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Apreciar el pasado

Mientras mi esposa y yo recorríamos el Museo Británico, nos impactó la historia y el legado que contenían esas inmensas instalaciones en Londres. Ver artefactos miles de años más antiguos que cualquier cosa que hay en el Nuevo Mundo, me hizo pensar en lo valioso que es apreciar el pasado. La historia nos brinda un registro de perspectivas, contextos y consecuencias que pueden ayudarnos a tomar decisiones sabias cuando aprendemos de las victorias y los fracasos de aquellos que vivieron antes que nosotros.

Fuera de mis planes

No esperaba que mi vida fuera así. Quería casarme a los 19 años, tener media docena de hijos y dedicar la vida a ser esposa y madre. Sin embargo, en lugar de eso, salí a trabajar, me casé con más de 40 años y nunca tuve hijos. Durante muchos años, tenía la esperanza de que el Salmo 37:4 fuera para mí una promesa de Dios garantizada: «… él te concederá las peticiones de tu corazón».

Un lugar para ti

Una pareja que llevó a su tía anciana a vivir con ellos tenía miedo de que ella no se sintiera a gusto. Entonces, transformaron una habitación de su casa en una réplica exacta del cuarto donde vivía anteriormente. Cuando la tía llegó, los muebles, las cortinas y otras cosas que ella apreciaba la hicieron sentir como si le dijeran: «¡bienvenida a casa!».

Conversación valiente

¿Es posible que los avances tecnológicos en las comunicaciones nos hayan incapacitado para confrontar adecuadamente a las personas? Después de todo, los empleadores pueden enviar notificaciones de despido mediante un correo electrónico. Y la gente puede criticar a los demás en Facebook y Twitter en vez de decirlo cara a cara. Quizá sería bueno dejar todo eso de lado e imitar a Pablo cuando se comunicó con Pedro después de haber tenido un desacuerdo.

Ver de cerca y de lejos

Tener dos ojos sanos no es suficiente para ver con claridad. Lo sé por experiencia. Después de una serie de cirugías oculares por un desprendimiento de retina, ambos ojos podían ver bien, pero se negaban a cooperar el uno con el otro. Un ojo veía cosas que estaban lejos, y el otro, las que estaban cerca. Pero en vez de trabajar juntos, luchaban para lograr la primacía. Hasta que me prescribieron gafas nuevas tres meses más tarde, mi vista siguió fuera de foco.

El viejo molino

Un hombre que creció en una hacienda en Texas cuenta de un viejo y destartalado molino que estaba junto al granero y que bombeaba agua para abastecer el lugar. Era la única fuente de agua en varios kilómetros a la redonda.

Una mujer influyente

Durante los primeros años de la Reforma Protestante en Europa, Catalina Von Bora, ex monja, se casó con Martín Lutero (1525). Al decir de todos, ambos tuvieron una feliz vida matrimonial. Lutero declaró: «No hay vínculo terrenal tan dulce ni separación tan amarga como los que se producen en un buen matrimonio».

Fuera del bote

Katsushika Hokusai fue uno de los artistas más prolíficos y destacados de la historia japonesa. Entre 1826 y 1833, cuando tenía entre 65 y 72 años, creó su obra más grandiosa: una serie de grabados en madera titulada Treinta y seis vistas del Mte. Fuji. Entre esas pinturas había una obra maestra: La gran ola de Kanawaga. La hizo durante un período de luchas económicas y emocionales en su vida, y muestra una ola gigante bordeada de espuma con forma de garra, a punto de caer estrepitosamente sobre tres botes pequeños llenos de remeros.

Sentimiento solidario

Las estadísticas son engañosas. Si bien los números nos brindan información, a veces pueden insensibilizarnos en cuanto a que esos datos representan personas. Hace poco, esto me hizo reaccionar al leer una que decía: «Quince millones de personas mueren de hambre por año». Es escalofriante. Y para los que vivimos en culturas de abundancia, es difícil de imaginar. En el 2008, casi nueve millones de niños murieron antes de cumplir cinco años, y una tercera parte de ellos por problemas relacionados con la inanición. Son cantidades espantosas, pero son mucho más que números; son personas a quienes Dios ama.

Disculparse

Marcos cometió un error. Llegó una hora tarde a un restaurante donde tenía que encontrarse con un amigo de la iglesia. El amigo ya se había ido. Como se sentía mal por el error, compró un cupón de regalo para comer en ese lugar y se detuvo en una librería para buscar una tarjeta que dijera que lamentaba lo sucedido. Entre cientos de tarjetas, se sorprendió al encontrar en un recóndito rincón de la tienda solo unas pocas que decían: «Lamento lo que hice». Compró una y se la dio a su amigo, el cual aceptó la disculpa.