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Listo para el cielo

El 1 de marzo de 1981, el predicador y comentarista bíblico D. Martyn Lloyd-Jones yacía en su lecho de muerte. Desde 1939 hasta 1968, había sido pastor de la iglesia Westminster Chapel, en Londres. En sus últimos días de vida, había perdido la capacidad de hablar. Para indicar que no quería que oraran más por su recuperación, escribió: «No atrasen mi llegada al cielo».

Eres necesario

Se cuenta la historia de un director de orquesta que estaba ensayando con sus músicos. El órgano desplegaba una melodía hermosa, los tambores tronaban, las trompetas resonaban y los violines vibraban maravillosamente. Pero él notó que faltaba algo: el flautín. El músico se había distraído y esperaba que no se hubiera notado la ausencia de su instrumento. Entonces, el director le recordó: «Todos somos necesarios».

Problemas

Me alegró ver que los últimos días del año se acercaban. Habían estado tan llenos de angustia, enfermedad y tristeza. ¡Estaba preparada para recibir enero con toda su algarabía!

Al revés

Hay varias cosas que me intrigan sobre Jesús. Uno de los aspectos de su ministerio que siempre me sorprende y desconcierta es su enseñanza contrapuesta sobre la vida.

Hay poder

Cuando mi hermana se enteró de que tenía cáncer, les pedí a mis amigos que oraran. Cuando la operaron, oramos para que el cirujano pudiera extirpar todo el tumor y que ella no tuviera que recibir quimioterapia ni rayos. ¡Y Dios dijo que sí! Cuando compartí la noticia, un amigo señaló: «Qué alegría que la oración tenga poder». Yo respondí: «Qué agradecida estoy de que esta vez Dios respondió que sí».

¿Me amará más?

Durante una recesión difícil, organicé un grupo para ayudar a otros creyentes que se habían quedado sin trabajo. Les proporcionábamos reseñas de currículos, redes de contactos y respaldo en oración. Pero surgió un problema: cuando alguien conseguía trabajo, casi nunca volvía al grupo para brindar estímulo. Eso aumentaba el sentimiento de soledad y aislamiento del resto.

Ya establecido

Me encanta ver fútbol, y soy aficionado del Liverpool Football Club, de la liga inglesa. Cuando juegan los Reds, experimento una ansiedad tremenda. Como un gol o una mala jugada pueden cambiar el resultado del encuentro, estoy en tensión constante mientras miro. Esto forma parte del entorno que lleva a disfrutar de los juegos. No obstante, hace poco, vi la repetición de uno de los partidos del Liverpool y me sorprendí de cuánto más tranquilo estaba al mirarlo. ¿Por qué? Porque ya sabía el resultado y podía relajarme y disfrutar.

El don del sueño

Dormir es esencial para la buena salud. Los científicos no saben con exactitud por qué es necesario, pero sí conocen qué sucede si no dormimos lo suficiente. Hay riesgo de envejecer prematuramente, de aumentar de peso o de padecer enfermedades que van desde los resfríos y la gripe hasta el cáncer. Lo que Dios hace en nuestro cuerpo mientras nos sumergimos en la tierra de los sueños no deja de ser un milagro. Mientras no hacemos nada, Dios renueva nuestra energía, recompone y restaura nuestras células, y reorganiza la información en nuestro cerebro.

Testigo ocular

Cuando el equipo del programa televisivo Day of Discovery [Día de búsqueda] entrevista personas para una biografía, lo que más nos gusta es hablar con quienes han conocido al protagonista de la historia. Con los años, hemos hablado con un hombre que compartió la habitación con Eric Liddell en un campo de concentración en China; con una mujer que, en su juventud, vivió en la casa de C. S. Lewis durante la Segunda Guerra Mundial; y con otro hombre que fue chofer del Dr. George Washington Carver durante unas conferencias en el sur de los Estados Unidos. Todos hablaban abiertamente de la persona especial a quien habían conocido.

Visión espiritual

Un prisionero que sobrevivió catorce años en una cárcel cubana narró cómo mantuvo elevado el ánimo y viva la esperanza: «Como mi celda no tenía ventana, construí una imaginaria sobre la puerta. En mi mente, “veía” un hermoso panorama de montañas, con agua que caía dando volteretas por una cañada entre las rocas. Se volvió tan real que podía visualizarlo fácilmente cada vez que miraba la entrada del calabozo».