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Caminar lento


Caleb estaba gravemente enfermo. Por una afección del sistema nervioso, el niño padecía una parálisis temporal. Sus padres, ansiosos, oraban y esperaban. Lentamente, su hijo empezó a recuperarse. Al tiempo, cuando los médicos le permitieron asistir a la escuela, Caleb solamente podía caminar con paso lento y vacilante.


La oscuridad y la luz


Cuando yo era jovencito, repartía periódicos en unas 140 casas en dos calles que estaban conectadas por un cementerio. Como se trataba de la edición matutina, tenía que salir a las tres de la mañana y atravesar ese cementerio en medio de la oscuridad. A veces, ¡tenía tanto miedo que lo atravesaba corriendo! El miedo no se me iba hasta que me encontraba parado a salvo debajo de una luz de la calle del otro lado. Esa luz hacía desaparecer la temida oscuridad.


Vengan a mí


Cuando Jesús vivió en este mundo, invitaba a la gente a ir a Él, y hoy sigue haciendo lo mismo (Juan 6:35). Pero ¿qué tienen Él y su Padre celestial que nosotros necesitemos?


El Cilindro de Ciro


En 1879, unos arqueólogos descubrieron en lo que hoy se conoce como Iraq (la Babilonia de la Biblia) un pequeño objeto notable. El Cilindro de Ciro registra lo que hizo el rey Ciro de Persia hace 2.500 años: permitir que un grupo de personas regresara a su tierra natal y reconstruyera sus «ciudades santas».


Carta desde la batalla


Durante más de dos décadas, Andrew Carroll ha incentivado a la gente a no tirar las cartas escritas durante la guerra por familiares o amigos. Como director del Centro de Cartas de Guerra de los EE.UU. de la Universidad de Chapman, en California, las considera un lazo irreemplazable para unir familias y fomentar el entendimiento. Declaró: «Las generaciones más jóvenes están leyendo estas cartas, formulando preguntas y diciendo: “Ahora entiendo lo que soportaste y sacrificaste”».


Conversación ardiente


En el norte de Ghana, de donde soy oriundo, es habitual que los arbustos ardan durante la estación seca. He visto grandes superficies de tierra labrada que se prenden fuego cuando los vientos arrastran cenizas de chimeneas o restos de cigarrillos que arrojan en los caminos. Como la vegetación está tan seca, una mínima chispa basta para iniciar un incendio devastador.


Levanta la mano

El coro Saint Olaf es famoso por hacer buena música. Una razón de su excelencia es el proceso de selección, ya que los postulantes no solo son elegidos por lo bien que cantan, sino también por cómo suenan en conjunto con los demás. Otra razón es que todos hacen del coro su prioridad, y se comprometen a ensayar con rigurosidad y a cumplir con las presentaciones.

El Cristo Redentor


La famosa estatua de El Cristo Redentor se ve desde toda la ciudad de Río de Janeiro, y representa a Jesús con los brazos extendidos, de modo que su propio cuerpo parece una cruz. El arquitecto brasileño Heitor da Silva Costa la diseñó, pensando que los habitantes de la ciudad la verían con las primeras luces del amanecer. Por la tarde, esperaba que vieran la puesta del sol como un halo detrás de la cabeza de la estatua.


Rescatar al renuente


Hace muchos años, durante una clase para salvavidas, el instructor nos enseñaba cómo salvar a alguien que se resiste al rescate: «Acérquense a la persona por detrás, colóquenle un brazo por encima del pecho para sujetarle los brazos y naden hacia un lugar seguro. Si van por delante, es probable que la persona los agarre y se hundan los dos». El pánico y el miedo pueden paralizar e impedir que uno piense y actúe con cordura.


Una voz en la noche


El Salmo 134 tiene solo tres versículos, pero es una prueba de que lo bueno puede venir en envase pequeño. Los dos primeros versículos son una advertencia a los sacerdotes que servían en la casa de Dios noche tras noche. El edificio estaba oscuro y vacío; no sucedía nada trascendente… o así parecía. De todos modos, se instaba a aquellos siervos, diciéndoles: «Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid al Señor» (v. 2). El tercer versículo es la voz de la congregación que clama en la oscuridad y soledad nocturnas: «¡Que te bendiga desde Sión el Señor, creador del cielo y de la tierra!» (RVC).