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Eso que tú haces

Cuando el convoy estaba por partir, un joven soldado golpeó apresurado la ventanilla del vehículo de su jefe de pelotón. Irritado, el sargento bajó la ventanilla y gritó: —¡¿Qué pasa?!

Con un poco de ayuda

El verano de 2015, Hunter (de 15 años) llevó en brazos a su hermano Braden (de 8) unos 90 kilómetros para que la gente tomara conciencia de las necesidades de quienes padecen parálisis cerebral. Braden pesa 27 kilos, así que Hunter tuvo que detenerse varias veces para descansar, mientras otros lo ayudaban a estirar los músculos. Aunque usaba arneses especiales para ayudarlo a soportar el dolor físico, Hunter dice que lo más alentador era la gente en el camino: «Me dolían las piernas, pero mis amigos me levantaban y podía seguir». La madre de estos muchachos llamó la ardua caminata «El paso decidido de la parálisis cerebral».

Llevar luz a la oscuridad

En 1989, Vaclav Havel pasó de ser prisionero político a convertirse en el primer presidente electo de Checoslovaquia. Años después, en su funeral en Praga, en 2011, la ex Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, nacida en Praga, lo describió como alguien que había «llevado la luz a sitios de profunda oscuridad».

El legado de una vida

Mientras me hospedaba en un hotel de un pequeño pueblo, noté que había movimiento en la iglesia al otro lado de la calle. La gente estaba apretujada dentro del edificio, en tanto que otro grupo de jóvenes y ancianos llenaba la acera. Cuando vi un coche fúnebre en la esquina, me di cuenta de que era un funeral. Como había tanta gente, supuse que se trataba de algún héroe local; quizá un empresario acaudalado o alguien famoso. Por curiosidad, le dije al empleado del hotel: «¡Cuántos concurrentes para un funeral! Seguro que es alguien muy conocido del pueblo».

Tu Padre sabe

T enía solo cuatro años y estaba acostado junto a mi padre sobre una alfombra en el suelo durante una calurosa noche de verano. (En esa época, mi madre tenía su propia habitación porque había tenido un bebé). Estábamos en el norte de Ghana, donde el clima es mayormente seco. El sudor me cubría el cuerpo y el calor me secaba la garganta. Tenía tanta sed que desperté a mi padre. En medio de aquella noche seca, él se levantó y tomó agua de una jarra para darme de beber. Durante toda mi vida, tal como en aquella noche, él fue un modelo de padre protector. Siempre me proveía lo que yo necesitaba.

Cuando no entendemos

A unque dependo diariamente de la tecnología para trabajar, no entiendo mucho cómo funciona. Enciendo la computadora, abro un documento Word y me pongo a escribir. De todos modos, mi incapacidad para entender cómo trabajan los microchips, los discos duros, las conexiones de Internet y las pantallas a todo color no impide que me beneficie de los avances tecnológicos.

Moldear el pensamiento

En esta era digital, se cumple la frase acuñada por el visionario Marshall McLuhan en 1964: «El mensaje está en los medios». Cuando las computadoras y los teléfonos celulares eran aún ciencia ficción, él predijo cómo influirían las comunicaciones en nuestra manera de pensar. Nicholas Carr explica que Internet está modelando el proceso de pensamiento y reduciendo la capacidad de concentración y reflexión. La información en línea penetra lentamente como una corriente de partículas.

Alivio del sol abrasador

Como vivo en Gran Bretaña, no suelo preocuparme por las quemaduras de sol. Después de todo, una espesa nube lo bloquea con frecuencia. Sin embargo, hace poco, pasé unos días en España y, rápidamente, me di cuenta de que, con mi piel blanca, solo podía estar al sol unos diez minutos, tras lo cual necesitaba volver a refugiarme debajo de la sombrilla.

¿Quién les dirá?

L a Segunda Guerra Mundial había terminado; se había declarado la paz. Sin embargo, el joven teniente Hiroo Onoda, del Ejército Imperial Japonés, posicionado en Filipinas, no se había enterado. Como la última orden que había recibido en 1945 era que se mantuviera firme y resistiera, consideró que los avisos y los panfletos que dejaron caer donde él estaba ubicado eran un engaño del enemigo. Onoda no se rindió hasta marzo de 1974, casi 30 años después, cuando su comandante viajó desde Japón a Filipinas, revocó su orden inicial y lo liberó oficialmente de su deber. Finalmente, Onoda creyó que la guerra había terminado.

Porque lo amo

El día antes de que mi esposo regresara de un viaje de negocios, mi hijo dijo: «¡Mamá, quiero que papá vuelva!». Le pregunté por qué quería que volviera, esperando que mencionara algo sobre los regalos que su padre solía traerle o que echara de menos jugar a la pelota con él. Sin embargo, respondió muy serio: «¡Quiero que vuelva porque lo amo!».