¿Cómo se llama tu padre?
Cuando compré un teléfono celular en Medio Oriente, me hicieron las preguntas habituales: nombre, nacionalidad, dirección. Pero después, el empleado dijo: «¿Cómo se llama su padre?». Su pregunta me sorprendió, ya que no entendía por qué era importante. En mi cultura, ese dato es irrelevante, pero allí, era necesario para constatar mi identidad. En algunas culturas, la ascendencia es importante.
¡Tenemos un rey!
Después de atacar a mi esposo con palabras hirientes cuando algo no salió como yo quería, desdeñé la autoridad del Espíritu Santo al recordarme versículos bíblicos que revelaban mi actitud pecaminosa. ¿Valía la pena dañar mi matrimonio o desobedecer a Dios con tal de satisfacer mi orgullo testarudo? Para nada. Pero, para cuando pedí perdón al Señor y a mi esposo, ya se había generado una secuela de heridas; el resultado de ignorar consejos sabios y de vivir como se me antojaba.
Quédate un tiempo
Durante un debate sobre la trilogía fílmica El Señor de los anillos, un joven dijo que prefiere las historias en libros más que en películas. Explicó: «Con un libro, puedo quedarme allí todo el tiempo que quiera». Hay una enseñanza respecto al poder de permanencia de un libro —en especial, la Biblia— y «vivir» sus historias.
Dar el primer paso
Tham Dashu sentía que le faltaba algo en la vida. Entonces, empezó a ir a la iglesia; la misma a la que asistía su hija. Pero nunca iban juntos. Tiempo atrás, él la había ofendido, lo cual generó una brecha entre ambos. Por eso, Tham entraba cuando comenzaban los cantos y se iba de inmediato al final de la reunión.
Jesucristo entiende
Un capellán de los departamentos de policía y bomberos de su comunidad asistió a cursos de capacitación en la academia de policía para entender mejor las situaciones que enfrentaban los oficiales al aplicar la ley. El tiempo con los cadetes y el aprendizaje sobre los enormes desafíos de la profesión le generaron un nuevo sentimiento de humildad y empatía. En el futuro, espera aconsejar mejor a aquellos que luchan contra el estrés emocional, la fatiga y las pérdidas.
Escribir cartas
Mi madre y su hermana practican un arte en proceso de extinción: escribir cartas. ¡Se escriben con tanta regularidad que uno de los carteros se preocupa cuando no tiene nada que entregar! Sus cartas están inundadas de temas de la vida, alegrías y tristezas, y cuestiones cotidianas de amigos y parientes.
Ver a Dios
El pastor y escritor Erwin Lutzer relata una historia sobre un conductor de televisión y un muchachito que estaba dibujando un retrato de Dios. Enojado, el conductor dijo: «No puedes hacer eso porque nadie sabe cómo es Dios».
Su mano me llevó
Hace poco, encontré unos diarios de mi juventud, y no pude resistir releerlos. Al hacerlo, me di cuenta de que, en aquel entonces, mi sentir era muy diferente al de ahora. Mis luchas con la soledad y las dudas sobre mi fe me abrumaban, y al mirar atrás, puedo ver claramente cómo me llevó Dios a un estado mejor. Pensar en su cuidado y bondad para ayudarme a atravesar aquellos días me lleva a entender que lo que hoy causa turbación, un día, será parte de una realidad maravillosa de su amor sanador.
El ministerio del duelo
En 2002, pocos meses después de que mi hermana y su esposo murieran en un accidente, un amigo me invitó a un taller en nuestra iglesia sobre «Crecer por el dolor». Aunque reticente, acepté ir a la primera sesión, pero sin intenciones de volver. Quedé sorprendido al descubrir a un grupo que buscaba la ayuda de Dios y de otras personas para tratar de aceptar una pérdida importante. Semana tras semana, allí estuve, buscando paz y aceptación de la realidad al compartir el dolor con otros.
Dáselo a Dios
Cuando enormes desafíos o decisiones importantes me abrumaban en mi adolescencia, mi madre me enseñó los beneficios de poner por escrito las cosas para entenderlas mejor. Al preguntarme qué estudios seguir o qué trabajo procurar, o cómo enfrentar las realidades atemorizantes de volverme adulta, adopté su hábito de escribir qué estaba sucediendo, los posibles cursos de acción y los probables resultados. Después de volcar mi corazón en la hoja, podía analizar el problema y ser más objetiva de lo que me permitían mis emociones.