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Los ritmos de la gracia

Un amigo mío y su esposa, con poco más de 90 años de edad y 60 de casados, escribieron su historia familiar para dejar como legado. El último capítulo contiene importantes lecciones de vida. Una de ellas me hizo detenerme y examinarme: «Si descubres que el cristianismo te agota y te quita la energía, estás practicando una religión en lugar de disfrutar de una relación con Jesucristo. Caminar con el Señor no cansa; te vivifica y restaura tus fuerzas» (Mateo 11:28-29).

Considera las nubes

Un día, hace muchos años, mis hijos y yo estábamos acostados en el patio, mirando cómo pasaban las nubes. «Papá —me preguntó uno—, ¿por qué flotan las nubes?». «Bueno, hijo —empecé, con la intención de brindarle mi vasto conocimiento, pero después, me quedé en silencio—. La verdad que no lo sé— admití—, pero lo averiguaré».

Nada es inútil

En mi tercer año de pelear contra el desánimo y la depresión causados por una movilidad limitada y el dolor crónico, le confesé a una amiga: —Mi cuerpo se está cayendo a pedazos. Siento que no tengo nada de valor para ofrecerle a Dios ni a nadie.

Posturas del corazón

Cuando mi esposo toca la armónica en la iglesia, a veces, cierra los ojos. Dice que lo ayuda a concentrarse y aislar las distracciones para alabar a Dios; solo están su armónica, la música y él.

¿Dónde está Wally?

Wally es la estrella de ¿Dónde está Wally?, una conocida serie de libros infantiles. Wally se esconde en escenas abarrotadas, invitando a los niños a que lo encuentren. Padres de todo el mundo disfrutan al ver la alegría de sus hijos cuando encuentran a Wally.

Una razón para cantar

¡Cantar transforma el cerebro! Algunos estudios muestran que, cuando cantamos, nuestro cuerpo libera hormonas que alivian la ansiedad y el estrés. Otro indica que, cuando varias personas cantan juntas, sus latidos cardíacos se sincronizan.

Anillos y gracia

Cuando me miro las manos, recuerdo que perdí mis anillos de compromiso y de boda. Estaba haciendo varias cosas mientras empacaba para un viaje, y todavía no tengo idea de dónde terminaron.

El llamado de Dios

Una mañana, mi hija le dio su teléfono celular un momento a su pequeño de once meses para que se entretuviera. Menos de un minuto después, sonó mi teléfono, y cuando contesté, escuché su vocecita. De alguna manera, había apretado el número de discado rápido para llamarme, y tuvimos una conversación inolvidable. Mi nieto solo dice unas pocas palabras, pero conoce mi voz y responde. Así que hablé con él y le dije cuánto lo amaba.

El desafío de los quince minutos

El Dr. Charles W. Eliot creía que las personas que leen con regularidad obras excelentes de literatura, al menos unos minutos al día, obtienen una valiosa educación. En 1910, compiló selecciones de libros de historia, ciencia, filosofía y arte en 50 volúmenes llamados Los Clásicos de Harvard. Cada serie incluye la guía de lectura del Dr. Eliot, titulada: «Quince minutos al día», y contiene selecciones recomendadas de ocho a diez páginas para cada día del año.

¿Qué queremos?

«Vi desde un coche tirado a caballos hasta un hombre que caminaba sobre la luna», le dijo el anciano a su nieta. Pero, luego, reflexionó: «Qué rápido pasa todo…».