Consejo sobre inversión
«Quiero ayudarlos a invertir sabiamente en su futuro». Esto fue lo que dijo el consultor financiero cuando empezó a hablar sobre invertir fondos en planes de jubilación privados o estatales. Quería que todos sus oyentes siguieran colocando dinero en el mercado financiero durante los vaivenes de la economía, porque, históricamente, al final daría importantes ganancias.
Un nuevo nombre
En el artículo Leading by Naming [El liderazgo y los nombres], Mark Labberton escribió sobre el poder de un nombre. Dijo: «Todavía puedo sentir el impacto que me produjo un amigo experto en música cuando me llamó “músico”. Nunca nadie me había llamado así. Yo no tocaba ningún instrumento ni tampoco era solista. Sin embargo, […] al instante me sentí conocido y amado […]. Notó, confirmó y apreció algo profundamente cierto acerca de mí».
El amor inalterable de Dios
El libro de Oseas, en el Antiguo Testamento, es la historia del amor fiel de Dios hacia su pueblo infiel. De un modo que nos parece extraño, el Señor le ordenó a Oseas que se casara con una mujer que quebrantaría los votos matrimoniales y lo haría sufrir (Oseas 1:2-3). Después de que ella abandonó al profeta por otro hombre, el Señor le dijo a Oseas que la recibiera de nuevo: un cuadro del «amor del Señor para con los hijos de Israel» (3:1).
Cicatrices hermosas
Hace varios años, estaba haciendo una caminata junto al Río Salmón y me encontré con una arboleda de pinos que tenían el tronco parcialmente descortezado. Un amigo mío, que es guardabosques, me había contado que los aborígenes norteamericanos que cazaban en esta zona mucho tiempo atrás habían quitado la corteza de los troncos y sacado la capa subyacente para hacer goma de mascar. Algunas de las marcas eran horribles, pero otras, llenas de sabia cristalizada y pulidas por el viento y el clima, se habían transformado en figuras de una extraña belleza.
¿De quién es el mérito?
Siempre me llamó la atención una poesía para niños llamada El pequeño Jack Horner: «El pequeño Jack Horner está sentado en el rincón, comiendo un pastel de Navidad. Mete un dedo en el pastel, saca una ciruela y dice: “¡Qué niño bueno que soy!”».
Corazón agradecido
De niño, mi ídolo era el explorador norteamericano Davy Crockett. En el libro Vida y aventuras de David Crockett, este personaje se enfrenta con una vista maravillosa que lo hace estallar en alabanza al Creador. El autor lo describe así: «Justo detrás de la espesura, había otra pradera inmensa y sin árboles, tan verde, tan hermosa, tan radiante de flores, que hasta el Coronel Crockett, totalmente desacostumbrado a todo sentimiento devocional, frenó su caballo y, mirando fascinado el paisaje, exclamó: “¡Oh, Dios, qué mundo tan bello has hecho para el hombre! Y sin embargo, ¡cuán pobremente te recompensa por ello! Ni siquiera te retribuye siendo agradecido”». Crockett reconocía que la obra de las manos del Creador demandaba reaccionar con gratitud; respuesta que suele pasarse por alto o ignorarse.
Detente y mira
Cuando mi oftalmólogo dice: «no se mueva», me quedo quieta. No discuto. No lo desafío. No hago nada mientras mira para otro lado. ¿Por qué? Porque es un renombrado cirujano óptico que está tratando de preservar mi visión y que necesita que yo colabore. Sería insensato ignorar sus instrucciones.
Mantenerse juntos
Durante años, los científicos se han preguntado cómo las hormigas de fuego o coloradas, cuyos cuerpos son más pesados que el agua, pueden sobrevivir a inundaciones que deberían destruirlas. ¿Cómo hacen para que colonias enteras se conviertan en balsas salvavidas que pueden flotar durante semanas? Un artículo del periódico Los Angeles Times explicaba que ingenieros de la Universidad Tecnológica de Georgia descubrieron que unos pequeños vellos del cuerpo de las hormigas atrapan burbujas de aire. Esto permite que miles de insectos, «que luchan y se esfuerzan para mantenerse a flote en el agua como las personas», aguanten la inundación cuando se mantienen juntos.
Cuando el viaje se complica
En agosto de 2009, Blair y Ronna Martin perdieron a Matti, su enérgico hijo de 9 años de edad, cuando una vaca de su granja lo arrastró hacia la muerte. Tuve la oportunidad de conocer a esta familia de Kenai, en Alaska, y compartir su dolor. Sé cuán terrible ha sido para ellos esta tragedia.
Despertar con su Palabra
Parpadeé un poco hasta abrir los ojos, pero la habitación todavía estaba oscura. Era demasiado temprano para levantarse. Suspiré, acomodé la almohada y esperé volver a dormirme. Lamentablemente, una lista de cosas por hacer me bombardeaba el cerebro. Tenía que comprar alimentos, llevarle la comida a una amiga, contestar un correo electrónico, pedir una cita para ir al médico…