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Vidas fragmentadas

De vez en cuando, mi computador funciona más lento. El uso frecuente de ciertos programas y documentos hace que segmentos de información se dispersen, lo que requiere que la máquina deba buscar dichas piezas antes de poder usarlas. Para arreglar el problema, tengo que usar un programa que recupera esos segmentos y los agrupa en un sitio donde puede accederse a ellos con facilidad. Este proceso se llama «desfragmentación».

Corazones falsos

Algunas historias verídicas sobre engaño y falsedad pueden sonar más extrañas que la ficción. Según una noticia de Associated Press, una mujer en Georgia fue arrestada después de tratar de pagar una compra de más de 1.500 dólares con un billete falso de un millón. Cuando la indagaron, la clienta, avergonzada, declaró que su ex esposo, un coleccionista de monedas, la había engañado dándole el dinero falso.

Ignorar la gracia

En el agitado centro de una de las grandes ciudades de Asia, quedé maravillado ante las intensamente concurridas aceras. Parecía que no quedaba lugar para moverse en medio de la aglomeración humana. Sin embargo, también daba la impresión de que todos iban a la máxima velocidad.

Mirar y aprender

Mientras un árbitro estaba parado detrás de la base durante un partido de softbol femenino, oyó que la madre de una jugadora empezó a cantar: «¡Queremos un nuevo árbitro! ¡Queremos un nuevo árbitro!». Al momento, otros padres se unieron al coro. El árbitro sonrió, se dio vuelta hacia la multitud y gritó: «¡Quiero nuevos padres! ¡Quiero nuevos padres!». La interrupción se terminó.

Seis palabras

El sitio de Internet Smith, una comunidad virtual que «disfruta del gozo de contar historias», invitaba a sus lectores a enviar frases de seis palabras que describieran sus vidas. Miles respondieron con breves biografías que iban desde un simple «Esposa dulce, hijos buenos: soy rico» hasta un angustioso: «Sesenta. Sin perdonar a mis padres».

Ciudad terremoto

En su libro Una grieta en el borde del mundo, Simon Winchester escribe sobre Parkfield, California, un pequeño pueblo con tendencia a los terremotos. Para atraer turistas, el cartel de un hotel dice: «Duerma aquí cuando ocurra». El menú de un restaurante ofrece un bistec de gran tamaño llamado «El grande» y un postre denominado «Réplicas». Pero dejando las bromas de lado, un terremoto de verdad puede ser una experiencia aterradora. Yo lo sé porque estuve en California durante algunos temblores.

Al revés

Si me preguntaras quién soy, te diría que soy seguidor de Cristo. Sin embargo, debo admitir que, a veces, seguirlo es un verdadero desafío. Él me dice que haga cosas como regocijarme cuando me persiguen (Mateo 5:11-12), poner la otra mejilla (vv. 38-39), dar a la persona que quiere quitarme algo (vv. 40-42), amar a mis enemigos, bendecir a quienes me maldicen y hacer bien a los que me odian (vv. 43-44). Esta clase de vida me parece totalmente al revés.

Como un hipócrita

Ray Stedman contó sobre un joven que dejó de asistir a la iglesia donde él era pastor. El muchacho dijo que cuando estaba en el trabajo, a veces se descontrolaba y trataba mal a sus compañeros. Entonces, cuando llegaba el domingo, no quería ir a la iglesia porque se sentía hipócrita.

Basta de luchas

En 2006, Fay Weldon atravesó lo que ella creyó ser una experiencia cercana a la muerte, cuando una reacción alérgica hizo que su corazón se detuviera. Le volvió a contar el episodio a Elizabeth Grice, del Daily Telegraph de Londres. Dijo que una «criatura terrible» trataba de arrastrarla por unas puertas de perlas, mientras los médicos intentaban hacerla volver. Más tarde, agregó: «Si eso era morir, no quiero volver a hacerlo. Es más de lo mismo. Seguir luchando».

Sigue siendo cierto

La Biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, tiene una amplia colección de fragmentos antiguos de la Biblia, que datan del siglo ii. Una de las muestras es una porción de Hechos 17:16.