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Abrir camino

Los aborígenes de Michigan fueron los primeros ingenieros de las carreteras de ese estado norteamericano. Con pocas excepciones, las autopistas más importantes siguen los senderos que ellos abrieron en el desierto cientos de años antes de que llegara el hombre blanco. Un sendero tenía de 30 a 45 cm de ancho, y, por seguridad, la gente caminaba en fila. Después, pasaron los caballos de carga y ensancharon las sendas. Más tarde, llegaron los carruajes, y esas sendas se convirtieron en caminos de tierra y, después, en carreteras.

Todo el día con Dios

El Hermano Lorenzo (1614-1691) se sentía íntimamente cerca de Dios mientras, con humildad, fregaba utensilios en la cocina del monasterio. Sin duda, tenía horarios específicos para orar, pero descubrió que lo que más cambió su vida era hablar con Dios mientras trabajaba. En su clásico libro devocional titulado La práctica de la presencia de Dios, dice: «Es un gran engaño pensar que nuestros tiempos de oración deben diferenciarse de otros momentos. Estamos estrictamente obligados a ser fieles a Dios en la acción cuando hay que actuar y en la oración cuando hay que orar». En resumen, defendía el concepto de «[orar] sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17).

Un territorio desconocido

Yo estudiaba el mapa mientras viajábamos con mi esposo por la costa este de Virginia, en Estados Unidos. Buscábamos un camino que nos llevara hasta el mar. Finalmente, encontré uno y giramos en dirección al sol.

Consejo sobre inversión

«Quiero ayudarlos a invertir sabiamente en su futuro». Esto fue lo que dijo el consultor financiero cuando empezó a hablar sobre invertir fondos en planes de jubilación privados o estatales. Quería que todos sus oyentes siguieran colocando dinero en el mercado financiero durante los vaivenes de la economía, porque, históricamente, al final daría importantes ganancias.

Un nuevo nombre

En el artículo Leading by Naming [El liderazgo y los nombres], Mark Labberton escribió sobre el poder de un nombre. Dijo: «Todavía puedo sentir el impacto que me produjo un amigo experto en música cuando me llamó “músico”. Nunca nadie me había llamado así. Yo no tocaba ningún instrumento ni tampoco era solista. Sin embargo, […] al instante me sentí conocido y amado […]. Notó, confirmó y apreció algo profundamente cierto acerca de mí».

El amor inalterable de Dios

El libro de Oseas, en el Antiguo Testamento, es la historia del amor fiel de Dios hacia su pueblo infiel. De un modo que nos parece extraño, el Señor le ordenó a Oseas que se casara con una mujer que quebrantaría los votos matrimoniales y lo haría sufrir (Oseas 1:2-3). Después de que ella abandonó al profeta por otro hombre, el Señor le dijo a Oseas que la recibiera de nuevo: un cuadro del «amor del Señor para con los hijos de Israel» (3:1).

Cicatrices hermosas

Hace varios años, estaba haciendo una caminata junto al Río Salmón y me encontré con una arboleda de pinos que tenían el tronco parcialmente descortezado. Un amigo mío, que es guardabosques, me había contado que los aborígenes norteamericanos que cazaban en esta zona mucho tiempo atrás habían quitado la corteza de los troncos y sacado la capa subyacente para hacer goma de mascar. Algunas de las marcas eran horribles, pero otras, llenas de sabia cristalizada y pulidas por el viento y el clima, se habían transformado en figuras de una extraña belleza.

¿De quién es el mérito?

Siempre me llamó la atención una poesía para niños llamada El pequeño Jack Horner: «El pequeño Jack Horner está sentado en el rincón, comiendo un pastel de Navidad. Mete un dedo en el pastel, saca una ciruela y dice: “¡Qué niño bueno que soy!”».

Corazón agradecido

De niño, mi ídolo era el explorador norteamericano Davy Crockett. En el libro Vida y aventuras de David Crockett, este personaje se enfrenta con una vista maravillosa que lo hace estallar en alabanza al Creador. El autor lo describe así: «Justo detrás de la espesura, había otra pradera inmensa y sin árboles, tan verde, tan hermosa, tan radiante de flores, que hasta el Coronel Crockett, totalmente desacostumbrado a todo sentimiento devocional, frenó su caballo y, mirando fascinado el paisaje, exclamó: “¡Oh, Dios, qué mundo tan bello has hecho para el hombre! Y sin embargo, ¡cuán pobremente te recompensa por ello! Ni siquiera te retribuye siendo agradecido”». Crockett reconocía que la obra de las manos del Creador demandaba reaccionar con gratitud; respuesta que suele pasarse por alto o ignorarse.

Detente y mira

Cuando mi oftalmólogo dice: «no se mueva», me quedo quieta. No discuto. No lo desafío. No hago nada mientras mira para otro lado. ¿Por qué? Porque es un renombrado cirujano óptico que está tratando de preservar mi visión y que necesita que yo colabore. Sería insensato ignorar sus instrucciones.