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Por amor

El año pasado, recibí hermosos regalos de Navidad: pantalones para esquiar, una pulsera y un dispositivo electrónico de lectura. Pero lo que más disfruté fue el tiempo que compartí con otros… jugar con nueve sobrinos nietos que estaban de visita; asistir a la reunión de Nochebuena en la iglesia con mi sobrina, su esposo y su hijita de 18 meses; visitar a un compañero de trabajo jubilado y a su esposa que tienen algunos problemas de salud; celebrar la fiesta con viejos amigos; leer la historia de Navidad con mis seres amados. Todos estos fueron regalos especiales por el amor que compartimos.

¡Avanza! ¡Avanza!

Del otro lado de la calle, vi que un automóvil vacilaba cuando el semáforo se puso en verde. Entonces, de repente, una voz empezó a gritar: «¡Avanza! ¡Avanza! ¡Vamos, avanza!». El conductor pareció asustarse con los gritos, sin saber bien de dónde provenían. Entonces, lo vi… ¡el coche que estaba atrás tenía un altavoz que le permitía al chofer gritarles a los demás! Finalmente, el otro conductor recobró la calma y avanzó. Quedé pasmado ante la rudeza y la impaciencia de aquel hombre airado.

Simplemente niños

Cuando Darrel Blizzard terminó la escuela secundaria, dejó el orfanato donde creció e ingresó en el ejército norteamericano. La Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo, así que, pronto enfrentó responsabilidades que suelen darse a hombres mayores y más experimentados. Años después, le contó a un periodista que lo más grande que había conducido antes de convertirse en piloto de un B-17 de cuatro motores había sido un arado tirado por cuatro mulas. Ahora, con casi 90 años, afirmó: «Éramos simplemente unos niños volando esas cosas».

Estímulo insólito

¿Estás buscando ánimo? ¿Necesitas un pequeño estímulo en medio de todas las malas noticias que se te cruzan? El salmista David puede elevar tu espíritu de una manera inesperada mediante algunas palabras que solemos considerar negativas.

Barreras y bendiciones

¿Qué vio Jesús cuando miró a la mujer junto al pozo en Juan 4? Alguien que necesitaba desesperadamente que la aceptaran y le demostraran amor. Pero por encima de todo, vio a una persona que precisaba lo que solamente Él podía dar: un corazón nuevo.

Ayuda generosa

Un hombre que no tiene dónde vivir pasa tiempo en nuestra biblioteca local. Una tarde, mientras yo estaba escribiendo allí, me tomé un receso para almorzar. Después de terminar la primera mitad de un emparedado de pavo y queso suizo, me vino a la mente la cara de este hombre. Minutos después, le ofrecí la mitad de mi almuerzo, que no había tocado, y la aceptó.

El espíritu de la época

Cada época tiene sus pensamientos, ideas y valores que influyen en la cultura, el «espíritu de la época». Es esa especie de consenso progresivo que nos aletarga moralmente hasta hacernos dormir y nos lleva a aceptar los valores más modernos de la sociedad.

Necesitamos esperanza

Adán y Eva no necesitaban esperanza porque tenían todo. Además, no había por qué dudar de que la vida siguiera siendo tan agradable como desde el principio, con tantas cosas buenas que Dios les había dado para disfrutar. Sin embargo, arriesgaron todo por lo único que la serpiente dijo que el Señor no les había dado: el conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:17; 3:5). Por eso, cuando Satanás hizo su ofrecimiento, Eva cedió de inmediato y Adán la siguió sin vacilar (3:6). Consiguieron lo que querían: conocimiento. Pero perdieron lo que tenían: inocencia. Y con esta pérdida nació la necesidad de esperanza… esperanza de que se les quitara la culpa y la vergüenza, y de que el bien fuera restaurado.

¿Le importamos a Dios?

«Cuando veo tus cielos», escribió el salmista, «digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?» (Salmo 8:3-4). El Antiguo Testamento gira alrededor de esta pregunta. Mientras trabajaban arduamente en Egipto, a los esclavos hebreos les resultaba difícil creer que Dios se ocuparía de ellos, como afirmaba Moisés. El escritor de Eclesiastés formuló la pregunta de un modo más cínico: ¿Hay algo que realmente importe?

¿La voluntad de Dios?

El pedido de oración escrito de puño y letra era desgarrador porque parecía algo imposible: «Por favor, oren. Tengo esclerosis múltiple, debilidad muscular, problemas para tragar, dolores crecientes y pérdida de visión». El cuerpo de la mujer estaba derrumbándose, y pude percibir su desesperación en aquel ruego por intercesión.