Las movidas de Dios
Me encanta jugar Scrabble. Una vez, mis amigos le pusieron mi nombre a una jugada: «Katara». Iba perdiendo todo el tiempo, pero al final —sin más fichas para tomar— puse una palabra de siete letras. Eso significó que la partida había terminado: recibí un bono de 50 puntos más la suma de las fichas que les quedaban a todos mis adversarios, y pasé del último lugar al primero. Ahora, cada vez que jugamos y alguien va último, se acuerdan y mantienen la esperanza de hacer una «Katara».
Charlas de fe en casa
«No hay mejor lugar que en casa». Esta frase inolvidable dicha por Dorothy en El mago de Oz revela un recurso narrativo que se encuentra en un número asombroso de recordadas historias, desde La guerra de las galaxias hasta El rey león. Se lo conoce como «monomito»: una persona común que vive una vida común, cuando se presenta una aventura extraordinaria. El personaje deja su casa y viaja a un mundo distinto donde le aguardan pruebas y dificultades, así como mentores y villanos. Si supera las pruebas y demuestra heroísmo, la etapa final es regresar a casa con historias para contar y más sabiduría. El último acto es crucial.
Suficiente tiempo
Cuando vi el enorme ejemplar de Guerra y paz, de León Tolstói, en el estante de una amiga, confesé: «Nunca pude leerlo completo». «Bueno —sonrió Marty—; cuando me jubilé, me lo regaló una amiga que me dijo: “Ahora vas a tener tiempo de leerlo finalmente”».
Rechazar las justificaciones
Un policía le preguntó a una conductora si sabía por qué la había detenido. «¡Ni idea!», dijo ella desconcertada. «Señora, estaba enviando un mensaje de texto mientras conducía», dijo amablemente el oficial. «¡No, no!» —protestó ella, mostrándole el celular como prueba—. Es un email».
Generosidad y gozo
Los investigadores nos dicen que existe un vínculo entre la generosidad y la alegría: los que dan su dinero y tiempo a otros son más felices. Un psicólogo concluyó: «Dejemos de pensar en dar como una obligación moral y empecemos a considerarlo una fuente de placer».
Jesús está aquí
Mi anciana tía abuela yacía enferma en su cama. Tenía una sonrisa en el rostro; su cabello canoso rodeaba su cabeza y las arrugas cubrían sus mejillas. No hablaba mucho, pero todavía recuerdo las pocas palabras que dijo cuando mis padres la visitaron. Susurró: «No me siento sola. Jesús está aquí conmigo».
La dulzura de la sinceridad
«Amigo querido, a veces suenas más santo de lo que eres realmente».
Confiado en Dios
Un estudio en el Reino Unido en 2018 descubrió que, en promedio, los adultos «revisan sus teléfonos celulares cada doce minutos durante el día». Pero seamos sinceros: esta estadística parece extremadamente conservadora cuando considero la frecuencia con que busco en Google una respuesta a una pregunta, o contesto un mensaje, una llamada o un email. Muchos miramos constantemente nuestros dispositivos, confiando en que nos brindarán lo necesario para mantenernos organizados, informados y conectados.
Enfocarse en Dios
Según el psicólogo economista Barry Schwartz, mi indecisión crónica indica que soy lo que él llama un «maximizador» —en oposición a un «satisfacedor»—, con la necesidad constante de tomar la mejor decisión (¡culpable!). ¿Cuál es el potencial resultado de tal indecisión frente a numerosas decisiones? Ansiedad, depresión e insatisfacción. En realidad, los sociólogos han acuñado una frase para este fenómeno: miedo a equivocarse.
Arcoíris de esperanza
Durante unas vacaciones, otra batalla contra el dolor crónico me forzó a pasar los primeros días recuperándome en una habitación. Mi humor se volvió tan oscuro como el cielo. Cuando por fin me aventuré a salir para disfrutar de un paseo con mi esposo, las nubes grises bloqueaban bastante el paisaje, pero aun así, tomamos fotos de las ensombrecidas montañas y el borroso horizonte.