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Honrar con honra

Siempre me ha impresionado la solemne y magnífica simplicidad del cambio de guardia en la tumba del soldado desconocido en el Cementerio de Arlington, en Estados Unidos. Este evento minuciosamente coreografiado es un conmovedor tributo a los soldados cuyos nombres —y sacrificio— «solo Dios los conoce». La misma emoción provocan los momentos sin público cuando, con paso firme, vienen y van, hora tras hora, día tras día, incluso durante el peor de los climas.

Seguir maravillado

Hace poco, durante un viaje, mi esposa se sentó cerca de una madre cuyo hijo volaba por primera vez en avión. Cuando la nave despegó, él dijo: «¡Mamá, mira qué alto que estamos! ¡Y todo se achica cada vez más!». Unos minutos después, exclamó: «¿Eso que está ahí son nubes? ¿Qué hacen debajo de nosotros?». A medida que pasaba el tiempo, otros pasajeros leían, dormitaban y bajaban las persianas para ver la película que se proyectaba a bordo. Sin embargo, este muchachito seguía pegado a la ventanilla, absorto ante la maravilla de todo lo que veía.

¿Estás escuchando?

Se sentía frustrado, enojado. Cansado de que lo culparan de todo lo que andaba mal. Año tras año, los había ayudado a superar un desastre tras otro. Estaba continuamente intercediendo por ellos para sacarlos de problemas. Pero lo único que recibía a cambio de sus esfuerzos era más angustia. Al final, exasperado, dijo: «¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?» (Números 20:10).

El «rutero» del piloto

En los siglos xv y xvi, durante la era de la gran exploración marítima, los veleros atravesaban océanos inmensos y peligrosos y navegaban frente a costas amenazadoras. Los pilotos usaban diversas técnicas de navegación; entre ellas, un libro llamado «rutero» (una especie de bitácora), un diario de sucesos registrados por un viajero anterior, donde relataba los problemas en aguas previamente desconocidas y difíciles. Leyendo los detalles en un rutero, los capitanes podían evitar peligros y atravesar corrientes complicadas.

Confianza y tristeza

A principios de 1994, cuando con nuestra familia nos enteramos de que el equipo de fútbol de Estados Unidos jugaría la Copa del Mundo en Michigan, el estado donde nací, supimos que teníamos que estar allí.

Verdadero premio

Estoy asombrado por el impacto que mi esposa Martie ha tenido en la vida de nuestros hijos. Muy pocas funciones exigen la clase de perseverancia y de entrega sacrificada e incondicional que tiene la maternidad. Sin duda, mi carácter y mi fe han sido moldeados por mi madre, Corabelle. Seamos realistas, ¿dónde estaríamos sin nuestras esposas y nuestras madres?

Simplificar

En una entrevista en la radio, a una superestrella del básquet le preguntaron sobre su habilidad especial para marcar en circunstancias cruciales el tanto ganador de un partido. El periodista quería saber cómo podía tener tanta calma en momentos de semejante presión. Él respondió que trataba de simplificar la situación. «Sólo hay que hacer un lanzamiento», dijo el jugador. Un lanzamiento… esta es la esencia de simplificar una circunstancia difícil. Concentrarse únicamente en lo que está delante de uno en ese momento. No preocuparse por las expectativas del entrenador ni de los compañeros de equipo. Simplificar.

Nuestra dependencia

Mientras disfrutaba de la llegada de una nueva sobrina nieta, recordé cuánto trabajo requiere cuidar a un bebé recién nacido. Son criaturas pequeñas y con necesidad de ser alimentadas, cambiadas, tenidas en brazos, alimentadas, cambiadas, tenidas en brazos, alimentadas, cambiadas, tenidas en brazos… Totalmente incapaces de cuidarse, dependen de las personas mayores y más sabias que tienen a su alrededor.

Lenguaje de señas

Un amigo mío es pastor de una congregación en un pequeño pueblo de montaña cerca de Boise, Idaho. La comunidad está enclavada en un valle boscoso por donde pasa un arroyo pequeño y agradable. Detrás de la iglesia y a lo largo de la corriente de agua, hay un bosquecillo de sauces, un espacio con césped y una playa con arena. Es un lugar idílico que, por mucho tiempo, ha sido el sitio de reunión de los miembros de la iglesia para esparcimiento al aire libre.

Fruta fresca

Me encantan las fotos antiguas que suelen imprimirse en la página de obituarios de nuestro periódico local. Un joven sonriente con uniforme militar y palabras tales como: 92 años, peleó por su país en la Segunda Guerra Mundial. O la joven con ojos brillantes: 89 jóvenes años, creció en una granja de Kansas durante la Depresión. El mensaje encubierto es: «¿Saben? No siempre fui viejo».