Con la ayuda de Dios
Con el paso de los años, fui sintiendo más dolor en las articulaciones; en especial, en días fríos. A veces, no me siento una conquistadora, sino alguien conquistada por los desafíos de entrar en la tercera edad.
No soy yo
A Arturo Toscanini, uno de los directores de orquesta más reconocidos del siglo xx, se lo recuerda por su deseo de atribuir el reconocimiento a quien lo merece. En su libro Dictators of the Baton [Los dictadores de la batuta], David Ewen relata cómo los miembros de la Orquesta Filarmónica de Nueva York se pusieron de pie y aplaudieron a Toscanini cuando terminaron de ensayar la Novena Sinfonía de Beethoven. Cuando la ovación aminoró, Arturo, con lágrimas en los ojos, exclamó con voz quebrantada: «No soy yo… ¡es Beethoven! Toscanini no es nada».
La cura para la ansiedad
Estábamos entusiasmados porque, por el trabajo de mi esposo, íbamos a mudarnos, pero me sentía ansiosa ante los desafíos y lo desconocido, la idea de descartar cosas y empacar, encontrar un lugar para vivir, buscar un trabajo para mí, conocer una ciudad nueva y establecerme. Todo era… inquietante. Mientras pensaba en lo que tenía que hacer, las palabras de Pablo resonaban en mi mente: No te preocupes, solo ora (Filipenses 4:6-7).
¡Todo es de regalo!
El Café Rendezvous, en Londres, tiene luces agradables, sillones cómodos y una atmósfera con aroma a café. Lo que no tiene son precios. Empezó como un negocio de una iglesia local, pero, al año, fue transformado. Los encargados sintieron que Dios estaba llamándolos a hacer un cambio radical: todo lo que ofrecían en el menú sería gratis. Hoy puedes pedir café, tortas o sándwiches sin costo. Ni siquiera hay un tarro para donaciones. Todo es de regalo.
Restauración tras el fracaso
Una orquesta que nos visitaba, lideraba el canto en nuestra iglesia, y su pasión por el Señor era conmovedora. Podíamos ver —y sentir— su entusiasmo.
¿De afuera para dentro?
El título era «Cambiar: ¿de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro?», reflejando la idea popular de que los cambios externos —como un maquillaje o una buena postura— pueden ser una manera fácil de modificar cómo nos sentimos y transformar nuestra vida.
Gracia inesperada
Fue un sábado por la mañana temprano, cuando era jovencito. Estaba ansioso por llegar a mi trabajo en un local de juego de bolos. La noche anterior, el encargado de la limpieza había avisado que estaba enfermo; entonces, me quedé a limpiar los pisos. No le dije nada al jefe, ya que quería sorprenderlo. Y pensé: No va a pasar nada.
Primero lo primero
Cuando viajas en avión, antes de despegar, un empleado de la aerolínea da algunas instrucciones sobre seguridad, detallando qué hacer en caso de que se despresurice la cabina. Se les dice a los pasajeros que caerá una máscara del compartimiento superior y que deben colocársela antes de ayudar a los demás. ¿Por qué? Porque, antes de que puedas ayudar a otra persona, tú mismo necesitas estar físicamente preparado.
Confiar en Dios aunque…
Por una lesión que tuve en 1992, sufro dolor crónico en la espalda, los hombros y el cuello. No siempre es fácil confiar en el Señor y alabarlo cuando me siento más dolorida y desanimada. Pero, justamente, en esos momentos insoportables, la presencia constante de Dios me consuela y me fortalece, al asegurarme de su bondad inmutable, su poder ilimitado y su gracia sustentadora. Y, en los momentos de duda, la fe de Sadrac, Mesac y Abed-nego me alientan, ya que ellos adoraron a Dios y confiaron en Él aun cuando su situación parecía sin salida.
Jesús ama a Maysel
Cuando mi hermana Maysel era pequeña, cantaba a su manera una canción conocida: «Cristo ama a Maysel, pues la Biblia dice así». ¡Me irritaba muchísimo escuchar eso! Como una de sus hermanas mayores y «más sabia», sabía que las palabras eran «Cristo me ama, me ama a mí», no «a Maysel». Sin embargo, ella insistía en cantarla a su manera.