Entrenamiento para la vida
Mi entrenamiento para una carrera de fondo no iba bien, y la última práctica había sido particularmente decepcionante. Había caminado la mitad del tiempo e incluso tuve que sentarme en cierto momento. Sentía que había reprobado una miniprueba.
Paz y confianza
Cuando tenía seis años, subí por primera vez a una montaña rusa con mis hermanos mayores. En cuanto llegamos a un giro a gran velocidad, rompí a gritar: «¡Detengan esto ahora mismo! ¡Quiero bajarme!». Por supuesto, la montaña rusa no se detuvo, y tuve que aguantarme hasta que terminó el recorrido.
La confesión del profesor
Horrorizado ante los defectos de redacción de sus alumnos, el escritor y profesor universitario David Foster Wallace pensó en cómo podía ayudarlos. Entonces, se enfrentó a una pregunta alarmante: ¿Por qué un alumno escucharía a alguien «tan presumido, intolerante y altivo» como él?
La esperanza nozomi
En 2011, un terrible terremoto y el sunami resultante destruyeron 230.000 hogares y cerca de 19.000 vidas en una región al noreste de Tokio. Luego del desastre, nació The Nozomi Project [El proyecto nozomi], llamado así por la palabra japonesa para «esperanza», a fin de brindar un ingreso sostenible, y recuperar la comunidad, la dignidad y la esperanza en un Dios que provee.
Un «hombre nuevo»
Mientras un grupo de adolescentes visitaba un hogar de ancianos, una joven observó a un hombre solitario en un rincón. No le quedaba mucho en este mundo más que una cama, de la cual no podía levantarse debido a su incapacidad física.
Todas las generaciones
Mis padres se casaron durante la Gran Depresión en Estados Unidos, en 1933. Mi esposa y yo somos baby boomers, parte del sorprendente aumento en nacimientos después de la Segunda Guerra Mundial. Nuestras cuatro hijas pertenecen a las Generaciones X e Y. Al haber crecido en épocas tan distintas, ¡no es extraño que tengamos tantas diferencias de opinión!
Acceso privilegiado
Aunque era solo una réplica, el tabernáculo en el sur de Israel inspiraba reverencia. Construido de tamaño real y lo más cerca posible de las especificaciones de Éxodo 25–27, se erguía en el desierto del Neguev.
¡Perdonado!
Cuando regresaba a casa del trabajo, a veces, mi amigo Norm gritaba: «¡Están perdonados!». No era que sus familiares le hubieran hecho daño y necesitaran su perdón. Simplemente, les recordaba que, aunque habían pecado durante el día, la gracia de Dios les garantizaba su perdón.
Dulce compañía
La abuela no hablaba con nadie ni pedía nada en la residencia de ancianos. Parecía que apenas si existía, mientras se mecía en su vieja silla chirriante. Como no tenía muchos visitantes, una joven enfermera solía ir hasta su habitación cuando tenía un momento libre. No le hacía preguntas para intentar que hablara; simplemente, acercaba otra silla y se mecía con ella. Después de varios meses, la anciana le dijo: «Gracias por mecerte conmigo». Estaba agradecida por la compañía.
De lo profundo de las aguas
Examiné el agua con atención en busca de señales de alarma. Durante mis turnos como guardavidas, observaba junto a la piscina para garantizar la seguridad de los que nadaban. Abandonar mi puesto o no prestar atención podía tener consecuencias graves para los que estaban en el agua. Si un nadador se encontraba en peligro de ahogarse debido a una herida o impericia, mi responsabilidad era sacarlo del agua y ponerlo a salvo al borde de la piscina.