitario cuando convirtió un hoyo en un solo golpe jugando al golf y ganó un millón de dólares. Aunque otros podrían haber despilfarrado ese dinero, Bohn tenía un plan. Como deseaba ser profesional de ese deporte, usó el premio como un fondo para vivir y entrenarse, y mejorar su talento deportivo. El efectivo se convirtió en una inversión para su futuro, la cual le dio sus dividendos cuando ganó el torneo B. C. Open de 2005 de la PGA (Asociación de Golf Profesional). Sin duda, su decisión de invertir a largo plazo en vez de vivir el momento fue sabia.
¡Papá no dijo «Ay»!
Tengo un amigo que, una noche, estaba trabajando en la oficina de su casa tratando de terminar una tarea impostergable. Su hijita, que en ese entonces tenía unos cuatro años, jugaba alrededor del escritorio entreteniéndose con una cosa y otra, moviendo objetos de un lado para otro, abriendo los cajones y haciendo bastante ruido.
Carácter en juego
Un entrenador de fútbol americano de una universidad en el Bronx (en Nueva York) formó su equipo sobre las buenas cualidades del carácter. En lugar de poner el nombre de cada uno en la parte posterior de las camisetas, los jugadores del Maritime College tenían palabras tales como familia, respeto, responsabilidad y entereza. Antes de cada competición, el entrenador Clayton Kendrick-Holmes les recordaba a los integrantes de su equipo que jugaran guiados por esos principios.
La regla de Wooden
Un legendario entrenador de baloncesto de la UCLA tenía una regla muy interesante para su equipo. Cuando un jugador marcaba una canasta, debía reconocer al miembro del equipo que le había pasado el balón. Cuando dirigía en una escuela secundaria, un jugador le preguntó: «Entrenador, ¿eso no va a restar mucho tiempo?». Wooden respondió: «No estoy pidiendo que vayas corriendo y lo abraces. Solo basta con hacerle un gesto de aprobación con la cabeza».
Deuda de gratitud
Dave Randlett fue alguien del cual puedo decir: «Por causa de él, mi vida nunca será igual». Dave, que se fue al cielo en octubre de 2010, se convirtió en mi mentor cuando yo estudiaba en la facultad y estaba empezando a seguir a Cristo. Él no sólo invirtió tiempo en mi vida, sino que se arriesgó a darme oportunidades de crecer y aprender en el servicio para el Señor. Fue el instrumento de Dios para que yo tuviera posibilidades de predicar y viajar con un conjunto musical durante mis años de estudio. Como consecuencia, ayudó a moldearme y prepararme para una vida como maestro de la Palabra de Dios. Me alegra haber podido darle las gracias en varias ocasiones.
La manera de andar
Un programa de televisión que me gusta ver tiene un segmento llamado «cambio radical». Se eligen dos mujeres para acicalarlas durante tres horas y renovarles el peinado, el maquillaje y la vestimenta. La transformación suele ser asombrosa. Cuando la mujer aparece de detrás de una cortina, la audiencia da un grito sofocado y queda boquiabierta. A veces, los amigos y los familiares empiezan a llorar. Después de todo eso, la mujer con la nueva apariencia finalmente puede verse a sí misma. Algunas quedan tan estupefactas que siguen mirándose al espejo como si buscaran probar que son ellas realmente.
¿Ocupado para conocer a Dios?
Un día, mientras esperaba para abordar un avión, un extraño que me oyó decir que era capellán empezó a describirme cómo era su vida antes de conocer a Cristo. Dijo que estaba marcada por «el pecado y el ensimismamiento. Pero después, conocí a Jesús».
Quedarse sin fuerzas
Cuando era adolescente, solíamos ir con mi papá a cazar y pescar. En la mayoría de los casos, los recuerdos son agradables, pero, una vez, un viaje casi se convirtió en un desastre. Subimos en el automóvil a una montaña alta y acampamos en un lugar remoto. Después, papá y yo bajamos con dificultad por la ladera del cerro hasta una corriente de agua, para pescar. Después de una larga jornada de pesca bajo el sol ardiente, llegó la hora de volver al campamento, pero cuando emprendimos el regreso, papá se puso pálido. Estaba mareado y con nauseas, y se había quedado casi sin fuerzas.
El Dios olvidado
Cuando citamos el Credo Apostólico, decimos: «Creo en el Espíritu Santo». El escritor J. B. Phillips declaró: «Cada vez que expresamos [esto], queremos decir que creemos que [el Espíritu] es un Dios viviente, capaz de entrar en la personalidad humana y cambiarla, y dispuesto a hacerlo».
El gozo de recordar
Un amigo que tengo desde hace mucho describía los días próximos a su cumpleaños número 90 como «un tiempo […] para reflexionar un poco, mirar el espejo retrovisor de mi vida y dedicar muchas horas a lo que yo llamo “la gracia de recordar”. ¡Es tan fácil olvidar todos los caminos por los que el Señor me ha guiado! “No olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2)».